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El Segundo Aviso: La curia vaticana y los toros


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Durante los primeros 1500 años DC hubo una serie de debates, concilios y posturas muy particulares en relación a las corridas de toros, en las cuales participaron obispos cardenales, papas y personajes políticos; sin embargo, no tuvieron mayor repercusión en la celebración de estos festejos al grado que se llevaron a cabo algunas corridas tanto en la Plaza Novona como en La de San Pedro en Roma. Destacan por su afición Pontífices como Calixto III, Inocencio VIII, Alejandro VI, Julio II y León X los cuáles asistieron u organizaron, más de alguna vez, un festejo taurino.

En el año de 1492 es elegido Papa un español valenciano de nombre Rodrigo de Borja, y durante su papado fue más conocido como Rodrigo de Borgia, quien toma el nombre de Alejandro VI durante su pontificado que duró hasta 1503. Miembro de una de las familias más ricas de Europa, padre de los célebres Cesar y Lucrecia Borgia, y dentro de otras cosas, fue quien le encargó a Miguel Ángel la famosa escultura de “La Piedad”y el fresco del “Juicio Final”. Aficionado a los toros, al grado que en su escudo papal, aparte de la simbólica tiara y de las llaves de la iglesia, aparece en una mitad un toro en una colina representando el poderío de su familia.

Fue tanta su afición que ésta le fue transmitida a uno de sus hijos, Cesar, el cuál entre otros títulos fue nombrado Obispo de Pamplona a los 16 años y a su vez sirvió de inspiración a Nicolás Maquiavelo en su famosa obra “El Príncipe”. Está documentado que el también “Duque de Valentino”, título recibido en 1498, era tal su destreza guerrera que en varias ocasiones alanceó toros en varios festejos taurinos. Destaca la celebrada en el año de 1492 cuando su padre Alejandro VI decide celebrar con una corrida de toros la Conquista de Granada por parte de los Españoles, el descubrimiento de la Nueva España y el nombramiento de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla como “Reyes Católicos. En esa ocasión Cesar alanceó de manera magistral dos de los ocho toros lidiados, dejando muestra de su capacidad en estos menesteres.

Es así, como la fiesta de los toros se ha venido desarrollando a través de los siglos en muchas partes del mundo, destacando que a pesar de los constantes desencuentros que tuvo con la Iglesia Católica, la afición y el gusto se han mantenido, y es esto lo que ha hecho que la tauromaquia siga vigente a pesar de las actuales circunstancias.




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