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¿Dejarías que el hombre que mató a tu hermana saliera de la cárcel?


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Angelo Robinson asesinó por error a Veronica Jackson, la hermana de la víctima tuvo un dilema para aportar en la liberación del homicida

Campbell Robertson

Una mañana lluviosa del verano pasado, Patricia Jackson abrió la puerta de su casa a dos extrañas. Le dijeron que habían ido de parte de un hombre llamado Angelo Robinson.

Jackson se quedó fría con la sola mención del nombre. Angelo Robinson era el hombre que había disparado y asesinado a su hermana, Veronica, 21 años atrás. Jackson les respondió que no quería saber nada de él.

“Comprendo”, le dijo una de las mujeres, según recordó Jackson. “¿Al menos puedo platicar con usted de algunas cosas?”.

De mala gana, Jackson las dejó pasar. Y hablaron de algunas cosas: errores trágicos, remordimiento, castigo y la posibilidad de redención.

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Aunque Estados Unidos tiene la población carcelaria más grande del mundo, los intentos por reducir el encarcelamiento masivo se han limitado básicamente a los reclusos que han sido condenados por crímenes no violentos. A pesar de que más de la mitad de los presos en las cárceles estatales fueron condenados por haber herido o asesinado a alguien, su liberación ha sido, en términos políticos, prohibida. Ahora, en Ohio ha comenzado un esfuerzo por cambiar eso, un caso a la vez.

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Robinson, de 42 años, el hombre que mató a Veronica Jackson, ha pasado encerrado la mitad de su vida y todo el siglo XXI. No se ha metido en problemas, obtuvo su GED (las siglas en inglés de Diploma de Educación General), aprendió a operar un montacargas y a tocar la guitarra, y comenzó por sí solo a estudiar español. Su primera oportunidad para salir en libertad condicional —una posibilidad remota, en el mejor de los casos— llegará en 2026.

Los prisioneros como él suelen quedar fuera de las campañas para cambiar el sistema de justicia penal, las cuales tienden a usar el mensaje comprobado de que los infractores no violentos relacionados con drogas no deben estar tras las rejas. El otoño pasado en Ohio, partidarios de una medida que habría reducido los castigos para los delitos relacionados con drogas usaron justo el mismo tipo de lógica.

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Esto le molestó a David Singleton, un profesor de la escuela de derecho de la Universidad del Norte de Kentucky que dirige el Ohio Justice and Policy Center. Aunque defendió la propuesta, pensó en Robinson, a quien había conocido durante años.

“Sentí cómo si mucha gente hubiera sido traicionada”, comentó Singleton.

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En 1997, Robinson, de 20 años en aquel entonces, era una de las muchas personas que se habían reunido para vender drogas en un apartamento en West End en Cincinnati, un grupo que incluía a Veronica Jackson, de 34 años. Una pandilla de hombres con pasamontañas apareció de pronto, intentó forzar la puerta y disparó al apartamento. Jackson huyó a un dormitorio de la parte trasera donde Robinson estaba con la cocaína.

Como pensó que era uno de los atacantes, Robinson tomó un arma, disparó a través de la puerta de la habitación y la mató.

Foto: The New York Times

Robinson habría quedado libre hace ocho años si hubiera aceptado un trato para declararse culpable de homicidio culposo. No obstante, creyó, de manera equivocada, que podría argumentar en un juicio que lo había hecho en defensa personal.

Hace casi una década, Singleton representó a Robinson en una demanda por el acceso a atención médica en la cárcel y llegó a considerarlo “una buena persona que ya no necesitaba estar presa”. Sin embargo, había sido un narcotraficante que había asesinado a una mujer. ¿Qué se podía hacer?

El año pasado, Singleton empezó a pensar sobre ese asunto de una manera más seria. Concibió un proyecto llamado Beyond Guilt (Más allá de la culpa), para enfatizar que esa culpabilidad no es un final, sino el posible comienzo de una “historia de redención”. El objetivo es presionar a fin de que haya una legislación que ofrezca nuevas vías para una liberación temprana y para crear una red de abogados que tomen casos individuales.

Singleton sabía que su proyecto iba a requerir conversaciones complicadas con las víctimas y sus familias, los procuradores y el público.

Una noche de febrero, Singleton le escribió un mensaje de texto a Joseph T. Deters, el procurador del condado de Hamilton, cuya sede es Cincinnati. Singleton le preguntó a Deters, un hombre sin remordimientos que defiende la ley y el orden, qué pensaría sobre un proyecto enfocado en la posibilidad de una liberación temprana para la gente que había pasado un tiempo significativo en la cárcel, no negaba su culpabilidad y había mostrado un historial sólido de rehabilitación. Deters le respondió que estaba totalmente a favor.

“No creo que suceda muy a menudo, pero algunas personas cambian en la cárcel”, comentó Deters en una entrevista telefónica.

Se ha corrido la voz sobre el proyecto Beyond Guilt. Familiares, así como los mismos presos, han escrito al Ohio Justice and Policy Center, e incluso guardias de las correccionales han sugerido con discreción a algunos candidatos.

En junio, Singleton presentó la primera moción de Beyond Guilt, de parte de Robinson.

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Está basada en una regla procesal, reservada usualmente para litigios civiles, que permite desagravio de resoluciones pasadas, bajo el argumento de que en este caso el desagravio sería en el “interés de la justicia”. Todavía falta que la oficina de Deters responda de manera formal.

Por lo tanto, Robinson está a la espera, como lo ha estado durante 22 años. Todos los días piensa en Veronica Jackson, dijo en una entrevista realizada en la cárcel. La mató por accidente, aseguró; no es “un animal”, como supone la gente. Sin embargo, la vida del tráfico de drogas que llevó a la muerte de la mujer… por esa sí tenía que responder.

La conversación con la familia Jackson comenzó el verano pasado, cuando dos empleadas del Ohio Justice and Policy Center tocaron a la puerta de Patricia Jackson. Una de ellas, Tyra Patterson, llevaba apenas seis meses fuera de la cárcel, después de haber cumplido 23 años por homicidio.

Su caso era diferente del de Robinson. Ella insistió en su inocencia y un testigo clave, la hermana de la víctima, confesó años después para respaldar el argumento de Patterson. No ha sido exonerada pero, con la intervención del gobernador, quedó en libertad condicional.

Ahora, estaba de pie en la sala de estar de Patricia Jackson, hablando en defensa de un hombre cuya culpabilidad nadie refuta. Describió a detalle el orden del apartamento donde sucedió el tiroteo, explicó cómo fue que Robinson pensó que estaba salvando su propia vida y describió la diferencia entre homicidio culposo y doloso.

La hija única de Veronica, Princess, embarazada de su segundo hijo, estuvo con ellas, escuchando en silencio. Patricia Jackson comenzó a llorar. Solo quería que alguien pagara por la muerte de su hermana.

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“Angelo ha pagado por ella”, recordó haber dicho Patterson a través de sus propias lágrimas. “Pagará por ella el resto de su vida”.

Mucho tiempo antes de la muerte de Veronica Jackson, la familia había conocido de cerca el sistema de justicia penal. Su hermano ha estado encarcelado durante décadas; una de sus hermanas fue al velorio esposada. Ambos están a favor de la liberación de Robinson.

Sin embargo, uno de sus cinco hijos, Clifford Jackson, quien también ha estado preso, no está tan seguro. ¿Por qué empezar el cambio del sistema de justicia penal con el hombre que asesinó a su madre?, cuestionó. El único indicio de que el sistema reconoció el sufrimiento de la familia fue el encarcelamiento de Robinson, sentenció.

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“Nunca nos resarcieron por nada”, se quejó. “Solo nos compensaron con su condena”.

Patricia Jackson, de 59 años, vivió una época particularmente difícil tras la muerte de su hermana, pues crio a dos y a veces a tres de los seis hijos que dejó detrás, todo con su salario de maestra. “Esto ha afectado a la familia de una manera tremenda”, le dijo al juez cuando Robinson fue sentenciado. “Quiero que se haga justicia”.

Nadie se había puesto en contacto con ella desde ese juicio para ofrecerle ayuda o tan siquiera hablar, mencionó, hasta que tocaron a su puerta el verano pasado. Así que le agradeció a Patterson por haber ido. No obstante, le dijo que tendría que pensar algunas cosas.

Una semana después, llamó a Patterson. Hablaron de cosas sin importancia y después se hizo un silencio. Por fin, Jackson habló.

Solo déjenlo libre, afirmó.

The New York Times / KO




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