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Foto: AP

La UE esperaba meter orden en su casa este año. No está ni cerca

Los líderes europeos se reunirán en Bruselas para una cumbre de fin de año que en teoría ofrecerá una oportunidad para sacar de la agenda la partida del Reino Unido de la unión

Steven Erlanger

Se suponía que este año Europa iba a meter orden en su casa. Por fin iba a ratificar un acuerdo con el Reino Unido sobre su partida del bloque. El presidente francés, Emmanuel Macron, con sus grandes planes de revitalizar el Viejo Continente, iba a remplazar a la canciller de Alemania, Angela Merkel, como el líder de facto de la unión. Se iba a detener la recaída de la democracia en Hungría y Polonia. El populismo iba a quedar contenido.

Ojalá fuera el caso.

El descontrol ahora es cosa de todos los días. Mientras otro año de furia llega a su fin, la diferencia es que la Unión Europea ya no tiene a un líder fuerte que la guíe a través de las crisis que siguen cambiando su agenda de forma drástica. Merkel era esa persona, pero ahora está a punto de terminar su mandato y su voz cada vez es más silenciosa en los asuntos europeos. En Francia, Macron se enfrenta a protestas violentas y una crisis doméstica en estado avanzado de la cual es responsable, y su presidencia está en riesgo.

El martes, la agitación política fue evidente en los últimos cambios del gran psicodrama británico llamado brexit. La primera ministra Theresa May pasó una gran parte del día viajando a capitales europeas para sostener reuniones de emergencia, como una penitente en una especie de peregrinación continental extrema, en la que buscaba con desesperación la ayuda de los europeos nuevamente, a fin de resucitar un acuerdo del brexit que retiró de una votación parlamentaria porque quería evitar una derrota segura.

“Llegó el momento de la verdad, un momento de reconocimiento de que las cosas son más difíciles de lo que parecían hace un año”, comentó Pierre Vimont, exembajador francés y exdirector del servicio exterior europeo.

El hecho de que la agitación reciente provenga de los tres poderes históricos de Europa occidental —alguna vez considerados las fuentes de la estabilidad política— demuestra cómo no ha habido ningún rincón de Europa que haya sido inmune a las fracturas políticas que se han propagado por todo el continente desde la crisis financiera de 2008 y que después ganaron velocidad con la crisis migratoria en 2015.

Más tarde, esta misma semana, los líderes europeos se reunirán en Bruselas para una cumbre de fin de año que en teoría ofrecerá una oportunidad para sacar de la agenda la partida del Reino Unido de la unión, o brexit, y establecerá los términos para las próximas elecciones de mayo en las que se votará para tener un nuevo Parlamento europeo. Las elecciones en Europa a menudo han frustrado a los votantes de los 28 Estados miembro del bloque, aunque los resultados podrían ser fundamentales en esta ocasión, pues los partidos de extrema derecha esperan usar las elecciones para aumentar su poder en Bruselas.

La pregunta inmediata y apremiante es quién puede organizar y liderar Europa ahora que está surgiendo una nueva generación de políticos, en Alemania y en otros países, cuestionó Daniela Schwarzer, directora del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores. Se acerca el fin de los mandatos actuales en la Comisión y el Parlamento Europeos y, con Merkel y Macron debilitados, no hay ningún líder paneuropeo convincente.

Merkel ofrecía una voz seria para Europa que comandaba la atención del mundo y podía dominar la cantidad cada vez mayor de líderes nacionalistas de otros Estados miembro. Sin embargo, su sucesora más probable, Annegret Kramp-Karrenbauer, aunque es pro-Europa, es relativamente neófita y cuenta con poca experiencia en política exterior. Además, los problemas políticos de Macron en París significan que la alianza entre franceses y alemanes en el centro de la creación de políticas de Europa está en un estado de desorganización profundo.

“Con el brexit y el aumento en las tensiones y la polarización entre los gobiernos de la Unión Europea, así como el debilitamiento del sistema de Bruselas, hay más trabajo para las iniciativas nacionales y multilaterales”, comentó Schwarzer. “Pero si eliminamos esa parte, necesitamos líderes, al menos gente que pueda motivar y dirigir pequeños grupos de países”.

Dominique Moïsi, politólogo francés del Institut Montaigne, un grupo de investigación, señaló que se había reducido el liderazgo europeo porque los dirigentes de países clave como el Reino Unido, Francia y Alemania ahora estaban concentrados en lo que sucedía al interior de sus países y “tenían poco poder en un escenario de deterioro competitivo”.

“En este momento Europa debería tener un papel importante, pero solo está preocupada y obsesionada por sí misma y por lo que sucederá el día de mañana en el Reino Unido, Francia y Alemania”, mencionó, para luego añadir que “lo más preocupante es la Francia de Macron, quien iba a ser el portador de la llama de la esperanza, pero ahora transporta la desesperación y la ira”.

La agitación política que amenaza a la república francesa, tan central para el proyecto europeo, sería devastadora, aseguró Moïsi.

“Si Macron fracasa, el futuro de Francia es el presente de Italia”: un regreso, teme Moïsi, de los extremos del país, en especial del Frente Nacional de extrema derecha, el cual se renombró “Agrupación Nacional” y aún lidera Marine Le Pen.

Vimont, exdirector del servicio exterior europeo, advirtió que los problemas del bloque trascendían al Reino Unido, Francia y Alemania, pues incluían a países como Suecia, el cual aún no tiene un gobierno debido a un sólido voto populista; Bélgica, donde el partido populista de derecha acaba de abandonar al gobierno por el tema de la migración; y España, Holanda y Dinamarca, donde las mayorías en el gobierno son débiles y la ira popular está creciendo en asuntos de la migración, el islam y la identidad.

“Hay diferentes formas, pero la misma causa: la política económica, la globalización, las nuevas tecnologías, un nuevo mundo multipolar, el ascenso de China”, comentó Vimont. “Se reduce a la insatisfacción de una gran cantidad de nuestros ciudadanos, que están alzando la voz fuerte y claro, y aún no hay nadie que proponga un futuro que tome en cuenta ese descontento”.

Las elecciones para el Parlamento Europeo a celebrarse en mayo serán la siguiente prueba, dado el grado de desconexión que parece haber entre las contiendas y las vidas de la gente común y corriente. Partidos de extrema derecha de todo el continente ya se están organizando, con la esperanza de ganar una buena parte de las curules, mientras que los partidos tradicionales están luchando por presentar un argumento convincente en favor de la unidad europea.

“¿La gente verá la importancia de esta votación?”, cuestionó Vimont. “Y si votan, ¿lo harán por las razones correctas? ¿Habrá un voto a favor de Europa o, como me temo, un reproche nacionalista hacia los gobiernos?”.

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