¿Autonomía de la CNDH?

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Sergio Arellano

Televisión nacional. Millones de mexicanos al tanto de la transmisión en lo que se elegiría a la persona que presidiría la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Inconsistencias. La votación se vuelve controvertida en el instante del conteo y se especula que se inclinará a favor de una mujer que es cercana –como la mayoría de las que figuran en la terna– al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. Entre jaloneos, escenas dramáticas y dudas en el proceso del sufragio en el pleno del Senado, se da a conocer que la nueva presidenta será Rosario Piedra. Vamos por partes.

El órgano constitucional autónomo más importante del país posee dentro de su palpitar el principio de independencia de todo interés político; premisa que se incumple con la designación de Piedra Ibarra al haber sido candidata por una institución de esta índole a un puesto de elección popular. Segundo, al investir la figura de ‘ombudsperson’ está obligada a ser la defensora del pueblo y no rendir pleitesía a quienes la propusieron para esta posición privilegiada y de esta forma, emitir señalamientos objetivos en sus recomendaciones. Tercero, debe asumir la responsabilidad del cargo representa. No basta con ser una activista aguerrida y con ímpetu; como diría el discurso trillado: “pasemos de la protesta a la propuesta”. Necesita formular su plan de trabajo con sustento legal, conforme a los acuerdos internacionales y procurar en todo momento la tarea principal: fomentar que los estados de la República alcancen la percepción y la realidad de la seguridad jurídica, con espacios dignos de convivencia y, por supuesto, garantizando el respeto a la integridad de los que habitamos en esta soberanía. Desafortunadamente, la ciudadanía tiene que seguir en la lucha constante contra las arbitrariedades, el abuso de poder y los actos de corrupción en nuestro prejuicio; lo anterior cobra relevancia, porque uno de nuestros mecanismos para hacer valer nuestros derechos es el procedimiento de queja ante los organismos de derechos humanos. Si el capitán del barco no sabe interpretar las coordenadas, seguramente no llegaremos al puerto. Para concluir, me gustaría dejar como reflexión la necesidad de replantear el método de selección de los perfiles dirigen la CNDH. México requiere que sus instituciones operen con legitimidad.




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