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Joselito, el rey de los toreros (II): Juan Carlos Sámano

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A sus escasos 25 años, sentía en lo más profundo de su ser, esa necesidad de disfrutar la vida del hogar. Una vida de campo, criando ganado manso

Juan Carlos Sámano

Como parte de la vida de éste llamado “mito” del toreo, sin duda está el aspecto sentimental, el relacionado con el amor, ese gusto tan especial que José Gómez Ortega sentía por la mujer. Aparte de su genialidad como torero, recordemos que como ser humano, sentía, quería y por ende también, llegó a enamorarse. Y es sobre este tema y del futuro tan anhelado que “El Gallo” tenia para él y su amada ya lejos de las presiones que implicaba el ser la figura indiscutible del toreo en esas épocas.

“Las mujeres me gustan más que nada, como que si yo no torease más que para hombres, ya me habría cortado la coleta. Algunas veces, en esas tardes fatales, cuando casi con lágrimas saltadas se dejan los trastos de matar y se refugia uno en la barrera, al volver la cara al tendido, en medio de la hostilidad de los que gritan, se tropiezan nuestros ojos con los ojos bonitos de una gachí que, con la caricia de su mirada compasiva, quiere consolarnos”. Palabras dichas por Joselito poco antes morir.

A sus escasos 25 años, sentía en lo más profundo de su ser, esa necesidad de disfrutar la vida del hogar. Una vida de campo, labrando una dehesa, criando ganado manso y sin perderse una sola corrida de toros como espectador. Algunos de Ustedes se preguntaran: ¿Y quién era esa dama que despertó en Joselito este tipo de anhelos?, pues se trata de la bella y aristócrata sevillana Guadalupe, hija del popular ganadero Felipe de Pablo Romero. Joselito solía decir: “Estoy muy enamorado de Guadalupe y me voy a casar con ella. En muy poco tiempo, me retiro. Y lo voy a hacer como Guerrita: en la Feria del Pilar de Zaragoza, y por sorpresa”. Por supuesto que la familia de Guadalupe nunca aprobó esa relación, al grado de que a pesar que “El Gallo” había tentado en innumerables ocasiones en esa ganadería y que Don Felipe llegó a llamarle “hijo”, ahora era simplemente llamado de manera despectiva “gitano”.

Esa fatídica tarde del 16 de mayo de 1920 en Talavera de la Reina donde “Bailaor” le arrancó la vida, “Joselito”, se llevó a la tumba cuatro grandes pesares: el primero la muerte de su madre, la señora Gabriela; esa guerra con los Maestrantes por la construcción de la Monumental de Sevilla; las asperezas con la prensa en ese 1920, principalmente con Gregorio Corrochano y por encima de todo el amor imposible de Guadalupe.

 


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