La atribución de culpas causadas por el coronavirus
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La atribución de culpas causadas por el coronavirus

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El miedo dentro del Gobierno chino fue un factor que jugó un papel clave en la difusión de información sobre el coronavirus

Li Yuan

El alcalde de Wuhan culpó a sus superiores. Un alto funcionario encargado de control sanitario acusó a la burocracia. Un prestigioso experto gubernamental atribuyó la responsabilidad a la sociedad, pues dijo que la gente simplemente no entendió lo que él explicó sobre el coronavirus.

Mientras China lidia con un misterioso brote de coronavirus, que hasta el momento ha cobrado la vida de 490 personas y enfermado a miles, los mil 400 millones de habitantes del país se preguntan cuál fue el error. Por su parte, los altos funcionarios están participando en una dinámica insólitamente franca de atribución de culpas.

Han sido tantos los servidores públicos que han negado su responsabilidad que algunos usuarios de internet han bromeado que sienten que están viendo un juego de la ‘papa caliente’.

Esta ha sido una oportunidad excepcional para que la ciudadanía china observe el funcionamiento del sistema burocrático gigantesco e ininteligible de China o, más bien, cómo no funciona. Demasiados funcionarios se han vuelto sirvientes políticos del Partido Comunista, temerosos de tomar decisiones que puedan enfurecer a sus superiores, así como desapegados y altaneros ante el público como para admitir sus errores y aprender de ellos.

El problema más importante que este virus ha puesto de manifiesto es la inacción y el miedo a actuar por parte del Gobierno local”, declaró Xu Kaizhen, autor de novelas éxitos de ventas que exploran el funcionamiento intrincado de la política burocrática de la nación.

Añadió que “bajo el yugo de la campaña anticorrupción, a la mayoría de la gente, incluidos los altos funcionarios del Gobierno, solo le interesa proteger su propia reputación”.

“Nadie quiere ser el primero en alzar la voz. Esperan a que sus superiores tomen las decisiones y así solo les rinden cuentas a sus superiores y no al pueblo”, dijo Kaizhen.

GOBERNANZA CUESTIONADA

La Federación parece estar al tanto del problema. El 3 de febrero, la alta dirigencia del Partido Comunista reconoció en una reunión que la epidemia era “una prueba importante para el sistema y la capacidad de gobernanza de China”.

Cada vez más personas cuestionan las decisiones de la Administración a medida que China entra a un periodo de bloqueo para todo fin práctico. Mientras el virus se propagaba, los funcionarios de Wuhan y de otras partes del país ocultaron información crucial, le restaron importancia a la amenaza y reprendieron a los médicos que trataron de dar la señal de alarma.

La reconstrucción de la ruta de contagio de la enfermedad que realizó ‘The New York Times’ reveló que, al aplazar las advertencias, el Gobierno chino perdió la ventana de tiempo que habría evitado que la enfermedad se convirtiera en una epidemia.

El brote ha socavado el mito de que las élites políticas chinas se ganan sus nombramientos y ascensos solo con base en el mérito. China ha publicitado este sistema como una innovación única y propia. Los países en desarrollo han enviado a miles de sus funcionarios de Gobierno a China para estudiar su modelo de gobierno, un sistema político que ofrece seguridad y crecimiento a cambio de sumisión ante un poder autoritario.

Ahora la gente en China está cuestionando esa premisa. Está enfocando mucha de su ira en Xi Jinping, el líder supremo de la nación y la persona a quien muchos culpan de crear una cultura de miedo y servilismo dentro del Gobierno.

Pocas personas se atreven a desafiarlo abiertamente, por miedo a provocar a los censores o a la Policía. Sin embargo, a raíz de que Xi ha desaparecido del ojo público a últimas fechas, algunos usuarios de redes sociales han comenzado a preguntar de manera eufemística: “¿Dónde está esa persona?”. También están haciendo publicaciones en línea y compartiendo fotografías de exdirigentes en los sitios de crisis pasadas.

En privado, los detractores dicen que, bajo el mando de Xi, el partido empezó a promover a cuadros políticos leales por encima de los tecnócratas: los expertos y administradores calificados que eran la columna vertebral de la burocracia china en las décadas de 1990 y 2000, que fue el periodo de crecimiento más rápido del país.

Esos funcionarios a menudo eran corruptos, pero incluso los críticos más férreos del partido en ocasiones admitían que sí hacían su trabajo. Liu Zhijun, exministro de Ferrocarriles, está cumpliendo una condena a perpetuidad en prisión por aceptar sobornos y por abuso de poder. También supervisó la creación del sistema ferroviario de alta velocidad de China, el cual mejoró enormemente la vida en el país.

El juego de las culpas en China nace, en parte, de la tensión entre los tecnócratas –quienes ocupan una gran cantidad de cargos en los centros para el control de enfermedades a nivel provincial y nacional– y las camarillas políticas: los alcaldes, los gobernadores y los secretarios del partido en las provincias. El brote y la falta de transparencia indican que las camarillas políticas están ganando. De hecho, hasta los tecnócratas se están volviendo una camarilla porque ninguno de ellos tuvo el valor de decirle a la sociedad lo que sabía sobre el virus.

Zhou Xianwang, el alcalde de Wuhan, dijo que no reveló la magnitud y el peligro que implicaba la epidemia antes, porque requería la autorización de sus superiores. Sin embargo, pudo haber hecho algo sin divulgar demasiada información, como decirle a los residentes que usaran cubrebocas, se lavaran las manos con frecuencia y evitaran las reuniones concurridas como el banquete de cena compartida al que asistieron más de 40 mil familias pocos días antes de que la ciudad de 11 millones de habitantes fuera puesta en cuarentena.

THE NEW YORK TIMES/FOR


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