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Alaska se descongela

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Los alaskeños no solo están acostumbrados a los inviernos con hielo rígido, sino que dependen de ellos, para el transporte básico, la caza de subsistencia, la industria y la recreación.

Julia O’Malley

No es primavera en Alaska, sino el ‘rompimiento’, el final del transporte seguro sobre el hielo.

Y en una época de cambio climático, el rompimiento ha estado llegando demasiado pronto, sobre todo este año. El hielo se ha vuelto impredecible y ha creado nuevos peligros a veces mortales y una serie de problemas prácticos que irrumpen en el ritmo de la cotidianidad.

Foto: The New York Times.

Los caminos de hielo que llevan mercancía en el invierno y la primavera se han vuelto suaves de manera prematura. Los cazadores no pueden llegar seguros a sus campamentos de primavera. Las carreras con trineos halados por perros han sido canceladas. La gente que viaja sobre ríos congelados por todoterrenos o motonieves están cayendo al agua; algunos han muerto. Los rescatistas que tratan de llegar hasta ellos se han visto obstaculizados por el hielo delgado.

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Los alaskeños no solo están acostumbrados a los inviernos con hielo rígido, sino que dependen de ellos, para el transporte básico, la caza de subsistencia, la industria y la recreación. Los ríos congelados conectan las aldeas rurales de la manera en que las autopistas conectan al resto del país.

Sin embargo, Alaska es el estado que se está calentando con más velocidad en Estados Unidos, pues se calienta junto con el resto del Ártico al doble del ritmo promedio global, de acuerdo con la Cuarta Evaluación Nacional del Clima. Las temperaturas de primavera son en promedio de dos a cinco grados más altas ahora que hace 50 años, y en marzo se establecieron máximos históricos en todo el estado.

“No conozco a nadie en Alaska que dude que las cosas han cambiado”, dijo Brian Brettschneider, climatólogo de la Universidad de Alaska Fairbanks. “Todos lo observan. Todos lo sienten”.
‘El río nos está enseñando’

Mark Leary es parte de un equipo que construye una carretera de hielo cada invierno a lo largo de 321 kilómetros del río Kuskokwim, conectando a 13 mil personas de pequeñas comunidades en una región del suroeste de Alaska que no tiene carreteras ordinarias.

Foto: The New York Times.

Cuando la carretera de hielo está abierta, los camiones pueden transportar suministros a las aldeas, y la gente puede conducir a Bethel, la ciudad más grande de la zona, para hacer compras o asistir al médico. Los equipos escolares de baloncesto pueden ir a partidos sin tener que volar en pequeños aviones.

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“El río es nuestra autopista”, dijo Leary. “Es todo para nosotros”.

Los congelamientos más tardíos y los derretimientos más tempranos a lo largo de la última década han evitado que el río llegue a tener el grosor que alguna vez tuvo, así que su equipo ahora ha comenzado a usar una barredora ligera que puede despejar de manera segura el hielo más delgado.

“El río siempre nos está enseñando”, dijo. “Cuanto más respetuoso y observador seas, más aprenderás”.

Leary, que también es líder voluntario del equipo de Bethel Search and Rescue, dijo que la mala calidad del hielo era una preocupación constante de seguridad para las personas. La gente conduce motonieves o todoterrenos en caminos que han utilizado durante muchos años sin pensar en las condiciones cambiantes del hielo, dijo, y, cuando la gente bebe, se arriesga más.

Cinco personas han muerto al caer por el hielo delgado esta primavera tan solo en la región de Leary, incluyendo dos el 31 de marzo.

Los efectos del cambio climático se amplifican en Alaska porque el océano que se calienta tiene menos hielo marino, de acuerdo con Rick Thoman, investigador del clima en el Centro para la Evaluación y las Políticas del Clima en Alaska de la Universidad de Alaska Fairbanks. El hielo refleja la luz solar, dijo, mientras que el agua la absorbe, por lo que calienta el aire que está encima. La disminución de cobertura de la nieve está teniendo un efecto similar en el suelo, agregó.

Foto: The New York Times.

Muchas personas en la zona rural de Alaska complementan su suministro de alimentos cazando y pescando. Charles Wright, que vive en Tanana, una aldea en el río Yukon casi 160 kilómetros al oeste de Fairbanks, ha cazado gansos y atrapado castores con su familia desde que era niño.

El hielo marino se desvanece

La familia tiene como propósito realizar el trayecto anual de 48 kilómetros a su campamento de caza primaveral en motonieve a mediados de abril, dijo Wright, pero este año el hielo es demasiado delgado. Así que ahora deben esperar a que los ríos se despejen y después cazar en bote.

“Solíamos ser capaces de predecir el clima y saber a qué hora salir y hacer ciertas cosas”, dijo Wright.

Dijo que ha tenido muchos momentos de peligro en la motonieve sobre el hielo del río, así que ahora siempre lleva un chaleco salvavidas cuando se sube al vehículo.

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El hielo marino que está desvaneciéndose es el problema para la gente de Kivalina, una isla de barrera muy delgada en el mar de Chukotka. Janet Mitchell, exadministradora de la ciudad de Kivalina, dijo que cuando era niña, los cazadores caminaban en el hielo marino para encontrar focas barbadas que tomaban el sol.

Sin embargo, actualmente, el hielo marino estable rara vez se congela hasta la costa, dijo Mitchell, así que “ahora debemos cazar en aguas abiertas”. Afirmó que sus sobrinos han aprendido a revisar el mar desde un bote para ver si hay animales que salen de las olas.

Sin el hielo marino para calmar el agua, dijo Mitchell, las tormentas de invierno causan más daños, pues erosionan una isla que también se está encogiendo debido a los niveles del mar en aumento. Se ha hablado de reubicar su aldea a tierra continental.

Foto: The New York Times.

Las calles de Anchorage están despejadas para andar en bicicleta y los azafranes están floreciendo semanas antes de lo usual esta primavera. Hace unas semanas, Paxson Woelber, quien dirige un sitio web de recreación al aire libre, estaba ayudando a su novia, Cori Graves, fotógrafa, con una sesión de vestido de novia en el hielo suave apto para patinar del lago Portage al sur de la ciudad cuando tuvieron un incidente que los asustó mucho.

Un enorme trozo del glaciar Portage, con siete pisos de alto y 30 metros de ancho, se desprendió y cayó al lago, provocando olas que arrastraron y quebraron el hielo donde estaban parados.

“Podíamos ver que se acercaban las olas”, dijo Woelber. “Conforme empujan el hielo, sale agua de entre las placas. La modelo tuvo que enfrentarse a la absurda escena de tener que escapar del desprendimiento glaciar con un vestido de novia puesto”.

The New York Times

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