Añorando el trapio: Juan Carlos Sámano

Foto: Archivo

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En la actualidad, y por lo general, se están dejando a un lado conceptos sumamente importantes relacionados con su majestad el toro.

Juan Carlos Sámano

Conceptos que de manera directa tienen que ver con la trascendencia del la fiesta brava y la imagen de esos gladiadores que tarde a tarde se juegan la vida y transmiten a los aficionados. Definitivamente me refiero a la bravura y el trapío que deben de mostrar todos y cada uno de los bureles que salten al albero en cualquier plaza del mundo.

Entendamos por trapío a la buena planta y gallardía que tiene un toro de lidia. El trapío no es cuestión de tamaño, sino del conjunto de rasgos externos, actitudes y reacciones del toro, que son observables a simple vista. Este debe expresar de manera armónica el prototipo racial del burel. Un toro con trapío debe de reunir determinadas cualidades físicas y la presencia necesaria para poder ser lidiado en una plaza de toros. Definitivamente el trapío dependerá del fenotipo, en pocas palabras, a la apariencia externa. Los detalles más relevantes serían: tamaño y peso, conformación del tronco y sus extremidades, conformación de la cabeza y cuello y por último su cornamenta.

Saco a colación este tema, por la notoria falta de trapío mostrada por el ejemplar de la ganadería de Xajay que salió en tercer turno el pasado domingo en la sexta corrida de la Temporada Grande, y que de inmediato fue pitado sin que la autoridad se inmutara ante la protesta. Un toro con cara de novillo, escurrido de carnes y con una notable falta de remate. Recordemos que la fiesta de los toros está basada en la bravura de los ejemplares que se lidien y uno de los principales factores es esa sensación constante de peligro que estos causan, y un toro con trapío ayuda de sobremanera a que se pueda transmitir esa sensación al tendido.

La responsabilidad de lidiar toros con trapío corresponde tanto a ganaderos, a empresarios y a las autoridades, pues de ellos dependerá que esta bonita tradición cultural no tenga esa muerte lenta a la que hizo referencia Francis Wolf recientemente. Doble responsabilidad será para aquellos que desarrollan la doble función de ganadero y empresario, como fue el caso de Javier Sordo el pasado domingo.




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