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Foto: The New York Times.

Presumiendo sus armas nucleares, Moscú desempolva el libro de tácticas de la Guerra Fría


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Vladimir Putin dijo que, si Estados Unidos, colocaba misiles en Polonia, Rusia desplegaría submarinos en costas estadounidenses.

Neil MacFarquhar

A pesar de lo podrido de las relaciones diplomáticas entre Rusia y Estados Unidos, podría parecer una extraña decisión hacer que un famoso coro en una catedral de San Petersburgo cante una balada que habla sobre atacar con armas nucleares a Estados Unidos.

Foto: The New York Times.

Esa presentación en un fin de semana del Día de los Defensores de la Patria fue solo un elemento en una serie de referencias a los ataques nucleares que hicieron evidente el martes que Moscú estaba desempolvando su viejo libro de tácticas de MDA (abreviatura que en la Guerra Fría se usaba para decir “Destrucción mutua asegurada”).

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La nueva asertividad acerca de las capacidades nucleares del Kremlin parece estar relacionada con la decisión del presidente Donald Trump de retirarse del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, que prohíbe el posicionamiento de ese tipo de armas en Europa.

El video del concierto, que se difundió ampliamente, coincidió con un reportaje noticioso en televisión de Dmitry Kiselyev, el principal propagandista del Kremlin, durante el horario estelar del domingo por la noche, en el que detalló cuáles serían los blancos de los ataques nucleares por parte de Rusia en tierra continental en caso de que Estados Unidos despliegue nuevos misiles en Europa.

“Por ahora, no estamos amenazando a nadie, pero si ese tipo de despliegue ocurre, nuestra respuesta será instantánea”, comentó Kiselyev en el programa, llamado “Vesti Nedeli”, mientras mostraba un diagrama de submarinos rusos enviados a las costas este y oeste de Estados Unidos.

El segmento evocó recuerdos de la crisis de los misiles en Cuba, pues fue como si Kiselyev hubiera estado trabajando literalmente a partir de un memorando redactado en el pasado remoto. Dos bases militares estadounidenses que mencionó entre los cinco blancos –Fort Ritchie y Fort McClellan– cerraron hace muchos años.

El presidente Vladimir Putin comenzó todo este asunto con su discurso del estado de la nación la semana pasada, cuando dijo que, en caso de que Estados Unidos despliegue nuevos misiles en Europa, Rusia podría responder con todo un arsenal de armas de tecnología de punta.

“Rusia se verá obligada a crear y desplegar armas que puedan usarse no solo en zonas en las que estemos directamente amenazados, sino también en áreas que contengan centros de toma de decisiones para los sistemas de misiles que nos amenazan”, comentó.

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Se mostró un poco reservado respecto de especificar a cuáles centros se refería.

Foto: The New York Times.

Sin embargo, después del discurso, Putin organizó una sesión informativa con editores de medios, en la que, de acuerdo con informes rusos, el presidente dijo que, si Estados Unidos, colocaba misiles en Polonia, Rusia desplegaría submarinos en costas estadounidenses.

Kiselyev, ya famoso por decir hace algunos años que Rusia podría dejar a Estados Unidos “hecho polvo nuclear”, comunicó esa amenaza.

Algunos de los simpatizantes de Putin aplaudieron el sentimiento. En un programa de entrevistas transmitido inmediatamente después del noticiero, un comentador dijo que no había necesidad de depender de armas como los tanques, puesto que la respuesta sería nuclear.

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Sin embargo, los detractores se mostraron mordaces, pues insinuaron que Rusia estaba amenazando con sus fuerzas militares desde una postura de debilidad.

En total, varios factores motivaron la retórica beligerante, dijeron analistas, además de la retirada de Estados Unidos del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio.

Amenazar a Washington, señalaron, era un viejo método de mejorar las relaciones. Así como se forjaron nuevas reglas de interacción después de la crisis de los misiles en Cuba, de igual manera una nueva amenaza podría ayudar a llegar a un acuerdo, lo cual no ha salido tan bien como el Kremlin lo esperaba bajo el gobierno de Trump.

“Aún quieren estar al mismo nivel que Estados Unidos, por eso quieren crear esta crisis”, dijo Ivan I. Kurilla, historiador en la Universidad Europea en San Petersburgo, especialista en materia de relaciones entre Estados Unidos y Rusia. Los submarinos cerca de las costas estadounidenses “harían que Rusia siga siendo importante ante Estados Unidos, y eso es muy relevante para el liderazgo ruso”.

También está el efecto en el país, donde un alto nivel de amenaza puede generar cierta cantidad de apoyo para el Kremlin y sus medidas que tienen como objetivo socavar las libertades civiles, dijeron analistas. En otras palabras, si vas a calificar a tus detractores de ser “agentes extranjeros”, debes identificar al enemigo para el que trabajan.

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Eso nos trae de regreso a la canción atómica en la catedral el sábado.

En conmemoración del Día de los Defensores de la Patria —conocido informalmente como Día de los Hombres, hablando de retrocesos— un coro que cantaba en la catedral de San Isaac en San Petersburgo presentó una versión de una canción de 1980: “En un submarino, o el pago de un soldado”.

La esencia de la canción, considerada cáustica en el momento en que se escribió, era que, a cambio de tres rublos, cualquier submarinista ruso se mostraría feliz de aniquilar a Estados Unidos. La estrofa inicial dice así:

En un submarino con un motor atómico

Y con una decena de bombas de cien megatones

Crucé el Atlántico y llamé al artillero:

“¡Dispara, le digo, a la ciudad de Washington!”.

En las redes sociales, los usuarios respondieron con acusaciones de mal gusto, en el mejor de los casos, y de hostilidad apenas velada, en el peor.

Si los manifestantes que acompañaban a Pussy Riot fueron encarcelados durante años por una canción de protesta que presentaron en una catedral de Moscú, dónde estaban todos los creyentes que debieron haberse mostrado igual de ofendidos por una canción que promueve el Armagedón, reflexionó un detractor en las redes sociales.

El Coro de Concierto de San Petersburgo emitió una declaración en la que señaló que sus detractores no aguantaban las bromas. El coro no necesitaba limitarse a las obras litúrgicas, decía la declaración, ni a rescribir las letras para volverlas políticamente correctas.

Foto: The New York Times.

No obstante, dado el entorno, los analistas sugirieron que fue una decisión mal tomada, sobre todo dado que no había nada de ligero acerca de esa versión explosiva.

“Fue una broma, pero una mala broma debido a la propaganda actual”, dijo Kurilla, el historiador.

The New York Times Syndicate



“Heroes


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