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Con cautela, Kazajistán da la bienvenida a las mujeres del Estado Islámico

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Kazajistán  es el único país con un gran contingente de ciudadanos en Siria que ha aceptado repatriarlos a todos. Hasta ahora son 548

Andrew E. Kramer

La joven Aida Sarina dijo que creía que iba de vacaciones a Turquía, pero más bien acabó en Siria; su esposo, continuó, la engañó, pues se había unido al Estado Islámico. Por voluntad propia jamás se adhirió a las enseñanzas del EI, agregó.

Aida Sarina. /Foto: NYT

Sin embargo, de regreso en Kazajistán, los psicólogos del gobierno no se están arriesgando. Ya han escuchado esa historia antes. Han inscrito a Aida Sarina —y a decenas de personas más que alguna vez fueron residentes del Estado Islámico—, a un programa para tratar el extremismo islámico.

“Quieren saber si somos peligrosas”, dijo Sarina, que tiene 25 años y un hijo pequeño.

A diferencia de prácticamente todos los países occidentales y la mayor parte del resto del mundo, Kazajistán da la bienvenida a casa a mujeres como Sarina —aunque lo hace con cautela y a pesar de la falta de pruebas de que funcionen los programas de desradicalización— en vez de arrestarlas si se atreven a aparecerse.

Centro de rehabilitación para mujeres repatriadas del Estado Islámico, en Kazakhstan. /NYT

En el sitio de tratamiento, el Centro de Rehabilitación de las Buenas Intenciones, a las mujeres les proporcionan niñeras para que cuiden a sus hijos, les dan comida caliente, y los médicos y psicólogos les dan tratamiento, poniendo a prueba el enfoque humanista para tratar a la gente afiliada con grupos terroristas.

Para Sarina, es una situación muy distinta de su vida previa en un campamento fétido de refugiados en el noreste de Siria, una zona controlada por los kurdos donde se encuentran miles de exresidentes rechazados del Estado Islámico que son despreciados en la mayor parte del mundo.

Tener a alguien que le preguntara cómo se sentía fue asombroso, comentó. “Fue como si tu madre hubiera olvidado recogerte del jardín de niños, pero después lo recordara y regresara por ti”, comentó.

En vez de tratar a las mujeres como criminales, los profesionales en el centro de rehabilitación animan a las mujeres a hablar de sus experiencias.

“Les enseñamos a que escuchen los sentimientos negativos en su interior”, dijo sobre el método Lyazzat Nadirshina, una psicóloga. “Con mucha frecuencia, se trata del sentir de una niña pequeña que está enojada con su madre”.

Establecido en enero para procesar rápidamente a decenas de mujeres cuyas ideas radicales quizá solo se osifiquen si las envían a prisión durante largos periodos, los servicios del centro no son tanto para el beneficio de las mujeres como para el de la sociedad a la que pronto se unirán, señalan los organizadores.

Centro de rehabilitación para mujeres repatriadas del Estado Islámico, en Kazakhstan. /NYT

El Estado Islámico reclutó a más de 40 mil combatientes extranjeros y sus familias, de 80 países, a lo largo de su veloz periodo de expansión y colapso, desde 2014 hasta este año. Las milicias respaldadas por los kurdos en Siria aún tienen a por lo menos 13 mil seguidores extranjeros del EI en campamentos saturados, incluyendo al menos a trece estadounidenses.

Los diplomáticos estadounidenses han estado ejerciendo presión sobre los países para repatriar a sus ciudadanos, aunque no han tenido mucho éxito.

“Los gobiernos no son grandes aficionados de experimentar con este grupo debido a que los riesgos son demasiado grandes”, comentó Liesbeth van der Heide, experta en materia de radicalización islámica en el Centro Internacional para el Contraterrorismo en La Haya.

Además, dijo, los estudios en torno a los programas de desradicalización que datan de hace décadas no han podido mostrar beneficios evidentes.

Los gobiernos los han probado con los neonazis, miembros de las Brigadas Rojas y los militantes del Ejército Republicano Irlandés Provisional, entre otros, con resultados mixtos. “¿En realidad importa si te sometes a un programa de rehabilitación?”, preguntó. “No lo sabemos”.

Yekaterina Sokirianskaya, directora del Centro de Análisis y Prevención de Conflictos, dijo que los programas de desradicalización no ofrecen garantías, pero son una alternativa a la encarcelación indeterminada o la pena de muerte.

Los gobiernos occidentales muestran poca empatía. Es común que haya mujeres jóvenes que son terroristas suicidas. El Reino Unido y Australia han revocado la ciudadanía de personas que se unieron al Estado Islámico. Francia permite que sus ciudadanos sean juzgados en tribunales iraquíes, donde cientos de personas han sido sentenciadas a muerte en juicios que duran tan solo unos cuantos minutos.

Kazajistán ha buscado tener un papel más grande en la diplomacia internacional con una gran variedad de iniciativas para resolver problemas globales, por ejemplo, en alguna ocasión se ofreció a deshacerse de los desperdicios nucleares de otros países en su territorio. Hasta la fecha, es el único país con un gran contingente de ciudadanos en Siria que ha aceptado repatriarlos a todos. Hasta ahora son 548.

Centro de rehabilitación para mujeres repatriadas del Estado Islámico, en Kazakhstan. /NYT

El programa dura alrededor de un mes. Las mujeres se reúnen de manera individual en pequeños grupos con psicólogos. Se someten a terapia de arte y ven obras de teatro montadas por actores locales que imparten enseñanzas morales sobre los escollos de la radicalización.

“Es un éxito cuando reconocen su culpa, cuando prometen relacionarse con los no creyentes mostrando respeto y cuando juran seguir estudiando”, comentó Alim Shaumetov, director de un grupo no gubernamental que ayudó a diseñar el contenido del programa.

“No ofrecemos garantías al cien por ciento”, agregó. “Si logramos alcanzar un 80 por ciento de casos exitosos, nos damos por bien servidos.

Sarina dijo que estaba curada. Dijo que poco después de que llegaron a Siria, su esposo murió, ella desapareció y fue a una casa de viudas en Raqqa, la capital del Estado Islámico. Los combatientes hacían paradas constantemente para llevarse nuevas esposas, dijo, pero Sarina no volvió a casarse.

Conforme se intensificó el conflicto, el funcionario del EI a cargo de evacuar a las viudas terminó por abandonarlas en el desierto, relató. Sobrevivieron comiendo pasto. Algunos niños murieron de frío durante las noches gélidas.

Ahora, Sarina dijo que es mentora de otras mujeres que regresan a Kazajistán, y les explica que el EI no pudo protegerlas, así que ahora deben confiar en el gobierno. “Quiero que el mundo sepa que nuestra rehabilitación es una medida totalmente realista”, agregó.

Aun así, Kenshilik Tyshkhan, un profesor de Religión que intenta convencer a las mujeres del programa de adoptar una visión moderada del Islam, afirmó en una entrevista que algunas mujeres “expresan la idea de que se puede asesinar a un no creyente”. Además, muchas muestran poco arrepentimiento, explicó.

“Todos tienen derecho a cometer errores”, dijo Gulpari Farziyeva, de 31 años, sobre su viaje a Siria y sus matrimonios a lo largo de seis años con una serie de militantes del Estado Islámico. Incluso tres semanas después de haber comenzado el tratamiento, parecía notablemente impávida respecto de las costumbres del grupo militante.

The New York Times / AM 


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