AM Querétaro



Foto: AP

Con Trump como presidente, el mundo está entrando en caos

Se nuestro fan en Google News



¿Ya eres fan?

Michelle Goldberg

A principios de esta semana, el embajador de Pakistán en Estados Unidos, Asad Majeed Khan, visitó al consejo editorial de The New York Times y yo le pregunté sobre la amenaza de que hubiera un conflicto armado entre su país e India por el control de Cachemira. India y Pakistán ya han peleado dos guerras por este territorio del Himalaya, el cual reclaman estos dos países, y cuya mayor parte está dividida entre ambos. En fechas recientes, India revocó la autonomía otorgada por la Constitución de la parte de Cachemira que controla y dejó a casi siete millones de personas prácticamente bajo arresto domiciliario. El primer ministro de Pakistán comparó a los dirigentes indios con los nazis y advirtió que su siguiente objetivo es Pakistán. Al parecer, existe la posibilidad de que haya una catástrofe humanitaria y geopolítica.

 

La respuesta de Khan no fue alentadora. “Somos dos grandes países con ejércitos enormes que tienen capacidad nuclear y antecedentes de conflictos”, señaló. “Así que no me gustaría preocuparlos con eso, pero claro que, si las cosas empeoran, entonces todo se pondrá peor”.

 

En todo el mundo, las cosas están empeorando. Tal parece que China está considerando aplicar medidas enérgicas en Hong Kong parecidas a las de la plaza de Tiananmén. Después de que hablé con Khan, aumentaron aún más las hostilidades entre India y Pakistán; el jueves, el combate en la frontera de Cachemira dejó un saldo de tres soldados pakistaníes muertos. (Pakistán también afirmó que murieron cinco soldados indios, pero India lo negó). Turquía está amenazando con invadir el noreste de Siria para perseguir a los aliados kurdos de Estados Unidos que hay ahí y no se sabe si se celebrará un acuerdo con Estados Unidos destinado a impedir esa incursión.

 

El programa nuclear de Corea del Norte y las pruebas de misiles balísticos continúan a ritmo acelerado. La posibilidad de una solución bilateral en Israel y Palestina es más remota de lo que ha sido en décadas. Las tensiones entre Estados Unidos e Irán siguen aumentando. Las relaciones entre Japón y Corea del Sur se han venido abajo. Un informe del Pentágono advierte que el Estado Islámico está “renaciendo” en Siria. En el Reino Unido podría haber escasez de alimentos si el primer ministro, muy al estilo de Trump, Boris Johnson, cumple su promesa de salir de la Unión Europea sin que haya un acuerdo para el periodo posterior. Ah, y además, tal vez el mundo esté dando tumbos hacia una recesión.

 

En un mundo que está entrando en caos, podemos empezar a ver los frutos de la política exterior errática, amoral e incompetente de Trump, del debilitamiento sistemático de sus alianzas y del hueco en la arquitectura diplomática y de seguridad nacional de Estados Unidos. A lo largo de los últimos dos años y medio, Trump ha estado jugando Jenga con el orden mundial, sacando una pieza tras otra. Durante algún tiempo, las cosas más o menos se mantuvieron estables, pero ahora toda la estructura se está tambaleando.

 

Desde luego, la mayoría de estas crisis no se deben a Trump. Ni siquiera los gobiernos estadounidenses competentes pueden imponer políticas a otros países, en especial los poderosos como India y China. Pero en cada factor de tensión, el gobierno de Trump no ha podido actuar correctamente o actuó de tal manera que empeoró las cosas. “Casi todas las medidas que toman son las incorrectas”, comentó Susan Thornton, quien hasta el año pasado se desempeñó como secretaria de Estado adjunta para los asuntos de Asia Oriental y el Pacífico, la diplomática estadounidense más importante para Asia.

 

Consideremos la participación de Trump en la crisis de Cachemira. En julio, durante una visita a la Casa Blanca del primer ministro pakistaní, Imran Khan, Trump se ofreció a mediar en el conflicto en curso por Cachemira entre India y Pakistán, incluso insinuando que el primer ministro de India, Narendra Modi, le había pedido que lo hiciera. El gobierno de Modi rápidamente lo negó, y, según se dice, las palabras de Trump preocuparon a India, la cual desde hace mucho tiempo se ha opuesto a una intervención extranjera en Cachemira. Dos semanas después, India envió soldados para bloquear Cachemira y luego le quitó su autonomía.

 

Los estadounidenses se han acostumbrado a ignorar las mentiras superficiales de Trump y su incontinencia verbal, pero las personas de otros países no. Thornton cree que los comentarios del presidente fueron un “factor que precipitó” la decisión de Modi de anexar a Cachemira. Insinuó que al involucrarse en el conflicto, Trump puso al primer ministro de India a la defensiva ante su electorado nacionalista hindú. “Quizás no hubiera tenido que hacer eso”, dijo al referirse a la ocupación de Cachemira, “pero hubiera tenido que hacer algo. Y esto era lo que estaba queriendo hacer de todas maneras”.

 

Al mismo tiempo, Modi puede estar seguro de que Trump, a diferencia de los presidentes estadounidenses anteriores, ni siquiera finge que le importa el retroceso democrático ni la violación a los derechos humanos, en especial los de los musulmanes. “Todos los dirigentes políticos realizan un análisis de costo-beneficio”, señaló Ben Rhodes, antiguo asesor principal de Obama en cuanto a seguridad nacional. “Si el dirigente de India sentía que iba a enfrentarse a la crítica de la población, a un posible escrutinio en Naciones Unidas”, o a daños en la relación bilateral con Estados Unidos, “eso podría afectar su análisis de costo-beneficio”. La solidaridad instintiva de Trump con los líderes autoritarios les otorga poder diplomático.

 

Es evidente que India y Pakistán desean evitar por todos los medios un holocausto nuclear. Tal vez China se modere en Hong Kong. Temeroso de comenzar una guerra antes de las elecciones de 2020, Trump podría llegar a un acuerdo con Irán, pero tal vez sea peor que el de Obama, el cual desechó. La economía global podría desacelerarse, pero no paralizarse. Durante los próximos diecisiete meses, podríamos sobrellevar un mundo que todavía podemos reconocer en lo fundamental.

 

Aun así, Estados Unidos saldrá de todo esto con un cuerpo diplomático desecado, alianzas tensas y una reputación destrozada. Nunca más volverá a tener el mismo liderazgo internacional que tenía antes de Trump.

 

Y eso es en el mejor de los casos. El país más poderoso del mundo está siendo gobernado por un demagogo con síndrome del ocaso cuyo gigantesco ego solo se equipara con su ignorancia descomunal. Estados Unidos ha tenido suerte de que las cosas hayan aguantado como lo han hecho, excepto por el extraño cierre del gobierno o el ataque terrorista nacionalista blanco. Pero ahora, tanto en las relaciones internacionales como en la economía, las consecuencias de no tener un gobierno estadounidense funcional están cobrando importancia. “Ningún liderazgo estadounidense dejará un vacío”, comentó Thornton. Ya veremos lo que este succiona.


“Rector



. .

Deja una respuesta

avatar
  Suscribete  
Notificación de




/* ]]> */