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Foto: Yarhim Jiménez

El perdón y educación, la vía para lograr y promover la paz


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Juan Pablo Escobar y Miguel Andrés Rodríguez charlan con universitarios en el marco del Día Mundial de la Paz

Giovanna Cancino

En el marco de las celebraciones del Día Mundial de la Paz, ayer la Universidad del Valle de México campus Querétaro abrió sus puertas a dos personajes cuyas vidas fueron marcadas por la violencia, así como por sus apellidos y ser parte de familias pertenecientes a los cárteles más grandes y peligrosos de Colombia. Se trata de Juan Pablo Escobar y Miguel Andrés Rodríguez.

No somos nuestros nombres ni nuestros apellidos, somos nuestros actos y lo que decimos”, recalcó el primogénito de Pablo Escobar Gaviria, uno de los narcotraficantes más sanguinarios colombianos en la década de los 80’s y que fue capturado y asesinado en 1993, en manos de un bloque de búsqueda, que hizo más de cien mil allanamientos para dar con su ubicación.

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Juan Pablo compartió con cientos de estudiantes universitarios lo difícil que ha sido cargar con el peso no sólo de su apellido sino con el hecho de ser el primogénito de un ‘bandido’, adjetivo que el ahora escritor y conferencista dijo que utilizó su padre, para confesarle a qué se dedicaba y la razón por la cual vivían en propiedades de gran magnitud como La Hacienda Nápoles y Edificio Nápoles.

Tenía 7 años cuando mi padre me dijo que él era un bandido y me explicó que hacía y que no, desde muy pequeño supe que mi padre movía cargamentos de droga. Algo que me dijo y nunca se me olvida es el día que puso en una mesa varios tipos de droga y me dijo: hijo, el día que sus amiguitos le ofrezcan de esas y diga que no, le van a decir que es usted un cobarde, pero el verdadero valiente es aquel que no las consume”, compartió Escobar.

Juan Pablo después de vivir en el exilio por muchos años y tener que cambiarse el nombre para tener una vida ‘normal’, ahora es ejemplo de que el mejor camino es el de la paz, ya que está consciente que si seguía el legado de su padre probablemente ya no estuviera con vida. Es por ello que el inicio de este viaje que aún continúa lo inició con una carta de perdón en nombre de su padre hacia los hijos de personajes políticos que Pablo Escobar mandó a matar como Rodrigo Lara Bonilla.

Hoy en día soy amigo de personas que tuvieron una pérdida irreparable a causa de mi padre. Porque yo decidí el camino de la paz y no el de la venganza”, platicó haciendo hincapié de que perdonar es posible y la reconciliación también. Y agregó que siempre ha sido más amigo del diálogo que de los balazos.

  • La paz como una realidad

El siguiente moderador fue Miguel Andrés Rodríguez, quien tuvo una vida casi paralela a la que tuvo Juan Pablo y quienes se dieron un fraternal abrazo como símbolo de paz dejando en el olvido la fuerte rivalidad que tuvieron sus padres al ser líderes de cárteles contrarios.

La paz es una realidad, no una utopía. Nuestros padres jamás se hubieran imaginado este escenario, en sus tiempos se suponía que tendríamos que matarnos”, dijo el hijo del narcotraficante Miguel Rodríguez Orejuela, uno de los fundares del cártel de Cali y quien cumple una condena en los Estados Unidos desde hace 24 años.

Equipando héroes

Ambos concuerdan que a pesar de nacer en cunas dentro del crimen organizado sus padres les inculcaron valores y les dieron una educación que es lo que precisamente les hizo tomar conciencia y no seguir siendo parte de un mundo en el que mientras ‘más rico eres, más pobre te sientes’.

La paz y la libertad no se pueden comprar, nuestros padres tenían millones de dólares por doquier, pero nunca pudieron hacer lo que Pablo y yo hacemos ahora, caminar sin escoltas y en total libertad tanto en las calles de Cali como de Medellín, pisar esos territorios en sus tiempos eran la muerte”, contó Miguel Andrés.

  • Mensaje

Tanto Pablo como Andrés no buscan hacer apología del delito, sino que sean reconocidos como individuos y desde sus trincheras aportar algo a las nuevas generaciones, demostrando que es la educación y el perdón las principales vías para llevar una vida de paz.

AMIP.




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