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No dejes que Trump te vuelva insensible ante lo que es inaceptable: Nicholas Kristof

El problema de ser una rana que se encuentra en un matraz de laboratorio es que quizá no notes cuando la temperatura del agua comienza a hervir

Nicholas Kristof

A los humanos también les pasa eso. En Nueva Delhi, la gente se acostumbra al aire sucio. En Siria, a los puestos de control. En Angola, a la corrupción. En China, a la propaganda. Y, en Estados Unidos, corremos el riesgo de volvernos insensibles al colapso político, social y moral.

Día tras día, los escándalos y la disfunción brotan desde Washington, adormeciéndonos para que podamos olvidar cuán inusitadas y escandalosas son esas tendencias. Hace tan solo cinco años, Fox News deploraba un escándalo presidencial “impactante” y “desesperado” que el representante republicano Peter King describió como inexcusable: ¡Barack Obama vestía un traje beige! Ahora ni siquiera podemos hacer un recuento de cuántos son los países a los que el presidente Donald Trump les ha pedido favores políticos.

Recientemente, he estado viajando al extranjero, así que les he preguntado a periodistas y funcionarios cómo ven a Estados Unidos, y desde lejos ofrecen evaluaciones contundentes. “Si su presidente no es el candidato de Manchuria”, me dijo un alto funcionario europeo, “está haciendo una muy buena imitación de uno”.

Esa distancia puede ser útil para ver el panorama general. Para resistirnos a la complacencia, hagamos un balance:

En 2016, la pasividad de Obama y la intransigencia republicana pueden haber permitido que los ataques cibernéticos rusos allanaran el camino para la presidencia de Trump (no hay forma de estar seguros, pero eso es lo que sugiere el trabajo forense de Kathleen Hall Jamieson). Sin embargo, a pesar de las mejoras, Estados Unidos todavía no ha desarrollado una estrategia adecuada para frustrar la interferencia rusa o china en las elecciones de 2020.

Trump es un héroe para muchos cristianos evangélicos que solían enfatizar la importancia de los valores personales y la restauración del “honor y la dignidad” en la Casa Blanca. A pesar de eso, el actual mandatario estadounidense ya va por su tercera esposa, ha engañado a las tres mujeres con las que se ha casado y fue acusado por 25 mujeres de conducta sexual inapropiada. Además, Trump tuiteó el elogio de un partidario que lo comparaba con “la segunda venida de Dios”.

Desde que asumió el cargo, Trump ha hecho más de 13.400 declaraciones falsas o engañosas, según una base de datos de The Washington Post. Este periódico descubrió que recientemente aceleró sus falsedades a una tasa de 22 por día, más de una por hora de vigilia (he dado cobertura a los mandatos de muchos líderes mundiales, y los únicos dos que considero mentirosos patológicos son Trump y el expresidente paquistaní Pervez Musharraf).

Trump se ha declarado como “el elegido”. El mes pasado, su secretario de prensa habló del “genio de nuestro gran presidente”.

Trump, quien según una investigación de The New York Times se hizo rico en parte debido al fraude, se comprometió a combatir la corrupción y “drenar el pantano”. Desde entonces, ha perdido a más miembros del Gabinete por escándalos durante su primer mandato que cualquier otro presidente en la historia.

“No voy a tener tiempo para jugar al golf”, dijo Trump antes de su elección. De hecho, ha visitado clubes de golf en unas 224 ocasiones desde que asumió el cargo, incluidos más de tres meses en total en Mar-a-Lago. Estos viajes de vacaciones les han costado a los contribuyentes más de 100 millones de dólares.

La madre de Trump era inmigrante, al igual que dos de las mujeres con las que se casó (es posible que su esposa actual haya sido indocumentada). Sin embargo, ha separado a niños de sus padres en la frontera, y su gobierno ha argumentado que los niños inmigrantes detenidos no necesitan jabón ni cepillos de dientes.

Ni siquiera hemos mencionado que Trump intentó comprar Groenlandia o que se metía en los vestuarios de las mujeres para admirar a las adolescentes desnudas o que usa el lenguaje estalinista para denunciar a la prensa como el “enemigo del pueblo”, además de alegar que el cambio climático es una conspiración china, intentar prohibir la entrada de los musulmanes al país o desviar fondos para construir el muro que supuestamente sería pagado por México.

Ah, y ese muro multimillonario ahora lo están cortando los contrabandistas con sierras de 100 dólares.

Sin embargo, la disfunción de Estados Unidos va más allá de Trump, y durará más que Trump, aunque él la empeore.

Los niños estadounidenses de entre 1 y 19 años tienen un 57 por ciento más de probabilidades de morir que los de otras naciones avanzadas, según un estudio publicado en la revista Health Affairs. Esto se debe en parte a que Estados Unidos es prácticamente el único de estos países que no brinda cobertura de salud universal: Trump no creó ese problema, pero lo amplificó de tal manera que ahora el número de niños sin seguro está en aumento.

La vieja desigualdad económica en Estados Unidos, exacerbada por los recortes fiscales de Trump y otras políticas, es asombrosa. Un solo magnate de fondos de cobertura, James Simons, ganó 1600 millones de dólares el año pasado, es decir más de 4 millones de dólares al día; mientras tanto, en Estados Unidos hay 100.000 niños que no tienen hogar. Desde el año 2000, 61.000 niños en el sistema de acogida simplemente han desaparecido. Niñas y niños son vendidos como esclavos sexuales por proxenetas en todas las ciudades estadounidenses.

Estados Unidos no es, como Trump lo llamó una vez, un “infierno”. Es una nación con enormes fortalezas y recursos, pero ahora debemos reunirlos. Un mérito de nuestra especie es que somos adaptables y resistentes, y podemos acostumbrarnos a casi cualquier cosa.

Pero nunca deberíamos acostumbrarnos a todo esto. No dejemos que el goteo diario nos aturda al grado de terminar aceptando un nivel de disfunción trumpiana que jamás debería ser aceptable.





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