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Familias, sí, ¿pero a dónde las queremos llevar? (primera de cinco partes)

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Este sábado tendrá lugar en la Ciudad de México la denominada ‘Gran marcha nacional por el matrimonio, los niños y la familia’, organizada por el Frente Nacional por la Familia (FNF). Esta manifestación pacífica se unirá a las llevadas a cabo en diversas ciudades el pasado día 10 y que han congregado a numerosos compatriotas, quienes han salido a las calles en defensa de sus particulares convicciones con respecto a la institución familiar y a la matrimonial.

Como sabemos, quienes forman parte de esta coalición de organizaciones de la sociedad civil rechazan la propuesta de iniciativa que el presidente Enrique Peña Nieto anunció que enviaría al Congreso para incluir en nuestra Carta Magna la figura del matrimonio igualitario.

En el marco del Día Internacional de Lucha contra la Homofobia, el primer mandatario enfatizó en mayo pasado su deseo de que “los matrimonios se realicen sin discriminación por motivos de origen étnico o nacional, de discapacidades, de condición social, de condiciones de salud, de religión, de género o preferencias sexuales”.

En dicha ocasión, el primer mandatario pidió también al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) diseñar y lanzar una campaña nacional contra la homofobia, anuncio que, por cierto, mereció el beneplácito de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Como respuesta, el FNF ha manifestado oponerse a que “los niños de México sean adoptados y vivan con homosexuales” y expresa el temor de que “a través de los libros de texto de la SEP y desde preescolar, les enseñarán a los niños la homosexualidad, transexualidad y actividades sexuales”.

La reacción de quienes se oponen a las marchas convocadas por el FNF no se han dejado esperar. En una carta firmada por 300 académicos de diversas universidades y centros de investigación social, éstos mostraron su preocupación de que las manifestaciones puedan contribuir a exacerbar los ánimos de la población en contra de las parejas homosexuales.

Los investigadores y docentes reconocen el derecho de los manifestantes a expresar sus ideas, pero a la vez hacen un enérgico llamado a que “en todos los sectores se adopte una postura de respeto ante la diversidad sexual, social y cultural que constituye nuestro país”. Entre los firmantes se encuentra la Dra. Sulima del Carmen García Falconi, una reconocida profesora de la Universidad Autónoma de Querétaro que merece el mayor de mis respetos; Marta Lamas, del Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM y Denise González Nuñez, Coordinadora del Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana.

En lo personal, apoyo y simpatizo con la postura de mis colegas docentes, sin dejar de reconocer la iniciativa mostrada por los paterfamilias para hacer pública su posición ante tan candente tema. Más aún: el FNF nos ha hecho el enorme favor de apuntar los reflectores hacia la iniciativa del presidente, para que otros mexicanos abramos los ojos ante una nueva realidad social: a las tradicionales familias heteroparentales (padre y madre) se suman las homoparentales (dos papás o dos mamás).

Bienvenidas sean pues estas marchas, por invitarnos a reflexionar sobre la importancia de abordar un tema cuya discusión mal haríamos en seguir postergando. Si estos grupos están abiertos al diálogo, enhorabuena, ya que éste siempre será mejor que la intolerancia hacia la diversidad o la descalificación homofóbica. Como acertadamente afirmó Hillary Clinton, la candidata demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, mejor nos iría si los seres humanos nos dedicáramos a tender puentes en vez de levantar muros.

Algo que acrecienta mi optimismo es que en países hispanoamericanos hermanos como Argentina y España, que nos antecedieron en la celebración de estos debates públicos, se ha generado una mayor apertura hacia la legalización de las uniones homosexuales y otros fenómenos sociales propios de nuestra era. En el caso de España, el Dr. José Ignacio Pichardo, de la Universidad Complutense de Madrid, apunta que en ese país “el debate sobre el matrimonio homosexual sirvió para visibilizar las relaciones entre personas del mismo sexo y las hizo presentes en conversaciones familiares, en el trabajo o en grupos de amistades”.

Por lo anterior, en esta serie de cinco partes que hoy inicia, me he dado a la tarea de identificar las razones que han precipitado tan profundos cambios en el imaginario social. Cambios que nos habrán de llevar a una radical transformación de nuestras nociones de matrimonio, identidad de género y familia. Y como siempre en este espacio, habré de compartirte, lector/lectora, los frutos de mis modestas pesquisas.

(*) Doctor en Comunicación por la Universidad de Ohio y Máster en Periodismo por la Universidad de Iowa

Miguel Flores

Director editorial AD Comunicaciones

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