El pulpo y las adicciones: José Luis Oliva
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El pulpo y las adicciones: José Luis Oliva

El pulpo y las adicciones

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La diferencia entre disciplina y adicción es que en la segunda se necesita menos voluntad para empezar a hacer que para dejar de hacer. En la primera es a la inversa

Si te digo que tú tienes cerebro de pulpo, es probable que dejes de leer y me digas “¡grosero!”, y abandones nuestro encuentro sabatino molesto. Pero espera, aún estás ahí y no te ofendas, pero es una demostración de que piensas como pulpo, igual que yo e igual que todos los humanos. No solo como pulpo, sino como tortuga, anemona y hasta como una bacteria. Nos alejamos de lo tóxico, nos acercamos a lo nutritivo, así estamos diseñados. ¿Entonces por qué actuamos de repente al revés? ¿Por qué nos acercamos y acercamos a lo tóxico y no podemos parar? Pues porque dejamos de actuar como pulpos. ¿Ya ves? ¡Es un halago tener cerebro de pulpo!

La diferencia entre disciplina y adicción es que en la segunda se necesita menos voluntad para empezar a hacer que para dejar de hacer. En la primera es a la inversa. Ambas generan dopamina, solo que una se deriva de una deformación de los circuitos del placer y ocurre que nos volvemos adictos; preferimos algo que nos hace daño o al menos nos evita estar contentos con lo que hacemos. La disciplina está basada en la autoafirmación y la adicción en la autonegación. De ahí, que todas las escuelas espirituales discipulares tengan una fuerte mezcla de las dos “autoestrategias”. Pero vamos a lo nuestro: a la productividad y cómo aumentarla con la consciencia. Sin duda, las adicciones son la piedra angular de la gran nación: ProcastiNACIÓN. La peor enemiga de la productividad. Asomémonos a algunas adicciones, para en las siguientes entregas dar algunos atisbos de herramientas para combatirlas, empezando por diagnosticarlas.

1. En estado puro. Sustancias que alteran el circuito de generación de dopamina en espiral descendiente generando dependencia. Del café a la heroína, pasando por la nicotina y el alcohol.

2. A la tecnología. Mantenerse ‘on-line’ es uno de sus síntomas.

3. A la distracción. No importa cómo ni cuándo, pero el chiste es estar distraído.

4. A nosotros mismos. Establecemos fácilmente relaciones intensas para luego abandonarlas con estrépito. Objetos, personas, lugares

5. Al pensamiento. No podemos dejar de pensar, no podemos meditar.

6. Al amor. Nos ilusionamos a tope y centramos toda dopamina en la presencia real o virtual del ser amado.


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