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El pronombre perfecto en inglés: ‘ellos’ (‘they’) singular


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Soy el típico papá suburbano cisgénero de mediana edad. Practico carpintería, saco la basura y codicio el Porsche de mi vecino. Aunque sí creo que los hombres deberían usar maquillaje (¡se ve bien!), mi masculinidad tibia al parecer es bastante evidente en internet y en persona como para que la mayoría de la gente suponga que me pueden referirse a mí como “él”. Y eso me parece bien; no me ofenderé si me llaman con ese pronombre tradicional, inútilmente sexista.

Sin embargo, no deberían decirme “él”. Si viviéramos en un universo justo, racional e inclusivo —uno en el que no todos estuviéramos tan irremediablemente obsesionados con los pormenores de los órganos que tenemos entre las piernas, ni las ridículas expectativas que esas partes representan sobre cómo debemos comportarnos, hablar, vestirnos y sentirnos— no sería necesario que tuvieran que asumir mi género solo para referirse a mí en la lengua común.

Después de todo, hay pocas ventajas lingüísticas evidentes en ese requerimiento. Cuando me refiero a mí mismo, no tengo que anunciar mi género ni todo el bagaje que conlleva. En cambio, uso “yo”, un pronombre sin género. Tampoco tengo que molestarme por pensar en el género cuando le hablo directamente a alguien o cuando estoy hablando de un grupo de personas. Tan solo digo “tú” o “ellos”.

¿Entonces por qué el inglés estándar impone un requisito de género en la tercera persona del singular? ¿Y por qué las instituciones culturales de élite —universidades, editoriales y medios como The New York Times— aún fomentan esta división por géneros? Para llegar al meollo de lo que hablo: cuando me refiero a una persona cuyo género desconozco en The Times, ¿por qué generalmente tengo que elegir entre “él” o “ella” o, usar la frase más torpe que hayan creado los gramáticos más mezquinos, “él o ella”?.

La verdad es que no tendría por qué. Es hora de que utilicemos el pronombre “ellos” (“they”) para un antecedente en singular. En efecto, ya era hora… y me gustaría hacer mi parte fomentando el uso de “ellos”.

Sospecho que mi llamado será tachado de inútil señalización moral, pero hay varias ventajas claras, tanto lingüísticas como culturales, en el pronombre “ellos” como singular. Una de las principales es su ubicuidad. De acuerdo con los lingüistas que estudian el género y los pronombres, “ellos” en inglés se considera de manera generalizada y cada vez más como una manera legítima de referirse a alguien, tanto de manera genérica como específica, ya sea que conozcas su género o no… como sucede en esta última oración.

“En nuestro estudio más reciente, el 90 por ciento de las ocasiones en que la gente se refiere a una persona hipotética, usan el pronombre ‘ellos’ (‘they’)”, dijo Evan Bradley, quien estudia la lengua y el género en la Universidad Estatal de Pensilvania.

No obstante, “they” también se usa tan comúnmente para referirse a individuos específicos que ya no confunde a la gente. No sucede lo mismo cuando agregas un nuevo pronombre neutro a la lengua, algo como “ze”, que en la investigación de Bradley no fue reconocido por muchas personas y, cuando se usaba, a menudo se entendía que era para referirse específicamente a personas no convencionales en cuanto al género.

En contraste, “ellos” en inglés es universal y totalmente neutral, me dijo Bradley. Cuando la gente lo escucha, no infiere nada sobre el género. Esto hace que el pronombre “ellos” para el singular sea perfecto: es flexible, inclusivo, discreto y evidencia el riesgo accidental de asignar el género incorrecto. Además, en la mayoría de las circunstancias, genera oraciones perfectamente coherentes que no son difíciles de entender para la gente.

Quizá por eso es que el pronombre “ellos” en singular y de género neutro es común no solo en las comunidades transgénero y no binarias, para quienes es necesario, sino también en el uso convencional, donde rápidamente se está convirtiendo en una manera estándar de referirnos a todas las personas. Si observamos de cerca, veremos su uso en la publicidad, las redes sociales, las interfaces de aplicaciones y casi todo nuestro entorno. Cuando Uber o Lyft quieren decirte que llegó tu conductor, por ejemplo, te envían una notificación que dice algo así: “Juan ya casi está aquí. Reúnete con ellos afuera”.

Además de la gente simplemente intolerante, solo hay un grupo de personas que alberga dudas sobre el pronombre “ellos” en singular: los gramáticos. Si eres una de esas personas a las que David Foster Wallace se refería como “esnobs”, el uso que hace Lyft del pronombre “ellos” para referirse a Juan, singular, podría parecerte gramaticalmente incorrecto. El pronombre “ellos” (“they”) singular y de género no específico ha sido común en inglés desde que la gente ha hablado la lengua, pero, desde el siglo XVIII, los estilistas de la gramática han desalentado su uso diciendo que “ellos” debe ser plural. Por eso es que las instituciones que se apegan a los esnobs generalmente lo rechazan. The Times, cuya guía de estilo permite el pronombre “ellos” en singular cuando la persona a la que se refiere lo prefiere, advierte que no debe usarse de manera generalizada: “Procura sobre todo evitar la confusión si usas el pronombre ‘ellos’ para referirte a una sola persona”, aconseja la guía de estilo.

Creo que eso es demasiado precavido; deberíamos usar el pronombre “ellos” con más libertad, porque la lengua no debe ajustarse por defecto al binario de género. Una verdad que he llegado a entender en una etapa muy tardía de la vida es la manera uniforme y traicionera en que nuestras vidas son moldeadas por las normas de género. Estas expectativas son experimentadas de manera más aguda y trágica por las personas que no se conforman con el estándar del binario de género y, de manera más evidente, por la gente que es transgénero o no binaria.

Sin embargo, incluso para la gente que se ajusta al binario, la idea de que haya uno es invisiblemente sofocante. Todos los niños y todas las niñas sienten eso de maneras sutiles o evidentes cuando crecen; sin saberlo te enfrentas a preferencias que no se ajustan a tus expectativas de género, y después debes aprender a combatirlas o esforzarte para vivir con ellas.

No obstante, hasta que tuve un hijo y una hija reconocí el poder con el que los conceptos del género dan forma a nuestro desarrollo. Desde sus primeros días, mis hijos, alimentados por la publicidad, el entretenimiento y (seguramente) lo que les enseñan sus padres, parecían apegarse a normas de género tontas. Se dividían entre juguetes para niños y juguetes para niñas, colores para niño y colores para niña, programas de televisión para niños y programas de televisión para niñas. Todo esto me parecía muy triste: veo cómo limitan sus ideas y sus ambiciones, sus preferencias y su identidad, su libertad, solo para satisfacer una abstracción colectiva. Y hay pocas posibilidades de escapar: el género es una prisión omnipresente para la mente, reforzada en todas partes, por todos, y solo se cuestiona rara vez.

Estamos lejos de erradicar esas expectativas en la sociedad. Pero no tenemos por qué mostrarnos reacios a erradicarlas en la lengua.

“Parte de introducir el concepto de los pronombres de género neutro a la gente es hacer que se pregunten: ‘¿Por qué esta parte de la sociedad tiene que dividirse en géneros en primer lugar?’”, dijo Jay Wu, director de comunicaciones del Centro Nacional para la Igualdad Transgénero. Continuó: “Parte de la manera en que lo solucionamos es hacer que más y más gente se dé cuenta de que las cosas están tan divididas por géneros que piensen: ‘¿Por qué tiene que ser así? ¿Qué beneficio nos aporta eso?’”.

Yo digo que no aporta ninguno más que confusión, ansiedad y pena. Llámame “ellos”, y yo te llamaré “ellos” también. No me importa y espero que a ti tampoco.



“Heroes


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