Tiroteos en las escuelas, ¿qué pasa con nuestra sociedad?: Abel Mejía

Foto: Archivo

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El tristísimo episodio que recientemente tuvo lugar en Torreón, Coahuila, donde un menor de once años mató a su maestra

Abel Mejía

El tristísimo episodio que recientemente tuvo lugar en Torreón, Coahuila, donde un menor de once años mató a su maestra, hirió a 5 de sus compañeros de sexto año y luego se suicidó, tiene que ser una llamada de atención que no debemos ignorar.

Aun en nuestro pobre México, donde desafortunadamente las muertes violentas se han vuelto algo cotidiano, este evento tiene que marcar un nuevo punto bajo al que tenemos que reaccionar.  Si no atendemos las potenciales causas de este tipo de conductas y no implementamos medidas de precaución corremos el riesgo de que estos fenómenos se repitan y se salgan fuera de control, como desafortunadamente ha sucedido en los E.U.A.

En nuestro vecino del norte, en los últimos 10 años ha habido al menos 180 tiroteos en centros educativos, causando al menos 365 víctimas. Lo peor del caso es que esta tendencia parece ir al alta, siendo que en 2018 hubo 37 personas fallecidas y 68 heridos en tiroteos escolares.  Dentro de todo este escenario trágico en los E.U.A., lo único rescatable son los diagnósticos preliminares que han arrojado las diversas investigaciones que se han hecho al respecto y que incluyen los puntos que abajo se describen.

Primero, en su gran mayoría los tiroteos escolares se realizan por alumnos actuales de las instituciones educativas o exalumnos de entre 13 y 18 años, raro es el caso de que el crimen se realice por alguien ajeno a la institución.  Dos, en la mayoría de los casos, el autor del crimen era una persona con condiciones familiares complejas, típicamente padres solteros, separados, desempleados, abusivos y/o con problemas de alcohol o drogadicción.

Tres, estas personas sufrían diversos grados de condiciones médicas como depresión, ansiedad o paranoia, lo que podría explicar en gran parte que la mayoría de estas personas se suiciden al finalizar sus ataques.  Cuarto, el asesino generalmente era una persona con problemática de socialización, sea que estaba extremadamente solitario o –muy frecuentemente- víctima de acoso escolar o “bullying” intenso, lo que los lleva a buscar una venganza sobre sus acosadores y sobre el resto de su entorno que permitía que se diera dicho acoso.

Quinto, todos estos individuos de alguna u otra forma habían tenido acceso relativamente sencillo a un arma de fuego localizada en casa o en el lugar de trabajo de alguno de sus familiares.

Sexto, casi todas estas personas días o meses antes del tiroteo manifestaron su intención de realizarlo, particularmente a través de redes sociales, o exhibieron signos de cambios radicales de conducta, volviéndose violentos y anti-sociales en un corto periodo de tiempo.

Como mínimo, nuestras autoridades educativas y policiacas, así como nosotros como sociedad civil, debemos analizar la información existente y establecer medidas para minimizar que se reproduzcan aquí estos lamentables hechos.

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