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Remesas y desempleo, principales daños que ha dejado el coronavirus en la Sierra

Remesas y desempleo, principales daños que ha dejado el coronavirus en la Sierra
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La Sierra Gorda queretana vive de forma distinta la pandemia por coronavirus, pues allá la preocupación radica en la falta de ingresos por los migrantes que viven en EUA

Khalid Osorio

En la Sierra Gorda el ambiente ante el COVID-19 es diferente, no hay paranoia, pero sí preocupación por buscar alternativas ante la falta de remesas y empleo. El golpe en Estados Unidos a los paisanos impacta en las comunidades queretanas, en los bolsillos de quienes esperan los envíos de sus familiares.

Los serranos acatan las medidas del Gobierno estatal con la esperanza de que esta ‘enfermedad’ pase pronto. Muchos usan gel antibacterial, cubrebocas y tratan de seguir al pie de la letra las recomendaciones, crean o no en la existencia de coronavirus.

La comunidad El Madroño, perteneciente al municipio de Pinal de Amoles, es un lugar donde, a pesar de las limitaciones en cuanto a infraestructura de telecomunicaciones, los ciudadanos son conscientes de la problemática que existe a nivel mundial.

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Tal es el caso de Ángel Mejía, habitante de este lugar, quien explica que tiene familiares en Estados Unidos, quienes dejaron de enviar remesas debido a la incertidumbre en la que viven por las medidas de confinamiento adoptadas por la Administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

La falta de derechos laborales de los migrantes queretanos los hace vulnerables, por la cual prefieren guardar el dinero para permanecer más tiempo en Estados Unidos con la esperanza de que la pandemia y las medidas económicas les permitan recuperar su empleo. Mientras, en la sierra, sus familiares solo esperan.

La pandemia alcanza a la Sierra Gorda

Para las comunidades más alejadas de Querétaro, la salud pasó a segundo plano, hoy comienzan a resentir los daños colaterales del COVID-19: el desequilibrio económico derivado de las remesas.

Los estragos producidos por el COVID-19 afectan a nivel global, quizá de manera distinta en cada lugar, pero alcanza sitios que parecen apartados al contexto mundial, tal es el caso de los municipios ubicados en la zona serrana del estado de Querétaro, que a pesar de ser custodiados por montañas enormes y caminos difíciles de transitar, ya sufren las consecuencias de esta pandemia, en especial en su economía.

La comunidad El Madroño, perteneciente al municipio de Pinal de Amoles, es un lugar donde, a pesar de las limitaciones en infraestructura de telecomunicaciones, los ciudadanos son conscientes de la problemática del COVID-19, tales el caso de Ángel Mejía, quien explica que tiene familiares en Estados Unidos, los cuales dejaron de enviar remesas a sus lugares de origen debido a la incertidumbre en la que viven por las medidas de confinamiento adoptadas por la el gobierno de Donald Trump.

La falta de derechos laborales de los migrante en Estados Unidos los hace vulnerables a ser despedidos, por la cual prefieren guardar el dinero para permanecer el mayor tiempo en este país y con la esperanza de que la pandemia pase pronto, que las medidas económicas les permitan recuperar su empleo y volver a tener ingresos suficientes para enviar a sus familias en México.

En semanas anteriores, el envío de dólares hacia México tuvo un incremento debido a su alta cotización, explica Ángel Mejía, pero repentinamente detuvieron el flujo de dinero. Él es uno de los afectados por la contingencia, explica, pues vive de los atractivos turísticos naturales de la zona serrana: el mirador Cuatro Palos, el Chuveje y el río Escanela, mismos que están cerrados hasta nuevo aviso.

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María de la Luz Mejía Carvajal, es una de las personas que ofrece paquetes turísticos en la cabecera municipal de Pinal de Amoles, además de esto cuenta con un hotel justo en el centro del pueblo. Cuándo comenzaron las recomendaciones para que las personas no salieran de sus casas; su negocio comenzó a tener dificultades. Las tarifas normales que maneja el hotel se modificaron con la intención de atraer a un mayor número de huéspedes. Sin embargo, la semana pasada únicamente rentó una habitación, Cuando el promedio es de cinco por día, tomando en cuenta los fines de semana.

El turismo es la principal actividad económica para los habitantes de Pinal de Amoles, comenta María de la Luz, pues en el municipio no existen otras fuentes de empleo, a diferencia de los municipios de la zona conurbada, en donde existe industria y por ende un mayor número de ofertas laborales.

La cancelación del Concurso Nacional de Huapango fue otro fuerte golpe para los empresarios regionales, quienes apoyaron con infraestructura y patrocinios para la realización del concurso y cuya inversión se esfumó de la noche a la mañana.

Pinal de Amoles es un pueblo pequeño, en donde vivimos los unos con los otros. Aquí no hay empresas, no hay otra manera de salir adelante, y lamentablemente le está pegando económicamente a la gente. El dinero circula entre todos los habitantes, unos les compran a otros y viceversa, por lo tanto al detener la actividad económica se interrumpe este ciclo”, explica, mientras señala al exterior de su negocio.

Las calles en Pinal de Amoles lucen solitarias. Un pueblo lleno de vida, con turistas que recorren el centro ahora parece un pueblo fantasma, apenas se ven personas de forma esporádica, varias con cubrebocas. La pequeña plaza que se realiza los fines de semana en el centro se canceló, en las calles únicamente descansan algunos puestos de acero vacíos y cubiertos con tela. Un letrero de películas y discos yace sobre el suelo.

Javier Mendoza es uno de los comerciantes que vendían en la plaza del centro en Pinal de Amoles. La prohibición para colocar los puestos hizo que buscara otra medida para poder comercializar elotes y dulces, que ahora carga en una carretilla mientras recorre las distintas comunidades. Explica que los inspectores del municipio siempre están alerta por las personas que no quieren acatar las medidas. A los comerciantes que cuentan con un establecimiento sólo se les permite operar hasta las seis de la tarde, los que cuentan con un puesto improvisado en las colonias aledañas recibieron la indicación de no poder operar hasta nuevo aviso.

El joven comerciante no cree en la gravedad ni en la magnitud de la pandemia del coronavirus. Sigue las recomendaciones que escucha en la radio o la televisión, pero sin preocuparle demasiado. La preocupación real para él es tratar de vender todos sus productos, a pesar de que esto implique un mayor esfuerzo por el recorrido que debe realizar.

Yo personalmente no creo en eso, pero hay que respetar las medidas de las autoridades, ya se presentaron dos casos en donde los inspectores amenazaron con multar o quitar la mercancía a otros comerciantes. Ellos están saliendo a vender por la necesidad más que por las ganas de estar afuera, porque van al día, y tienen que pagar muchas cosas”, cuenta Javier mientras saca un elote de una pequeña olla para prepararlo.

Al igual que él, hay una parte de la población que se mantiene escéptica, otros sí modificaron sus actividades habituales, siguiendo al pie de la letra las indicaciones.

Algunas comunidades optaron por aislarse y dar aviso entre los vecinos sobre la presencia de personas extrañas o ajenas al contexto habitual, tal es el caso de la comunidad La Barranca, en donde los habitantes alertan a los elementos de Protección Civil cuando detectan actividades inusuales de personas desconocidas para que éstos sean retirados.

Ángel Reséndiz, líder en la comunidad, explica que, a raíz del surgimiento del COVID-19 y su llegada a Querétaro, los elementos de Protección Civil les sugirieron no salir y dar aviso de personas extrañas. Sin embargo, señala que el aislamiento es una medida difícil de cumplir por la lejanía de la comunidad con la cabecera municipal y requieren salir a buscar sustento y alimentos. Esta es una mayor preocupación que el coronavirus, comenta.

A nosotros no nos preocupa, mucha gente anda espantada pero sólo Dios sabe sobre eso, aquí no creo que llegue. Sí nos vamos a morir, pero no sabemos ni de qué”, indica.

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El señor Reséndiz tenía trabajos itinerantes,  ahora no cuenta con un ingreso porque las personas que lo contratan se vieron obligadas a suspender sus actividades. Actualmente obtiene una parte del alimento en su propio hogar, cuenta con algunos nopales de los que echa mano para cocinar, así como de algunos animales que deambulan por su propiedad como gallinas, un pequeño cerdo y al menos media docena de cabras.

El maíz es básico en la alimentación, pero no lo produce, por lo que requiere dinero para salir a comprar un costal. La comunidad de La Barranca se compone en su mayoría de cabañas de madera, algunas más elaboradas que otras. Los caminos que llevan hasta este lugar son veredas difíciles de andar, por lo que en caso de requerir apoyo médico, tienen que trasladarse hasta la cabecera municipal.

Aunado al problema de movilidad, denuncia el señor Reséndiz, el hospital de Pinal de Amoles no cuenta con el equipamiento suficiente para atender los requerimientos de los pobladores y comúnmente se les pide acudir al Hospital General de Jalpan de Serra, un municipio vecino que se encuentra aproximadamente a 40 minutos en auto.

Restringen paso al Hospital

El Hospital General en Jalpan de Serra adaptó un área confinada que funciona como un primer filtro para atender enfermedades respiratorias, o aquellas que presenten síntomas que pueden encuadrar en un caso de contagio por Covid-19.

La intención, comenta uno de los vigilantes, es no arriesgar a los pacientes que se encuentran al interior del hospital a tener contacto con una persona que pueda tener el virus; en caso de presentarse un caso positivo, este se tratará en un área separada.

En los alrededores del hospital se mantiene un cerco delimitado por cinta policiaca que desata rumores entre las personas que se encuentran cerca del nosocomio, algunos dicen que ya se detectaron casos, por lo que el paso está restringido, otros indican que hay personas aisladas por el virus. La finalidad del cerco es evitar que las personas se conglomeren como medida precautoria, explica una oficial de policía.

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En días pasados hubo una alta demanda de pacientes de solicitaban atención, quizás por la paranoia. Sin embargo, gracias a la labor informativa por parte de médicos y enfermeras, la inquietud de los habitantes disminuyó, así como la recurrencia en las consultas, explica un elemento de seguridad que brinda información afuera del hospital.

En la zona serrana, la preocupación se concentra principalmente en el tema económico, ya que a pesar de parecer un problema macro, este tiene alcances hasta las comunidades más alejadas. El temor de los habitantes por adquirir el virus es una realidad, para otros,  a veces, parece mínimo, algunos se niegan a creer, otros lo dejan a voluntad divina, y muchos más cuentan con problemas diversos que no les permiten darse el tiempo para pensar en la magnitud de la pandemia actual.

AMIP.

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