Anticuarios, los guardianes del pasado
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Anticuarios, los guardianes del pasado

Juguetes de otras épocas son una muestra de cómo se divertían los niños y también reflejan tendencias estéticas que son apreciadas por los nostálgicos / Isaac Muñoz

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Estos lugares son un sitio idóneo para cuestionarse sobre el estilo de vida de nuestros antepasados y para valorar los objetos que nos siguen fascinando

Texto: Giovanna Cancino

Fotos: Isaac Muñoz 

Hay lugares con mucha historia, arte y magia a los cuales ir y conocer sin la necesidad de viajar por horas, sino simplemente dejarse llevar con un equipaje de preguntas, curiosidad y, en este caso, algunos pesos en la bolsa; porque las cosas que se pueden adquirir en ellos tienen un costo y garantía en memorias invaluables.

Se trata de las tiendas o puestos de antigüedades que, para quienes sean amantes de las ‘cosas del pasado’ terminan sorprendidos por todo lo que pueden experimentar a través de los sentidos del tacto, vista y oído, porque no solo pueden mirar artículos sino también pueden tocarlos (algunos aún son funcionales) y escuchar de voz de los dueños o encargados de estos establecimientos, las decenas de historias del objeto y de cómo llegaron a sus manos.

El Sitio de Querétaro Antigüedades, ubicado en la calle Venustiano Carranza 25 en la colonia Centro, tiene más de 20 años comprando, coleccionando y vendiendo estos artículos que, aunque sea difícil de creer, aún pueden ser útiles y, sobre todo, hay quienes pagan grandes cantidades para poseerlas.

“Cuando conocí a mi esposo se me hacían cosas feas, pero poco a poco me relacioné con ellas, fui viendo de qué estaban hechas y de qué forma. Por ejemplo, cómo funcionaban otras sin luz eléctrica. Me fui interesando y nos hicimos cada vez de más cosas”, compartió Mónica Alcántar, que tiene su local en esta casona.

Sus suegros son apasionados de las antigüedades, afición que fue inculcada a su esposo y ahora se ha convertido en una tradición familiar, pues sus hijos también trabajan con ellos. El interés por las antigüedades crecía cada vez que atestiguaba cómo la gente era capaz de pagar grandes cantidades por algo ‘viejo’ o ‘pasado de moda’.

“Me sorprendía, porque eran cosas que yo no compraría o tendría en mi casa y cuando comencé a observar los materiales de que estaban hechos, sus diseños, comprendí su valor”, dijo. Los artículos, platicó Mónica, las consiguen en viajes por el extranjero y muchas otras cuando acuden a domicilios en las que, por la muerte de alguna persona, sus familiares al no conectar con estas o hallarles algún valor más que monetario deciden venderlas.

Foto: Isaac Muñoz

Cada pieza siempre tiene una historia

“Fuimos a casa de una señora de unos 80 años. Cuando estábamos sacando unas vitrinas, ella no dejaba de llorar, yo pensé que necesitaba el dinero y cuando le pregunté, me dijo que se estaba deshaciendo de sus cosas porque se iba a vivir con su hija y a esta no le gustaban las antigüedades. Lamentablemente tuvo que dejar su casa, porque con quien vivía la golpeaba. Me dejó marcada, porque cada vez que veía las vitrinas, me acordaba de la señora e incluso varios clientes me decían que en donde estaban esas vitrinas se sentía una vibra extraña”, recordó Mónica.

Aunque haya piezas que no se deterioran con el tiempo e incluso puede aumentar su valía, la forma de comprar estos ‘tesoros’ ha cambiado desde hace al menos cinco años. “Cada vez es más difícil encontrar antigüedades a buen precio. Ahora la gente que te vende estos artículos, hasta las personas más grandes, te dicen que ya consultaron en páginas de internet y ya no las conseguimos tan baratas como antes”, reveló la anticuaria.

Sobre qué tan redituable es la venta de estos objetos, Mónica admite que estas han disminuido; sin embargo, las ganancias sí son buenas, ya que cuenta con clientes frecuentes, en su mayoría coleccionistas, historiadores y cineastas que han filmado en el estado o en el país. “Compré un comedor, me salió muy caro, pero se vendió bien. Por ejemplo, digamos que lo compré en 80 mil pesos y lo vendí en 130 mil. Ese comedor lo tienen en un restaurante como exhibición. También, hace un año, rentamos a una producción que estaba trabajando en una historia sobre Pedro Infante”, compartió Mónica.

Hay piezas que le traen recuerdos, otras que invitan a la imaginación y también las que le causan sentimientos de nostalgia y tristeza como el tener máscara de gas que se utilizaron en los años 40 en Europa por la Segunda Guerra Mundial. Estas fueron repartidas tanto al Ejército como a civiles, para protegerse de las sustancias químicas, mientras que en la Primera Guerra Mundial las usaron médicos para no contagiarse de la peste negra.

Para enero, varios anticuarios de Querétaro se instalarán en el río sobre la avenida Universidad para ofrecer estas ‘maravillas’ que continúan existiendo. Gracias a ellos, se puede conocer el impacto y el valor histórico de los objetos.

LRR


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