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Con detector de emociones, UAQ ayuda a niños con dolor crónico

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Desde 2016, el grupo de investigación de la UAQ aporta tecnología a la Universidad de Colima y la UNAM para avanzar en la psicología hospitalaria

Tener evaluaciones más certeras para la toma de decisiones clínicas, además de ayudar a reducir costos y tiempos en el tratamiento médico de niños en hospitales y casas hogar de Colima, Guadalajara y Ciudad de México, son los resultados que ha demostrado el sistema termográfico portátil para la detección de emociones que desarrollaron investigadores de la Facultad de Ingeniería en Campus San Juan del Río.
Esta colaboración surge del aporte de Luis Alberto Morales Hernández y del doctorante Irving Cruz Albarrán, para sustentar con tecnología elaborada en la UAQ el estudio que actualmente realiza Verónica Guzmán Sandoval, psicóloga de la salud perteneciente a la Universidad de Colima, quien trabaja en la evaluación del estrés y la ansiedad en población infantil de entre 7 y 12 años que padece enfermedades como diabetes y cáncer.
Desde 2016 se lleva a cabo esta sinergia multidisciplinaria que se inscribe en el ámbito de la medicina traslacional, ya que fusiona la tecnología con la psicología hospitalaria y la técnica de ‘biofeedback’, es decir, el monitoreo por sensores por medio del cual el paciente puede conocer en tiempo real sus parámetros fisiológicos. En este caso, la cámara termográfica UAQ tiene por objetivo mostrar temperaturas específicas en los biomarcadores faciales para la detección de emociones.
El análisis de imágenes termográficas en pacientes con dolor crónico es un procedimiento no invasivo que ayuda a detectar y evaluar de manera más eficiente y en menor tiempo los estados afectivos de los niños, gracias a que se trata de información cuantitativa; esto contribuye a que los especialistas en psicología clínica puedan tomar mejores decisiones terapéuticas y medidas preventivas de salud.
“La gran mayoría tiene como reto el financiamiento para emprender investigaciones que ayuden a resolver problemas sociales; vemos que el trabajo se puede potenciar si nos fusionamos entre diferentes profesionales; hay gente muy capacitada en nuestro país, como los grupos de investigación de la UAQ, la UNAM y la Universidad de Colima que están vinculados en el área de tecnología y clínica, sí hay talento mexicano, hay ganas y sí hay ideas, no estamos estáticos o indiferentes a los problemas sociales”, subrayó.

Cambios de ánimo

Al respecto, Verónica Guzmán precisó que el cambio de estado anímico de los pacientes, que puede visualizarse en puntos específicos del rostro, se debe a la modificación de las sustancias que sirven como indicadores fisiológicos en el organismo en una situación específica, por ejemplo, el proceso del dolor. Uno de estos indicadores es la glucoproteína interleucina-6 (IL-6), que incide en el sistema inmunológico para síntesis de anticuerpos y que actualmente estudia la investigadora.
En un proceso doloroso, el sistema nervioso ordena la elevación de la frecuencia cardiaca y la disminución de la capacidad de oxigenación, estos cambios van acompañados de pensamientos de peligro en el niño, producto del instinto de supervivencia humano. Cuando este proceso es crónico, como en las enfermedades oncológicas, el organismo está en una constante hiperactivación debido a la gran cantidad de estresores que involucran el tratamiento: punciones, quimioterapias, cirugías y tratamientos invasivos.
Foto: Unsplash
Estos procesos fisiológicos de dolor, señaló, se pueden ver reflejados en determinadas expresiones faciales que duran milisegundos y que pueden representar ira, angustia, desagrado, preocupación, tensión, entre otras emociones. Si el paciente está sometido a hospitalización por largo tiempo, esto puede producirle baja del sistema inmune, menor eficiencia, menor interacción social y estados anímicos que pueden degenerar en patologías como trastornos por estrés y depresión, y por lo tanto afectar su calidad de vida.
“Hoy en día, los niños tienen que adaptarse a un entorno adulto que le genera ciertos hábitos de comer, ritmos y estilos de vida en los que empiezan a aparecer enfermedades que no eran comunes y que se requiere atender de manera integral. Como psicóloga de la salud ya no era suficiente una sola disciplina para atender, por ejemplo, a un niño que tenía diabetes, que a su vez tenía depresión, dolor, conflictos económicos o familiares, una serie de factores que inciden en el cuadro clínico”, detalló.

Otras técnicas

Guzmán Sandoval puntualizó que antes de utilizar la tecnología de visión artificial de la UAQ evaluaba las emociones de los niños con escalas psicométricas utilizando la terapia cognitivo conductual, una técnica tradicional de la psicología de la salud; sin embargo, esta técnica comprende la medición de parámetros subjetivos, ya que el niño puede decir al terapeuta cierto estado emocional pero sus expresiones faciales reflejan una situación diferente.
“Con la terapia cognitivo conductual duraba en promedio una hora por cada niño, y durante el día tenía que atender hasta 20 pequeños, y cada niño era un caso muy particular por lo que el tiempo era una limitante. Además, no se veían diferencias a nivel emocional pues al momento de retirarse la terapia el padecimiento volvía. A veces no se podían atender a todos los niños o el tiempo para estudiar cada caso contemplaba tiempo extra para sistematizar toda la información obtenida de las intervenciones y mediciones con cada niño”, resaltó.
Redacción / CEPL

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