Investigación desmitifica relación entre móviles y ansiedad

Candice Odgers, una profesora de la Universidad de California, Campus Irvine, en casa con sus hijos en Newport Beach, California.

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Un estudio asegura que no hay elementos para considerar que el uso de las redes sociales esté asociado con la depresión y la ansiedad en adolescentes

Nathaniel Popper

Se ha vuelto una creencia popular que pasar demasiado tiempo en los teléfonos inteligentes y las redes sociales es la causa de un repunte reciente en los problemas de ansiedad, depresión y otros trastornos de la salud mental, en especial entre los adolescentes.

Sin embargo, un número cada vez mayor de investigadores y expertos han realizado estudios que sugieren que esta creencia popular está equivocada.

La investigación más reciente, publicada por dos profesores de psicología, examina unos 40 estudios sobre la relación entre el uso de las redes sociales y la depresión y la ansiedad en adolescentes. Este vínculo es menor e inconsistente, de acuerdo con los profesores.

“Al parecer no hay ninguna evidencia que explique el nivel de pánico y consternación relacionado con estos problemas”, comentó Candice L. Odgers, profesora de la Universidad de California, Campus Irvine, y la autora principal del artículo, el cual fue publicado en ‘The Journal of Child Psychology and Psychiatry’.

Por lo general, el debate sobre el daño que nos estamos haciendo, y que en especial se hacen nuestros hijos, al estar pegados a la pantalla del celular se basa en el supuesto de que las máquinas que llevamos en los bolsillos representan un riesgo significativo para nuestra salud mental.

Las preocupaciones en torno a los teléfonos inteligentes han orillado al Congreso a aprobar una legislación para examinar el impacto del uso excesivo de los teléfonos inteligentes y forzar a los inversionistas a ejercer presión sobre las grandes empresas tecnológicas para que cambien la manera en que atraen a sus clientes más jóvenes.

El año pasado, la Organización Mundial de la Salud señaló que los bebés menores de un año no debían estar expuestos a las pantallas electrónicas y que los niños de entre dos y cuatro años de edad no debían pasar más de una hora al día realizando “actividades sedentarias frente a una pantalla”.

Sin embargo, algunos investigadores cuestionan si esos temores están justificados. No arguyen que el uso intensivo de los teléfonos sea inocuo. Los niños que pasan demasiado tiempo frente a su teléfono pueden perderse de actividades valiosas, como el ejercicio. Además, una investigación ha demostrado que el uso excesivo del teléfono puede exacerbar los problemas de ciertos grupos vulnerables, como los niños que padecen trastornos de salud mental.

A los investigadores les preocupa que el hecho de centrarse en alejar a los niños de las pantallas esté dificultando una conversación más productiva en torno a temas como el desarrollo de teléfonos más útiles para gente de escasos recursos, quienes suelen usarlos más, o la protección de la privacidad de los adolescentes que comparten sus vidas en línea.

“Muchas de las personas que aterrorizan a los niños por su uso del teléfono han tocado una fibra de atención en la sociedad y no la dejarán en paz. Pero eso es muy malo para la sociedad”, opinó Andrew Przybylski, director de investigación del Instituto del Internet de Oxford, quien ha publicado varios estudios sobre el tema.

El nuevo artículo de Odgers y Michaeline R. Jensen, de la Universidad de Carolina del Norte en Greensboro, llega tan solo unas semanas después de la publicación de un análisis de Amy Orben, investigadora de la Universidad de Cambridge, y poco antes de la publicación planeada de un trabajo similar de Jeff Hancock, el fundador del Social Media Lab de la Universidad de Stanford. Ambos estudios llegaron a conclusiones similares.

El debate sobre el tiempo que se pasa frente a una pantalla y la salud mental se remonta a los primeros días del iPhone. En 2011, la Academia Americana de Pediatría publicó un artículo multicitado que les advertía a los doctores sobre la ‘depresión de Facebook’.

La preocupación en torno a la relación entre los teléfonos inteligentes y la salud mental también se ha alimentado de trabajos de alto perfil como un artículo publicado en ‘The Atlantic’ en 2017, y un libro relacionado, de la autoría de la psicóloga Jean Twenge, quien argumentó que un aumento reciente en el índice de suicidios y depresión en adolescentes estaba vinculado con la llegada de los teléfonos inteligentes.

LRR




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