AM Querétaro



Foto: Archivo

Bienaventurados, los refugiados: Bret Stephens


Se nuestro fan en Google News



¿Ya eres fan?

Una mujer y su pequeña hija, de no más de seis o siete años de edad, están comprando provisiones en una tienda de barrio de una ciudad bombardeada. Ronda el año de 1947

Bret Stephens

Una mujer y su pequeña hija, de no más de seis o siete años de edad, están comprando provisiones en una tienda de barrio de una ciudad bombardeada. Ronda el año de 1947.

La guerra terminó, ya no hay alemanes, la Gestapo ya no está a la caza de judíos… Algunos de sus partidarios locales han sido encarcelados o asesinados. Muchos simplemente se quitaron los uniformes y regresaron a las vidas que habían dejado.

La madre habla con un rastro de acento extranjero. Mientras busca la cartera para pagar, el tendero le pregunta: “¿Por qué no se van por donde vinieron?”. ¿Adónde regresarían exactamente?

La mujer había huido de Moscú hacia Berlín cuando era niña, después de que los bolcheviques llegaron al poder en 1917 y arrestaron a su padre, de quien nunca se supo de nuevo. Luego, cuando aún tenía entre 20 y 30 años, escapó de Berlín hacia Milán, en algún momento entre la llegada de Hitler al poder en 1933 y la promulgación de las leyes raciales de Mussolini en 1938.

La mujer y su hija no eran ciudadanas de ningún país y vivían con nombres inventados. No tenían adonde regresar, hacia donde ir, ninguna forma de quedarse ni nada que pudieran hacer al respecto.

Volver a la Unión Soviética habría sido un suicidio. Israel todavía no existía. Alemania era imposible. En esencia, las puertas de Estados Unidos estaban cerradas. Esta era la vida de un refugiado en la Europa de la posguerra, previa a la reconstrucción.

El año siguiente, la situación cambió de forma drástica, cuando Harry Truman fi rmó la Ley de Personas Desplazadas, la primera vez que la política migratoria estadounidense se volvió empática de manera activa hacia las personas que estaban absolutamente desposeídas.

Gracias a la ley, madre e hija llegaron a Nueva York el 13 de noviembre de 1950, con apenas siete dólares entre las dos, pero sin el peso del miedo sobre sus espaldas. La acción de Truman se convirtió en un precedente para que Gobiernos subsecuentes decidieran recibir a otros refugiados.




. .

Deja una respuesta

avatar
  Suscribete  
Notificación de




/* ]]> */