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Opinión

El país con más trabajadores de la salud fallecidos: Carlos Olguín

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El ataque contra las clases medias: Carlos Olguín

La ausencia absoluta de equipo básico de protección para trabajadores en la primera línea de batalla en los primeros meses de la pandemia, se asoma como la causa principal de las infecciones y muertes del personal de salud mexicano

Carlos Olguín/Columnista

Mientras que el presidente no reconoce la utilidad de las pruebas que fueron tan imperiosamente sugeridas por la OMS, y López Gatell, las desprecia, tal parece que eso no aplica para todos, pues acaba de reconocer que él se hace una prueba por semana, ¿Y los demás?, no está mal que se haga la prueba, lo que está mal es que todos y todas no tengamos acceso a ella, y que solo quienes pueden pagar los más de 3,500 pesos por cada prueba estén seguros, porque él se gasta cuatro por mes.

Por otro lado, los que si se la rifan, no tienen ni una prueba, pues de acuerdo con The Lancet, la revista británica que se ha convertido en un referente sobre descubrimientos y avances en la lucha contra el COVID19 en el mundo, público el sábado 19 de septiembre, destaca que la combinación de falta de pruebas para saber quién tenía la enfermedad, y la ausencia absoluta de equipo básico de protección para trabajadores en la primera línea de batalla en los primeros meses de la pandemia, se asoman como la causa principal de las infecciones y muertes del personal de salud mexicano.

The Lancet señala que al 3 de septiembre pasado, mil 320 trabajadores mexicanos de la salud habían fallecido, según información de Amnistía Internacional, pero la cifra se ha incrementado desde entonces.

El Director de Epidemiología de la Secretaría de Salud, José Luis Alomía, indicó unos días después que el número había llegado a mil 410, «la mayoría de ellos doctores» es decir, el 20 por ciento de los 7 mil fallecidos registrados en todo el mundo entre quienes trabajan en el sector salud.

Los países con el peor manejo de la pandemia, también han seguido a México con este pésimo ejemplo son Estados Unidos -el país con mayor número de infecciones y de muertes en el mundo-con mil 077 trabajadores de la salud fallecidos, seguido de Brasil, con 634, e India con 573, todos gobiernos populistas y que han menospreciado la pandemia.

Casi la mitad de los trabajadores en el sistema de salud mexicano «no recibieron ningún equipo especial para protegerlos», dijo en Washington, D.C., a principios de septiembre, la directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) Carissa Etienne.

Se han excepcionado diciendo que los hospitales de México no han colapsado como en otros lugares del mundo, eso es porque de acuerdo con datos del propio gobierno como el titular del CENAPRECE 80% de los muertos no han llegado al hospital, se han muerto en sus casas, siguiendo el ejemplo de lo que les dijo López Gatell, no usar cubre bocas ni hacerse pruebas.

Con excesos de muertes que han dejado hasta sin actas de defunción a varios estados del país, con una ineptitud inédita y una soberbia increíble para reconocer la avasallante realidad, oídos sordos hasta nuestro único premio Nobel de Química Mario Molina, que en su lecho de muerte pidió usar cubre bocas.

Con recortes al programa de vigilancia epidemiológica en plena pandemia, con recortes a la ciencia, eliminación de fideicomisos que ayudan a desarrollar ciencia y tecnología, esa es la respuesta que ofrecemos.

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Opinión

Comunicar el nuevo gobierno, uno de los retos de Mauricio Kuri: Javier Esquivel

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Comunicar el nuevo gobierno, uno de los retos de Mauricio Kuri: Javier Esquivel

Diversos estudios internacionales señalan que, cuando las expectativas se cumplen en el corto plazo, la confianza en los nuevos gobiernos se afianza (más…)

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Opinión

La voz del Vicario de Cristo

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Autor:

La oración pascual de Jesús por nosotros

En esta serie de catequesis hemos recordado en varias ocasiones cómo la oración es una de las características más evidentes de la vida de Jesús: Jesús rezaba, y rezaba mucho. Durante su misión, Jesús se sumerge en ella, porque el diálogo con el padre es el núcleo incandescente de toda su existencia.

Los Evangelios testimonian cómo la oración de Jesús se hizo todavía más intensa y frecuente en la hora de su pasión y muerte. Estos sucesos culminantes de su vida constituyen el núcleo central de la predicación cristiana: esas últimas horas vividas por Jesús en Jerusalén son el corazón del Evangelio no solo porque a esta narración los evangelistas reservan, en proporción, un espacio mayor, sino también porque el evento de la muerte y resurrección –como un rayo– arroja luz sobre todo el resto de la historia de Jesús.

Él no fue un filántropo que se hizo cargo de los sufrimientos y de las enfermedades humanas: fue y es mucho más. En él no hay solamente bondad: hay algo más, está la salvación, y no una salvación episódica –la que me salva de una enfermedad o de un momento de desánimo– sino la salvación total, la mesiánica, la que hace esperar en la victoria definitiva de la vida sobre la muerte.

En los días de su última Pascua, encontramos por tanto a Jesús, plenamente inmerso en la oración.
Por tanto, Jesús reza en las horas decisivas de la pasión y de la muerte. Con la resurrección el padre responderá a la oración. La oración de Jesús es intensa, la oración de Jesús es única y se convierte también en el modelo de nuestra oración. Jesús ha rezado por todos, ha rezado también por mí, por cada uno de vosotros. Cada uno de nosotros puede decir: “Jesús, en la cruz, ha rezado por mí”.

Ha rezado. Jesús puede decir a cada uno de nosotros: “He rezado por ti, en la última cena y en el madero de la cruz”. Incluso en el más doloroso de nuestros sufrimientos, nunca estamos solos. La oración de Jesús está con nosotros. “Y ahora, padre, aquí, nosotros que estamos escuchando esto, ¿Jesús reza por nosotros?”. Sí, sigue rezando para que su palabra nos ayude a ir adelante. Pero rezar y recordar que él reza por nosotros.

Esto me parece lo más bonito para recordar. Esta es la última catequesis de este ciclo sobre la oración: recordar la gracia de que nosotros no solamente rezamos, sino que, por así decir, hemos sido “rezados”, ya somos acogidos en el diálogo de Jesús con el padre, en la comunión del Espíritu Santo.

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Opinión

El buen pastor

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Autor:

Padre Nicolás Schwizer
Instituto
de los Padres
de Schoenstatt

 

El Evangelio de hoy relata un milagro bien conocido y, además, simpático por sus rasgos tan humanos. ¿Y cuál es la situación concreta que nos revela el texto?

Por una parte, están los apóstoles: son pescadores y marineros expertos. Se enfrentan de repente con un huracán muy fuerte. Y, por eso, tienen miedo, están desesperados, se sienten perdidos.

Por otra parte, está Jesús. Está durmiendo tranquilo, agotado por las actividades apostólicas del día. Duerme profundamente porque se sabe cobijado en Dios, porque está unido a su padre.

Finalmente la situación se torna tan difícil y desesperante que los apóstoles tienen miedo de hundirse. Y ven como única y última esperanza despertar a Jesús para que los salve. Y el señor, una vez más, manifiesta todo su poder, dominando también la naturaleza.
Ahora, ¿cuál es el mensaje de este Evangelio de hoy? Lo revela la palabra final de Jesús a los apóstoles: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?” A la mejor, este reproche del señor nos sorprende un poco. Porque los apóstoles tenían fe en él. Por eso recurrían a él en el peligro. Pero su pedido fue un pedido desconfiado, lleno de inquietud y duda.

La barca de nuestra vida atraviesa muchas tormentas. Es inevitable. Pertenece a la existencia humana. Pensemos, por ejemplo en las tormentas de la:
Vida familiar: problemas materiales, dificultades en el matrimonio, en la educación de los hijos.
Vida profesional: falta de trabajo, cesantía, injusticias.
Vida religiosa: crisis y dudas de fe, desilusiones con sacerdotes, alejamiento de la Iglesia y de Dios.
Vida personal: limitaciones físicas o síquicas, enfermedades, tentaciones, enemistades, golpes del destino como la muerte de un ser querido.
En estas tormentas de la vida, los cristianos debemos distinguirnos de los demás. Sabemos que no estamos solos en nuestra barca de vida. Sabemos que Jesús nos acompaña aun cuando parezca dormir y no preocuparse por nosotros. La fe nos dice que él no duerme, sino que vela por nosotros. Porque él está comprometido, está metido dentro de la misma barca nuestra.

Dios es un Dios de la vida. Está presente permanentemente en nuestra vida. Porque la fe no es aceptar artículos de fe: es creer en una persona, es creer en Jesucristo, es confiar en él, es confiarse a él. Por eso, el sentido de las tormentas en nuestra vida es: probar nuestra fe en una situación extrema; acercarnos más a Dios y poner en él toda nuestra confianza.

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Opinión

Evangelio: ¿Quién es este, a quien hasta el viento y el mar obedecen?

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Autor:

Del santo Evangelio
según san Marcos: 4, 35-41

 

Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla del lago». Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas.

De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: «Maestro, ¿no tes importa que nos hundamos?». Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: «¡Cállate, enmudece!». Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: «¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?».

Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?».

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Opinión

Querétaro y las Ciclociudades: Consejo Ciudadano de Urbanismo

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Consejo Ciudadano de Urbanismo

Como lo afirma el Instituto Mexicano para la Competitividad, para atacar los problemas de congestión vial, contaminación ambiental y huella de carbono desmedida es necesario fomentar una movilidad urbana más eficiente

(más…)

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