AM Querétaro
Fotos: The New York Times

Cómo el muro ha arrinconado a Trump

La obsesión del mandatario con la construcción de la barrera en la frontera—la encarnación material de su agenda inmigratoria de exclusión— se ha desatado en las nuevas realidades del Gobierno dividido

Julie Hirschfeld Davis y Peter Baker / The New York Times

Antes de que fuera el punto de fricción de un drama sobre el cierre de Gobierno que amenaza con consumir de lleno su presidencia en un momento crítico, la promesa del presidente Donald Trump de construir un muro en la frontera suroeste era una estrategia nemotécnica para un candidato indisciplinado.

Mientras Trump comenzaba a considerar una candidatura presidencial en 2014, sus asesores políticos sugirieron la idea de un muro fronterizo como una suerte de estrategia nemotécnica, una manera de asegurarse de que su candidato —que odiaba leer guiones pero le encantaba presumir sobre sí mismo y sus talentos como constructor— recordara hablar de una postura inflexible en materia de inmigración, un tema distintivo en su campaña naciente.

¿Cómo hacemos que siga hablando de inmigración?”, recordó haberle dicho Sam Nunberg, uno de los primeros asesores políticos de Trump, a Roger J. Stone Jr., otro asesor. “Haremos que hable de cómo construirá un muro”.

Eso fue lo que hizo Trump, y la frase provocó vítores por parte de las audiencias conservadoras. Pronto se convirtió en un pilar de sus discursos de campaña y el candidato quedó encantado. La consigna de “¡Construye el muro!” se escuchaba en los estadios de todo el país.

Ahora, la obsesión de Trump con el muro fronterizo —la encarnación material de su agenda inmigratoria de exclusión— se ha desatado en las nuevas realidades del Gobierno dividido, oponiéndolo a los demócratas que rechazan la idea sin pensarlo dos veces. La encrucijada es notable dado que incluso algunos partidarios de línea dura en materia de migración no consideran que el muro sea la prioridad principal y temen que la fijación de Trump con el muro provocará que llegue a un acuerdo que otorgue una medida relativamente ineficaz a cambio de grandes concesiones respecto de la inmigración.

Siempre he creído que es un peligro que dé casi cualquier cosa a cambio de construir el muro… creo que ese aún es un peligro posible”, dijo Mark Krikorian, el director ejecutivo del Centro para Estudios de Inmigración, un grupo que está a favor de que haya menos inmigración. “Aún me preocupa eso”.

Ese temor ha cobrado vida en momentos en los que Trump ha considerado un acuerdo con los demócratas respecto de otorgarles la residencia permanente a los inmigrantes que llegaron a Estados Unidos ilegalmente cuando eran niños, conocidos como ‘dreamers’.

El presidente siempre se ha alejado en el último momento antes de comprometerse con preservar el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, conocido como DACA, pero el viernes, FAIR, un grupo antinmigración, le advirtió de nuevo que sería un error.

Para muchos activistas conservadores que han ejercido presión durante décadas a favor de reducciones drásticas en la inmigración legal e ilegal —y algunos de los legisladores republicanos que están aliados con ellos— una barrera física en la frontera con México apenas es relevante, poco más que una nota al pie en una larga lista de cambios de política que según ellos son necesarios para solucionar un sistema roto.

Esta desconexión está en el núcleo del dilema que enfrenta Trump, mientras trabaja para encontrar una salida de un estancamiento que ha cerrado partes importantes del Gobierno y les ha costado su sueldo a 800 mil empleados federales. Después de haber pasado más de cuatro años —primero como candidato y después como presidente— atizando el ánimo de sus más fieles simpatizantes con la idea de construir un muro fronterizo, Trump se encuentra arrinconado políticamente, algo que él mismo provocó.

Al transformar el muro en un símbolo poderoso de su mensaje antinmigración, Trump ha hecho que la propuesta sea políticamente intocable para los demócratas, que se han rehusado sobremanera a financiarla, lo cual complica cualquier probabilidad de un consenso.

Como estrategia de comunicación fue muy exitosa”, dijo Krikorian. “El problema es qué hacer cuando resultas electo. Después de haberlo convertido en su tema distintivo, Trump les entregó a los demócratas un arma que pueden usar en su contra”.

  • UN SÍMBOLO EXCESIVO

La dinámica estuvo expuesta a todo color la semana pasada, cuando Trump argumentó que no podía haber un acuerdo para reabrir el Gobierno a menos que se pague el muro, mientras que los demócratas, que ahora controlan la Cámara de Representantes, se han rehusado de manera aún más drástica.

Un muro es una inmoralidad; no es lo que somos como país”, dijo Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes, el jueves. “Lo que está creando el presidente no es un muro entre México y Estados Unidos, sino un muro entre la realidad y sus constituyentes, sus simpatizantes”.

El mes pasado, en comentarios privados a legisladores demócratas después de un enfrentamiento en el Despacho Oval con Trump, Pelosi dijo que el muro era “como un asunto de masculinidad para él”.

Sin embargo, también se ha vuelto un símbolo excesivo para los demócratas, muchos de los cuales apoyaron por lo menos algún tipo de barrera a lo largo de la frontera en el pasado, pero ahora tachan al muro de Trump de ser una monstruosidad. Sesenta y cuatro demócratas en la Cámara de Representantes y 26 en el Senado votaron en 2006 a favor de la Ley del Cerco Seguro, la cual proporcionaba cientos de kilómetros de cercado a lo largo de la frontera. Entre ellos se encontraban los senadores Barack Obama, Hillary Clinton, Joe Biden y Chuck Schumer.

Lo único que ha cambiado es que empeoró la situación en la frontera y Donald Trump resultó electo”, comentó Kellyanne Conway, la consejera del presidente.

Conway dijo que Trump se había comprometido tanto con un muro porque no solo evitaría la entrada ilegal de muchos inmigrantes y frenaría el tráfico de drogas sino también para desalentar a los migrantes.

La razón por la que se ha enfocado en el muro es que cree que se necesita una barrera física robusta en la frontera que no pueda escalarse, ni por la que puedan pasar por abajo, ni atravesarla en auto ni rodearla a pie”, dijo. “Cree que debe ser algo que evite que estas personas emprendan este peligroso trayecto”.

Más allá del simbolismo, los demócratas ahora argumentan que un muro es una manera costosa y poco eficaz de frenar la inmigración ilegal. La mayoría de los inmigrantes indocumentados son personas que se quedan más tiempo del que indica su visa, no gente que atraviesa la frontera.

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