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¡Su majestad El Champagne!

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José Luis Oliva

Querida lectora, vamos iniciando el verano, temporada de aventuras, introspecciones y arranque del verbo preferido de esta comunidad: vacacionar. El vino ha sido grata compañía de la humanidad desde las primeras civilizaciones, siempre asociado al amor. Está demostrado que una de las fórmulas más eficaces para fortalecer la pareja es tomar vino juntos en la intimidad, ¡cuantimás de vacaciones en otro lugar!

El Champagne es el ejemplo de denominación de origen en bebidas, es una de las tres provincias francesa que tienen frontera con Alemania y solo ahí puede venir una de las 310 millones de botellas que se producen cada año. No solo eso, además para que sea denominado Champagne debe de tener un proceso especial y manejar algún de las 6 uvas (o mezcla de ellas) especificas y crecidas en la región.

  1. Viñedos y emprendedoras. Me encanta la historia de la Viuda de Clicquot, una mujer de 27 años que en 1800 tuvo las agallas de seguir con la empresa de su esposo, cuando las mujeres no podían recibir paga, ni votar, ni trabajar si su “tutor” (padre o cónyuge) no lo aprobaba. Esta famosa casa de Champagne (ahora de Louis Vuitton) da premios a las empresarias mas destacadas del mundo, yo no gané este 2019 pero fui la única latina invitada.
  2. Refrendando pactos. 12 años tiene la primera cita con el que ahora es mi esposo, fue muy romántica, con champagne Moët Chandon Ice Imperial 1956 (¡como olvidar esa botella!), me invito a su cuarto en el hotel y me prometió que solo era para estar más cómodos (tenía una suite) y alejados de la convención de anestesiólogos a la que asistimos. No voy a contar todo lo que se puede hacer con esta bebida, solo digo que burbujeante es la palabra exacta. Ahora en nuestras bodas de aluminio venimos a esta región de Francia, ¡vaya manera de refrendar nuestro pacto!
  3. Fresas y burbujas. No sé si es manipulación mental o hay alguna química que provoque tantas emociones al combinar la Champagne con las fresas, pero si mi marido me quiere ver enloquecer, bien lo sabe, me da una noche con Champagne y fresas, una música romántica y nada de interrupciones (sin celulares). Y ya es el paraíso si estamos junto al mar, de preferencia Zihuatanejo.



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