Mientras más protestas, más troles rusos aparecieron en redes sociales

Foto: Especial

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El Departamento de Estado de Estados Unidos se percató de un patrón en algunas protestas que ocurrieron en América Latina en los últimos meses

Lara Jakes

Cuando observaron cómo se alzaba una ola de agitación política por toda Sudamérica este otoño, algunos funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos se percataron de un patrón en ciertas protestas contra el Gobierno que, fuera de eso, tenían poco en común.

En Chile, alrededor de 10 por ciento de los tuits de apoyo a las manifestaciones realizadas a finales de octubre de 2019 aparecieron en cuentas cuya afiliación con Rusia era casi innegable.

En Bolivia, en cuanto el presidente Evo Morales renunció el 10 de noviembre pasado, el número de tuits asociados con ese tipo de cuentas se disparó a más de mil por día, mientras que antes ni siquiera llegaban a cinco.

También en Ecuador, Perú, Bolivia, Colombia y Chile, en un periodo de 30 días, varias cuentas vinculadas con Rusia publicaron mensajes muy similares en intervalos de 90 minutos.

Los analistas del Departamento de Estado concluyeron que estaba en marcha una campaña de influencia; la prueba más reciente de una guerra global de información falsa que es más artera y eficaz que la propaganda tradicional de otras épocas.

El departamento mantiene monitoreado el tráfico de Twitter por todo el mundo con el propósito de detectar actividades maliciosas como la proliferación de páginas falsas y cuentas o contenido que envíe al público mensajes para estimular la división.

The New York Times’ recibió un conjunto de análisis en respuesta a preguntas sobre lo que había visto el departamento durante las manifestaciones de otoño en Sudamérica y los eventos posteriores.

Observamos cierta manipulación”, afirmó Kevin O’Reilly, subsecretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental. “Esta influencia le ha sumado polémica y complicaciones al proceso normal de resolución de controversias de una sociedad democrática”.

Las acciones rusas en Sudamérica, de las que no se había dado información antes, parecen tener como objetivo incitar disconformidad en Estados que han exigido la renuncia del presidente Nicolás Maduro en Venezuela, señalaron algunos diplomáticos de alto rango.

En Colombia, donde se espera la visita del secretario de Estado Mike Pompeo esta semana, cientos de miles de manifestantes salieron a las calles en noviembre en protesta por los cambios a las pensiones, la corrupción y el aumento de la violencia. Ahora hay menos protestas y, en diciembre, la vicepresidenta de Colombia, Marta Lucía Ramírez, acusó a Rusia y sus aliados en Venezuela de fomentar protestas mediante campañas en las redes sociales.

En Ecuador, la ministra del Interior, María Paula Romo, dijo que se cree que una campaña en contra del Gobierno que ganó impulso en línea en octubre –durante dos semanas de manifestaciones en contra del aumento al precio de los combustibles– se originó en Venezuela y Rusia.

Algunos funcionarios y expertos explicaron que las campañas rusas de influencia en las redes sociales han alterado elecciones en Estados Unidos y Europa, diseminado animosidad hacia Occidente y noticias falsas en África, así como inspirado a China e Irán a adoptar tácticas similares contra manifestantes y adversarios políticos.

La agitación de finales del año pasado en América Latina no puede atribuirse a un solo factor, y no se sabe a ciencia cierta cuán efectiva fue la campaña de influencia en Twitter vinculada con Rusia. Los manifestantes que salieron a las calles en todos esos países pertenecían a todo el espectro político, protestaban en contra de la corrupción del Gobierno y los precios elevados y exigían mejores servicios.

Funcionarios del Departamento de Estado declararon que la mayoría de las publicaciones en Twitter y otras redes sociales relacionadas con las protestas parecían ser legítimas.

Con el apoyo de más de 50 países, el Gobierno de Donald Trump impuso desde hace un año severas sanciones económicas en contra del Gobierno de Maduro en Venezuela. La coalición respalda a Juan Guaidó, líder de la oposición venezolana, a quien la mayoría de los países de América Latina y el resto de Occidente consideran el presidente legítimo del país.

Sin embargo, todo parece indicar que Maduro no ha perdido control sobre la nación, gracias a fondos que sus críticos han descrito como ganancias ilícitas obtenidas por la venta de petróleo a Rusia y de oro a Turquía.

Las campañas rusas de influencia en línea en América Latina comenzaron a aparecer hace una década, y se dispararon gracias a la nueva tecnología y la proliferación de las redes sociales.

En particular, las filiales de habla hispana de dos organizaciones de noticias rusas han sido blanco de acusaciones de difundir información falsa, teorías conspirativas y, en algunos casos, falsedades descaradas para socavar políticas liberales demócratas, en su mayoría en Occidente.

Una de ellas, la estación financiada por el Estado RT Español, dijo que tiene una audiencia de 18 millones de personas cada semana en 10 países de América Latina y más de mil millones de reproducciones en YouTube. La otra, Sputnik Mundo, operada por el Gobierno, arrancó transmisiones hace varios años y se produce parcialmente en Montevideo, Uruguay.

Según algunos expertos, estas dos empresas han sido la principal fuente de información para los ‘bots’ de Twitter y las llamadas cuentas troles que se han concentrado en el movimiento de Guaidó en Venezuela.

Bret Schafer, experto en información falsa y medios que trabaja con la Alianza para Garantizar la Democracia, una iniciativa del Fondo Marshall Alemán de Estados Unidos, comentó que algunas cuentas de Twitter que habían difundido información falsa en Venezuela podían rastrearse a la Agencia de Investigación de Internet, la fábrica de troles rusa operada por personas leales al presidente Vladímir Putin acusada de interferir en la campaña presidencial de Estados Unidos en 2016.

Los análisis proporcionados por el Departamento de Estado no demostraron que las cuentas de Twitter usadas para enardecer las protestas en Sudamérica fueran canales directos del Gobierno ruso. Más bien, su descripción indicaba que era “probable que estuvieran ligadas al Estado ruso” a través de análisis generados por computadora o de minería de datos que respaldan las conclusiones de otros Gobiernos que las vinculan con Moscú.

THE NEW YORK TIMES/FOR




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