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Preocupa que picos de infecciones coincidan con apatía y hartazgo

Más de 218.000 personas han fallecido en Estados Unidos desde el comienzo de la pandemia. (AP)
Más de 218.000 personas han fallecido en Estados Unidos desde el comienzo de la pandemia. (AP)
   

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Con el otoño ha llegado otra ola de infecciones que, en algunas zonas del mundo, ha sido la peor parte de la pandemia

20Julie Bosman, Sarah Mervosh y Marc Santora / NEW YORK TIMES SYNDICATE

Cuando el coronavirus comenzó a arrasar por todo el mundo esta primavera, la gente desde Seattle hasta Roma y Londres canceló bodas y vacaciones, suspendió las visitas a los abuelos y se confinó en sus casas durante lo que se creyó sería un periodo breve pero esencial de aislamiento.

Sin embargo, el virus no se extinguió con el verano. Y con el otoño ha llegado otra ola peligrosa y descontrolada de infecciones que, en algunas zonas del mundo, ha sido la peor parte de la pandemia hasta ahora.

Estados Unidos superó los 8 millones de casos conocidos esta semana y reportó más de 70.000 infecciones nuevas el viernes, la mayor cifra en un solo día desde julio. Dieciocho estados añadieron más contagios nuevos de coronavirus durante el lapso de siete días que concluyó el viernes que en ninguna otra semana de la pandemia.

En Europa, los casos están aumentando y las hospitalizaciones están al alza. El Reino Unido está imponiendo restricciones nuevas y Francia ha declarado ciudades en “alerta máxima”, por lo que ha ordenado a varias de ellas cerrar bares, gimnasios y centros deportivos. Alemania e Italia tuvieron sus cifras más altas de casos diarios hasta la fecha. Asimismo, los líderes de la República Checa dijeron que su sistema sanitario estaba “en peligro de colapsar”, pues los hospitales están desbordados y ha habido más muertes que en ningún otro momento de la pandemia.

El virus ha seguido diferentes recorridos en estos países de acuerdo con la forma en que sus dirigentes han intentado detener la propagación del virus con restricciones diversas. Pero lo que todos comparten es el hartazgo de la población y una tendencia cada vez mayor a que la gente esté dispuesta a correr el riesgo de enfermarse, ya sea porque desean hacer algo o porque no tienen alternativa. Sin final a la vista, muchas personas están acudiendo en tropel a bares, fiestas familiares, boliches y eventos deportivos casi con la misma frecuencia que antes de la aparición del virus, y otros deben regresar a la escuela o el trabajo, pues las comunidades buscan resucitar la economía. Además, una gran diferencia con la situación en la primavera es que los rituales de esperanza y unidad que ayudaron a las personas a soportar la primera ola del virus han sido sustituidos por el cansancio y la frustración.

“La gente ya no quiere adornar sus ventanas con corazones ni jugar a encontrar peluches”, dijo Katie Ronsenberg, alcaldesa de Wausau, Wisconsin, una ciudad de 38.000 habitantes donde un hospital abrió un pabellón adicional para tratar a pacientes de COVID-19. “Ya se hartaron”.

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