AM Querétaro

El fin de la humanidad: una mala y una buena noticia

En los círculos filosóficos hay cada vez mayor revuelo por debates sobre la posibilidad de la extinción humana. Esto no debería sorprendernos si tomamos en cuenta la creciente y amenazadora depredación del cambio climático. Para reflexionar acerca de esta cuestión, quiero sugerir una respuesta a una única pregunta, una que difícilmente abarca todo el territorio filosófico, pero que es un aspecto importante de este. ¿La extinción humana sería una tragedia?

Para entender cabalmente esta pregunta, permítanme diferenciarla de cuestionamientos relacionados. No estoy preguntando si sería malo que la experiencia de los humanos llegara a su fin (Samuel Scheffler ya nos ha dado una razón importante para pensar que lo sería). Tampoco pregunto si los seres humanos como especie merecen desaparecer. Esa es una pregunta importante, pero requeriría consideraciones de otra índole. Estas y otras preguntas sí deben ser abordadas para hacer una evaluación moral plena sobre la posibilidad de nuestra desaparición. No obstante, lo que estoy preguntando aquí es sencillamente si sería una tragedia que en el planeta ya no hubiera seres humanos.

La respuesta que voy a dar podría parecer desconcertante en un principio: planteo, al menos de manera tentativa, que sería tanto una tragedia como una fortuna.

Para que esa afirmación suene menos contradictoria, permítanme abundar en la tragedia. En la dramaturgia, el personaje trágico suele ser alguien que comete un agravio, por lo general uno importante, pero por quien sentimos simpatía. Edipo de Sófocles, el rey Lear de Shakespeare y Willy Loman de Arthur Miller podrían ser ejemplos. En el caso de este artículo, el personaje trágico es la humanidad. La humanidad es la que está cometiendo un agravio y para acabar con este probablemente se requiera de la eliminación de la especie, por la cual podemos sentir simpatía a pesar de las razones que discutiré en un momento.

Para exponer esas razones, permítanme comenzar con una afirmación que me parece será a la vez deprimente y, al reflexionar sobre ella, incontrovertible. Los seres humanos están destruyendo enormes partes de la tierra habitable y están ocasionando un sufrimiento inimaginable a muchos de los animales que habitan en ella. Esto ocurre en al menos tres formas. En primer lugar, la contribución humana al cambio climático está devastando ecosistemas. En segundo lugar, el aumento de la población humana está invadiendo ecosistemas que de otro modo estarían intactos. En tercero, la cría industrial de animales fomenta la creación de millones y millones de ellos solo para ofrecerles sufrimiento y miseria antes de sacrificarlos casi siempre de formas crueles. No hay motivos para pensar que esas prácticas vayan a disminuir en poco tiempo; todo lo contrario.

Entonces la humanidad es fuente directa de devastación para las vidas de animales conscientes a una escala que es difícil de concebir.

The New York Times 

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