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Foto: Archivo

Canallín, fúchila, guácala: Carlos Alberto Contró

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Hasta que vi el video lo pude creer: @lopezobrador_ dirigiéndose a un grupo de ciudadanos, les suelta: “Al carajo con la delincuencia, fúchila, guácala”. Esto, como lo expreso en el título de esta semana, lo ligo con una de las frases más famosas de los debates: “Ricky, riquín, canallín”.

El camino ya estaba trazado, bien le dijo Anaya a AMLO en ese momento: “Contesta sin payasadas”, y eso fue lo que obtuvo, su mote más famoso y que seguramente es lo que más recuerda la gente de esos enfrentamientos que, después de más de un año, vemos como si eran sustentados los argumentos, pero que, en ese momento, fueron borrados por esa frase, quizás hasta espontánea, del entonces candidato de Morena.

Así como fueron borradas la pruebas de Anaya, con expresiones como la de “fúchila, guácala” a la delincuencia, el presidente pretende borrar o teletransportar a otra dimensión la gran problemática de nuestra nación: la creciente ola delictiva y la inseguridad de los ciudadanos que se va extendiendo por todo el país.

Con otra de sus frases: “Becarios, no sicarios”, siguen acumulándose las exhortaciones a los grupos criminales del país, para que se arrepientan y hagan caso a los llamados que les hace el presidente, a integrarse a la sociedad, a ser parte del “pueblo bueno”.

El problema de fondo es que, cuando no se tiene congruencia, cuando los actos no son precedidos por dichos y pensamientos claros y dirigidos a un mismo punto, el resultado no va a ser en el sentido de la solución, sino más bien van a ir abriéndose frentes y acumulándose problemas.

Un problema de fondo que más nos puede llegar a afectar en el mediano plazo es la falta de acción de las Fuerzas Armadas, que es consecuencia de la orden directa de su comandante en jefe: “No reprimir al pueblo”.

Eso ha puesto a los soldados en situaciones delicadas, donde no pueden actuar cómo debe de actuar un miembro del Ejército: Imponer el respeto con base en su educación y disciplina militar.

La dignificación de las Fuerzas Armadas, la reivindicación como una de las instituciones más valoradas y respetadas por todos los mexicanos, es un asunto urgente, no solamente importante, sino hasta de seguridad nacional, ya que, mediante acciones claras, contundentes y efectivas, lograrán mucho más que frases o discursos “chistosos”.

El Ejército no es un conjunto de frases ocurrentes, así como no lo es la gravedad de las acciones y cifras de muertos e incidentes delictivos que van convirtiendo este año en el más violento de la historia de México.


“Rector



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