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ROBERTO SOSA

Familia y política

Roberto Sosa Pichardo se considera un hombre de familia, la cual es un constante referente en su charla. Por eso llama la atención que se dedique a la política, una profesión que él mismo define como exigente.

“Es una actividad muy apasionante, pero también muy desgastante. Cuesta tiempo con la familia. Es demandante. Son muchos intereses y nunca puedes quedar bien con toda la gente. Siempre habrá quien no esté de acuerdo; por eso debes tratar de ser lo más honesto posible”, explica Sosa Pichardo.

De hecho, el responsable de Desarrollo Social en Corregidora reconoce que, además de exigente, la política puede ser ingrata.

“A veces, injusta; pero nadie dijo que no lo sería. En ningún libro, en ninguna doctrina, dice que debe ser justa. A veces tiene sus reveses y es difícil de entender.

Muchas veces estás y no puedes acceder a ciertos proyectos a los que apuestas, sobre todo cuando llegan los momentos de definición, de crisis, cuando los partidos tienen que elegir a sus candidatos, algunos entre muchos; ahí, es cuando empieza la desilusión y la decepción, pero al final, cuando se calma todo y empiezas a trabajar, regresa la pasión”, agrega Sosa Pichardo.

Sabe de lo que habla. Compitió en la interna contra otro panista que trabaja en la misma Administración municipal que él. Solo uno podía ser elegido para un empleo que, si lo obtiene, dura tres años.

“Sí, es un trabajo de tres años, pero tengo grandes pasiones y una de ellas es servir”, refiere Sosa Pichardo. Como secretario de Desarrollo Social le toca ser la ‘cara bonita’ de la política, la que ayuda y está en contacto con la población.

“Desarrollo social es el sentido de la voluntad. Tengo áreas a mi cargo, como la deportiva, educación, cultura, atención a personas con discapacidad, vivienda y salud, desde las que se puede aportar un granito de arena para cambiar la realidad de las personas. El poder servir, ver cómo les ayudamos y que esté en nuestras manos poder hacerlo, es una gran
pasión”.

El también empresario ha delegado sus actividades en la iniciativa privada para enfocarse
en su encomienda en Corregidora.

“Los negocios están ahí. Tengo otras opciones, pero aquí vivo y aquí está mi familia. Quiero trabajar para que ellos el día de mañana estén en un buen lugar para vivir.

Corregidora se está desarrollando y vamos a trabajar fuerte para que siga siendo un extraordinario lugar para vivir”, dice el funcionario.

Destino: Corregidora

Sosa Pichardo estudió Administración de Empresas en Naucalpan, Estado de México. Ahí conoció a quien es hoy su esposa y madre de sus dos hijos, aunque al terminar la carrera cada uno tomó su camino. Ella se fue a Estados Unidos y él encontró trabajo en Jalisco y luego en Coahuila.

Fue de esos casos en que el destino parece existir, pues años después se reencontraron y decidieron casarse.

Tras planear su vida juntos, decidieron mudarse a una ciudad que quedara a la misma distancia de sus respectivas familias.

Luego de revisar el mapa, encontraron Querétaro, estado que califica como bello y seguro.

Nada sabían de esta entidad, tomaron la decisión sin conocerla, recuerda.

Ella estaba en Guanajuato y él, en la Ciudad de México. Quedaron de verse un sábado a las 10 de la mañana en Querétaro para buscar su nuevo hogar. Por azares del destino llegaron a Corregidora y ahí se quedaron. Ahí nacieron sus hijos.

“Fue de esas grandes decisiones que se toman en la vida”, reflexiona Sosa Pichardo.

Su experiencia personal le permitió conocer los problemas que enfrentan las personas que llegan a los municipios conurbados queretanos.

“Sobre todo por los desarrolladores, quienes muchas veces no tienen en orden todos sus papeles y con tal de vender… Si no tienes la experiencia como comprador, muchas veces caes en estas situaciones incorrectas. Hay algunos fraccionamientos que incurren en malas prácticas y quienes llegan a vivir ahí son quienes la llevan de perder con servicios públicos”, explica.

La pandilla

El abuelo de Sosa Pichardo fue militar, por lo que vivió en El Huizachal, Estado de México, una colonia habitada por familiares de miembros castrenses.

Sus amigos se identificaban de forma nata con el Partido Revolucionario Institucional, excepto uno de ellos, quien militaba en Acción Nacional y era blanco de las burlas de sus amigos, salvo Sosa Pichardo, quien se consideraba ajeno a la política.

Esto llamó la atención de su amigo blanquiazul, quien le cuestionó sobre el motivo. Tras obtener como respuesta una franca ignorancia sobre el tema, lo invitó a una reunión de jóvenes panistas.

“Me invitó a sumarme a un grupo juvenil panista, para entregar volantes y colgar gallardetes. Eran las pandillas azules”.

Le gustó el ambiente y afiliarse fue el paso natural.

Con las pandillas azules ganó una elección en Naucalpan, que le abrió una oportunidad laboral en la administración pública. Ahí vivió la efervescencia del fin de siglo y la alternancia de poder, cuando en 2000 Vicente Fox ganó la elección presidencial.

Cuando llegó a Querétaro, Sosa Pichardo trasladó sus derechos políticos y comenzó a trabajar en el Comité Municipal de Corregidora, primero como secretario de Acción Electoral, encargado de organizar a los representantes de casilla.

Luego, entró a la Secretaría General. Ahí trabó amistad con José Luis Báez Guerrero, quien buscaba la dirigencia estatal del partido.

Marca de gobierno

Su paso por Acción Nacional le permite a Sosa Pichardo identificar dos partidos diferentes, aunque con el mismo nombre.

“Teníamos que ir a colgar los gallardetes en las noches, porque de día los quitaban. Nos perseguían, algunas veces nos agarraron y nos dieron palazos. La construcción desde la oposición era diferente. El sueño de fundadores de construir un México distinto, ordenado y generoso, cambió cuando se ganó”, dice.

Para el titular de Desarrollo Social, ser Gobierno generó nuevos intereses y modificó las reglas del juego al interior de Acción Nacional, aunque insiste en que la esencia es la misma.

“El partido es más grande que cualquier persona. La institución sigue y siempre va a estar. Nadie estará por encima de la institución. Todos los proyectos personales, que son válidos porque es un partido político, siempre estarán por debajo de un beneficio general”, señala.

Entre los cambios más notorios está la designación de sus candidatos. Antes, el común denominador en Acción Nacional eran los procesos democráticos. Para esta elección se optó por la selección directa.

“Las reglas han cambiado. Hay que saberlas y entenderlas. No sé si es mejor o peor; es diferente completamente lo que viví en un principio, muy diferente”.

En cuanto a esa esencia que refiere Sosa Pichardo, Acción Nacional conserva su perfil ciudadano y su doctrina basada en las personas y el bien común.

“Entre el PAN de cuando ingresé y el PAN de ahora, hay un Gobierno; no es lo mismo buscar ser oposición que ejercer el poder. De pronto, cambian los intereses, la manera de ver la política, y la generosidad misma de las personas. Es complejo entender estas dos visiones o versiones del PAN”.

Iniciativa privada

Desde joven, Sosa Pichardo fue un emprendedor. Junto con su padre abrió una cancha de futbol rápido. Tras arribar a Corregidora, apostó por un lavado de autos, en el Centro de El Pueblito.

“La falta de atención no me permitió estar al frente y decidí traspasarlo”, recuerda.

En Desarrollo Social, buscó aprovechar esa experiencia.

“Después de haber participado en el Centro Cívico, en el área de Calidad, detonó en mí la idea de apostarle a medir las cosas”.

“En la iniciativa privada todo se mide, para tener herramientas y para tomar decisiones. En la administración pública, hay procesos y procedimientos y nadie se pregunta por qué. Al llegar a Desarrollo Social me pasaban un oficio para firma con indicadores que mandaba el área de Finanzas. No se entendía nada de esos indicadores. ¿Qué información me dan a mí, como secretario, para tomar decisiones?”.

Así, le apostó a la certificación. En 2017, estuvo al frente de la primera secretaría del país en obtener un certificado ISO 9001:2015.

“Creo que es el nuevo modelo de Gobierno que se debe implementar, que sea medible y saber si estamos haciendo las cosas bien; ser eficientes con los recursos. El dinero es de los ciudadanos y tenemos que dar cuentas de lo que hacemos con él. Cada vez más es un tema de transparencia y fiscalización. Vendrán nuevas leyes en que no será tan fácil mover el recurso como se antoje, sino que deberá ser más preciso y enfocado a resultados”.

“Los Gobiernos no pueden ser sordos ni ciegos a los ciudadanos; deben gobernar junto con ellos. No se pueden tomar decisiones unilaterales para que el último en enterarse sea el ciudadano. De pronto nos ha pasado que vamos a inaugurar una obra y los vecinos te reclaman, están molestos. ¿Cómo es posible?, porque no se les tomó en cuenta”, refiere.