Evo Morales
Evo Morales /Foto: The New Yortk Times

‘Esto será para siempre’, la frase ambiciosa que derrocó a Evo Morales



El expresidente boliviano Evo Morales tomó protesta a su cargo en 2006; se convirtió en el primer presidente indígena en su nación y fue destituido el domingo pasado

Ernesto Londoño 

Este fue un momento decisivo para la democracia en Latinoamérica. El expresidente Evo Morales, un dirigente indígena que adquirió importancia en el mundo poco lucrativo de los sindicatos de productores de coca en Bolivia, se presentó ante sus compatriotas para tomar protesta a su cargo en 2006, y no se anduvo con rodeos al describir el cambio abismal que representaba su arrolladora victoria presidencial.

“A lo largo de la historia, nuestras comunidades han sido marginadas, humilladas, odiadas, desdeñadas y condenadas a la extinción”, dijo Morales en su discurso de toma de posesión. “Nunca reconocieron a nuestra gente como seres humanos a pesar de que estas comunidades son los dueños legítimos de esta tierra noble y de sus recursos naturales”.

El ascenso de Evo Morales y de otros populistas pioneros de izquierda que ganaron elecciones en toda Latinoamérica en los primeros años del nuevo milenio trajo la esperanza de que la democracia había alcanzado un nuevo nivel de madurez en una región turbulenta en cuanto a la política.

Prometieron una mayor inclusión social y una distribución más equitativa de la riqueza, metas que, en diversas medidas, se materializaron para millones de personas.

La impresionante destitución del dirigente boliviano el 10 de noviembre, luego de que los militares lo abandonaran en medio de un levantamiento popular desencadenado por las elecciones ensombrecidas debido a un fraude el mes pasado, fue un acontecimiento ignominioso para la era de los dirigentes de izquierda.

Evo Morales
Evo Morales /Foto: The New Yortk Times

Mientras Morales huía de la capital a toda prisa la noche del 10 de noviembre e iba a esconderse debido a los rumores de que su arresto era inminente, el debate sobre su caída ponía en evidencia la profunda polarización ideológica que hay en la región.

El gobierno de México y el presidente entrante de Argentina, Alberto Fernández, calificaron los acontecimientos en Bolivia como un golpe de Estado. Otras personas, incluyendo a Carlos Mesa, el expresidente de Bolivia que contiende para remplazar a Morales, y Jair Bolsonaro, el líder de extrema derecha de Brasil, lo consideraron el triunfo de una oposición pacífica a un dictador.

Las opiniones tan diferentes reflejan que el legado de Morales quedó mancillado cuando quebrantó las reglas de la democracia para permanecer en el poder durante más de los dos mandatos que dicta la Constitución de Bolivia.

“Si hubiera preparado a un sucesor y aceptado una transición del poder, lo hubieran considerado un Nelson Mandela de Sudamérica”, señaló Mark Goodale, profesor de antropología de la Universidad de Lausana en Suiza, quien sigue de cerca la situación de Bolivia. “No solo hubiera sido un buen dirigente para Bolivia, sino uno de los grandes líderes políticos de Latinoamérica”.

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Morales llegó a zancadas a la presidencia con una autoridad arrolladora tras haber aplastado a sus oponentes en las elecciones de 2005. Propuso cambios profundos a la estructura del poder de Bolivia, y durante su primer periodo supervisó la redacción de una nueva Constitución que pretendía eliminar el clasismo y el racismo estructurales que por mucho tiempo habían relegado a los indígenas bolivianos, una mayoría en el país, como ciudadanos de segunda clase.

Evo Morales
Evo Morales /Foto: The New Yortk Times

Con frecuencia, la retórica del presidente era radical, en especial con respecto a Estados Unidos, al cual él veía como un actor colonialista malintencionado que había tenido mucha influencia sobre Latinoamérica. Morales, quien, como líder sindical de la hoja de coca, fue asediado y maltratado por los agentes de narcóticos estadounidenses, tuvo el gusto de expulsar a la Administración para el Control de Drogas en 2009.

Pero al momento de gobernar (especialmente en materia económica), fue pragmático. En vez de nacionalizar las instituciones estatales directamente como lo hizo su aliado y contraparte Hugo Chávez en Venezuela, Morales firmó mejores acuerdos para el Estado y adoptó políticas favorables para el mercado.

Con la inflación bajo control y reservas sólidas de divisas disponibles, durante años, el gobierno gastó miles de millones de dólares en subsidios e infraestructura y amplió el acceso a la atención médica y a la educación.

“El nivel de vida ha mejorado enormemente para millones de personas”, afirmó Calla Hummel, politóloga de la Universidad de Miami quien ha realizado investigaciones en Bolivia durante muchos años. “Las personas pudieron seguir estudiando durante más tiempo, construir y comprar casas, comprar automóviles, hacer cosas que no habían podido hacer antes de 2006”.

Evo Morales
Evo Morales /Foto: The New Yortk Times

A través de los años, Morales consolidó su poder viajando por todo el país a un ritmo acelerado para departir con líderes sindicales, empresarios y líderes de movimientos sociales. Era experto en apuntalar el apoyo de sus bases destinando fondos gubernamentales a áreas primordiales y en ser más astuto que sus opositores.

Según Goodale, esas habilidades reflejan la forma en que Morales aprendió a ejercer el poder en el turbulento mundo de los líderes sindicales de la coca.

“Tiene que ver con un estilo maquiavélico de ejercer el poder”, señaló. “Requiere adoptar muchas medidas que solo satisfacen intereses personales y apuñalar a la gente por la espalda cuando esto se vuelve necesario”.

Cuando algunos de sus contemporáneos de izquierda se alejaron del poder, algunos con patrimonios empañados por acusaciones de corrupción, Morales se atrincheró, haciendo caso omiso del límite de dos mandatos que imponía la Constitución.

Esas tendencias autoritarias tomaron por sorpresa a la gente que había observado con atención el ascenso de Morales. Desde 2009, había dejado en claro que el palacio presidencial no cambiaría de manos pronto.

“Hermanos y hermanas, no solo somos inquilinos, hemos recuperado los que es nuestro por derecho propio”, expresó en ese momento en un discurso. “Esto será para siempre”.

La primera señal clara de que los bolivianos se estaban cansando de Morales apareció cuando perdió por un escaso margen las votaciones para extender su mandato, su primera derrota electoral como presidente.

Morales había tenido problemas para convencer a los votantes en gran parte debido al escándalo de corrupción que se divulgó días antes del referendo. Este involucraba a una antigua novia del presidente quien había utilizado su conexión con el gobierno para ayudar a que una empresa china obtuviera contratos por cientos de millones de dólares.

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Evo Morales /Foto: The New Yortk Times

La forma en que se manejó ese caso —la exnovia fue enjuiciada, pero nadie del gobierno asumió la responsabilidad de haber autorizado sus negocios— fue revelador de un sistema judicial que bajo la vigilancia de Morales se había vuelto opaco, y que a menudo se empleaba para castigar a los detractores del gobierno.

Al principio, tras la derrota para ampliar su mandato, Morales dijo que respetaría la voluntad del electorado y se retiraría. Pero al siguiente año encontró una solución alternativa: el Tribunal Constitucional, lleno de partidarios del régimen, dictaminó que los límites de mandato violaban los derechos humanos.

Esa decisión indignó a muchos bolivianos. En la campaña de Morales fue evidente que incluso las comunidades indígenas que solían venerarlo habían llegado a la conclusión de que era momento de que el presidente se retirara.

Morales fue declarado ganador en las elecciones del 20 de octubre, aunque por un margen más estrecho que en cualquier otra elección presidencial desde 2005. Pero su victoria desencadenó una tempestad de protestas y enfrentamientos violentos en medio de cada vez más pruebas de irregularidades electorales.

Conforme aumentaron los disturbios y se volvió imposible defender la legitimidad de su victoria, el domingo, 10 de noviembre, Morales convocó a nuevas elecciones. Pero ya era demasiado tarde. Como gran parte de la fuerza policial estaba en abierta rebelión, el domingo los altos mandos militares exhortaron a Morales a renunciar.

Hummel señaló que la secuencia de los acontecimientos no constituyó necesariamente un golpe de Estado, debido a que, al parecer, al Ejército no le interesaba asumir el control del país. “Estamos viendo al pueblo tomar las calles y exigir un mejor gobierno, lo cual es muy esperanzador”, afirmó.

Sin embargo, Bolivia está en una encrucijada peligrosa después de un insólito periodo de catorce años de estabilidad política y económica.

“Creo que es un vacío de poder muy peligroso”, comentó Hummel. “¿Cómo pasamos de la era de Morales, que fue muy estable y predecible, a algo más, y eso qué va a ser?”.

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Evo Morales /Foto: The New Yortk Times

The New York Times / AM





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