¿Laboras en el servicio público?: Sergio Arellano
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¿Laboras en el servicio público?: Sergio Arellano

Foto: Archivo

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La tarea de gobernar implica asertividad. No se trata de gestar el famoso elefante blanco o inventar nuevas teorías.

Sergio Arellano

Tomando en cuenta el valor de la academia, el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) publicó un estudio muy oportuno titulado ‘Hacia una política social integral’ y me permito recomendar este análisis que describe lo que debe atenderse para emprender políticas públicas contundentes.

Como sabemos, la coordinación es básica no solo en materia administrativa, sino en cualquier aspecto de la vida diaria. Siendo un error constante, los órganos gubernamentales optan por trazar planes de trabajo que por lo general se empalman o son similares con los de otras dependencias. Además de duplicar voluntades, se duplican los gastos, afectando los presupuestos.

Desde otra perspectiva, una de las fallas más comunes en el ejercicio del poder consiste en que los esfuerzos están encaminados al asistencialismo, pero no a la resolución de los conflictos de fondo; la autoridad –aunque no sean todas– enfoca sus acciones y programas al combate (efímero y momentáneo) de las necesidades, cuando la apuesta debe ser que las personas puedan ejercitar sus derechos sin limitación alguna desde un inicio, incondicionalmente y con el apoyo de las instituciones.

Algo que atrae mi atención es que los gobernantes afirman que están materializando la erradicación de la pobreza, la desigualdad, y se suman a la salvaguarda de los derechos de los grupos de atención prioritaria.

Toman la foto, se hace el padrón de algunos beneficiarios y presumen el logro desbloqueado. La realidad es que esta percepción es inexacta. Intervenir en ciertas comunidades no refleja el éxito del objetivo. ¿Solución? Lograr que los apoyos sean para una población total, evitar la sectorización y el olvido de los poblados marginados.

La reflexión final se encuentra en la planeación de estrategias coherentes, sin intereses personales, con datos y muestreos socioeconómicos confiables, privilegiando la carencia de ambición, ya que es mejor cumplir; así sean avances pequeños.


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