‘Parásitos’: Un filme universal
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‘Parásitos’: Un filme universal

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La cinta ha resonado desde Corea del Sur, una sociedad que lidia con el desempleo que se ha acrecentado

Mauricio del Ángel

(Es) una comedia sin payasos… Una tragedia sin villanos”. Con esta frase, el director surcoreano Bong Joon-ho define su producción más reciente, ‘Parásitos’, un relato sobre la lucha de clases y la desigualdad económico y social.

Una familia de clase baja halla la oportunidad de trabajar, con engaños, para una familia de clase alta, sin saber los secretos de lo que ha albergado la casa lujosa donde se ganan la vida.

Con 99 por ciento de aprobación en el sitio de críticas de cine Rotten Tomatoes, el filme hizo historia en la última ceremonia de los Premios de la Academia de este año. No solo consiguió el galardón de Mejor Película Internacional, sino también el principal de Mejor Película (en general), primera vez que esto ocurre con una cinta de no habla inglesa.

La cinta ha resonado por todo el mundo desde Corea del Sur, una sociedad que adopta aspectos de la cultura occidental, pero lidia con el desempleo que se ha acrecentado en los últimos años.

La obra de Bong –quien ha dirigido ‘Memorias de un asesinato’ (2003), ‘El huésped’ (2006), ‘Madre’ (2009), ‘El expreso del miedo’ (2013), basada en la novela gráfica francesa ‘Le Transperceneige’ y con Chris Evans como protagonista, y ‘Okja’ (2017)– se caracteriza por agregar humor negro a temas fuertes y serios de nivel social y político. Esto no es distinto en ‘Parásitos’, cuyo humor es equiparable al de los hermanos Coen o Quentin Tarantino, ya sea por el diálogo estrafalario o la inserción de personajes atípicos en situaciones poco convencionales, pero con un aire picaresco literario (presente por un lenguaje audiovisual y no por un discurso satírico o crítico con palabras).

Parásitos’ desmonta estereotipos e invita a ver más allá de la impresión física y la apariencia de la gente. Entre una familia de escasos recursos que busca una mejor vida engañando al sistema económico y otra familia con más riqueza material que cobija la globalización y la iconografía occidental (sobre todo la cultura nativa india de Estados Unidos), ¿quién es el verdadero parásito de la sociedad surcoreana? ¿Qué es peor: la apropiación cultural desmedida de otro países o recibir un pago con base en mentiras?

Estas motivaciones empáticas y ordinarias junto con su desenvolvimiento en escenarios adaptables en cualquier parte del mundo pueden hallarse en la obra de William Shakespeare, quien para el escritor argentino Jorge Luis Borges fue “el menos inglés de los poetas de Inglaterra”.

Esta universalidad narrativa coloca a Borg en el nivel del cineasta japonés Akira Kurosawa, quien, pese a ilustrar varias historias en el Japón feudal, sus personajes y conflictos pueden replicarse en cualquier cultura.

La locación de este relato, la casa lujosa de la familia Park, hace que la narración adquiera tintes teatrales, de una pieza tragicómica, en la que las acciones o diálogos en espacios chicos dan más fuerza al conflicto y crean interés al público, sin importar su clase social ni estado financiero.

Este detalle escenográfico crea paralelismos con ‘El resplandor’ y ‘Milagros inesperados’, largometrajes en que la locación parece un personaje más, un ser consciente de los secretos de los personajes y sus conflictos, pero no deja que nadie fuera de sus fronteras físicas los conozca.

La casa en ‘Parásitos’ adelanta que, dentro de sus cuatro paredes, la motivación del personaje más hábil, más inteligente y más compasivo trascenderá para el exterior y para el futuro, mientras que los demás y sus conflictos solamente serán fantasmas o huellas que cuentan una anécdota incompleta.

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