revista perfiles queretaro

RICARDO BRIEÑO

EMPRESARIO

SABER HACER EQUIPO

En 2007, Ricardo Brieño llegó a Querétaro con su esposa y su hijo Bruno.

Consultor dedicado a comprar y vender empresas, buscó en esta ciudad una experiencia de vida.

“Teníamos la inquietud de vivir en otra ciudad. Pensamos en ciudades del país y del extranjero, pero vinimos a Querétaro a una fiesta infantil y vi la gran posibilidad de que fuéramos bien recibidos aquí. Nos gustó la cercanía con la Ciudad de México y que mucha gente es de fuera; no llegaríamos a una sociedad cerrada. No hubo período de adaptación, siempre nos sentimos como en casa”, recuerda el empresario.

Durante sus primeros años en Querétaro solo se dedicó a su negocio de consultoría en la Ciudad de México; pero tras pláticas con amigos que hizo acá, surgió la inquietud de desarrollar un proyecto.

Primero invirtió en el sector inmobiliario, decisión lógica si se considera que cada día llegan 60 nuevas familias a la entidad.

“Tengo mi negocio de consultoría en la Ciudad de México y los primeros años no trabajé. No sabíamos si nos íbamos a quedar mucho tiempo y tuvimos cierta cautela. Nos fuimos arraigando y lo más fácil fue empezar a construir casas habitación; como sabes, Querétaro tiene un desarrollo muy fuerte, porque mucha gente llega de muchas partes del país”, cuenta Brieño.

Después, incursionó en un sector en el que jamás se imaginó, el restaurantero.

“Los restaurantes son de altísimo riesgo. Quienes me conocen de muchos años saben que dije que nunca invertiría en un restaurante, pero dos amigos me invitaron a participar y quise tocar la experiencia. Es como cuando te compras una casa de fin de semana o un auto deportivo; no necesariamente es tu medio de transporte. El restaurante no iba a ser donde se pondría toda la inversión o en el que planeáramos la situación financiera familiar”, menciona.

La verdad es que siempre ha sido un apasionado de viajar y del buen comer. Esa experiencia le dio los pilares para intuir qué podría funcionar.

“Creo que ahí tuve la oportunidad de poder aportar algo a los proyectos que hemos hecho”, reflexiona.

Así, en 2014 inauguró el restaurante La Bocha, en Bernardo Quintana. Dos años después vendrían El Barrio de la Bocha y La Bocha Náutica. Casi a la par del primero, nació Ikebana.

“Las marcas que tenemos son proyectos de valor agregado, que reciben muy bien las propuestas, el concepto, la atmósfera, el ambiente y la comida. Son muy exigentes en la calidad y el servicio”, explica Brieño.

El empresario sabe que incursionaba en un sector de altísimo riesgo, pero apostó por una fórmula que resultó exitosa: trasladar su experiencia y pasión por los viajes a este negocio.

“En cualquier ciudad del mundo, todos los años abren y cierran restaurantes. ¿Por qué triunfan?. Quién sabe. ¿Por qué fracasan?. También. Tratamos de blindar el negocio y en cuanto a la administración, que es una habilidad que tengo, busqué hacer y delegar”, refiere.

Proyecto semestral

El primer restaurante funcionó y tres años después tiene seis.

Brieño afirma que ese éxito está apalancado por su equipo de trabajo.

“La gente se ha interesado por el desarrollo de carrera. La gran maryoría de la gente no tiene rotación, está aquí desde hace dos o tres años. Los puestos clave prácticamente no tienen rotación y ninguno está como llegó; están en una mejor posición”, presume el empresario.

“Algo que agradezco mucho del equipo es que los seis restaurantes siguen funcionado. Todos con éxito, todos madurando. Los últimos que abrimos, con mucho éxito. Ahora el reto es hacerlos clásicos. Tenemos que trabajar mucho en esa transformación. La Bocha cumple cuatro años; Bruno e Ikebana, tres años. Ya no son una novedad; ya nos ganamos una lealtad”, dice.

Lo cierto es que tener un equipo de trabajo confiable al cual delegar es solo uno de los pilares. El otro fue cuidar todos los detalles.

“Sí sabía a lo que me metía. Me ayudó no haber sido restaurantero, porque nacimos llenos de ideas y con ningún paradigma que muchas veces se forma la gente del medio, aunque también con los riesgos que eso implicaba. Lógicamente, quienes llevan 30 años en esto tienen experiencia y saben por qué sí o por qué no”, reconoce.

Tomando ese riesgo y aplicando su experiencia como cliente, encontró el modelo que resultó exitoso.

“Sabía a lo que me metía, pero también pensamos que si no funcionaba, no estaba en riesgo el futuro inmediato ni el patrimonio. Eso habría sido un gran riesgo, aunque el modelo funcionó y estamos generando fuentes de empleo. Conocimos el medio, hicimos buenas alianzas, pero del presupuesto que tenía para el primer proyecto, prácticamente se fue al doble, porque acepté que era mejor invertir más para blindar el proyecto, con buenos equipos en la cocina, los detalles del ambiente, buen mobiliario y vajillas, sonido, pantallas… por esa duda que teníamos. No sabía si nos podía ir mal porque el lugar no quedaba tan bonito, o el servicio no estuviera tan bien. Lo que quisimos fue cubrir cinco puntos: instalaciones, servicio, alimentos, ubicación y atmósfera”, detalla.

Brieño sabe que el mercado exige todas esas características. Exige calidad en el platillo, servicio, arquitectura, ambiente y atmósfera.

También fue cauteloso en la parte administrativa, documentando todo el proceso.

“Eso permitió ir conociendo el negocio. Luego de tres años con los primeros restaurantes, creo que ya sabemos cómo se comporta el año, sus temporadas altas y bajas; cómo se comportan los costos. Ahora tenemos mucha información que. Ahora sí, nos puede dar parámetros para tomar las siguientes decisiones”, señala el empresario.

Esas nuevas inversiones serán un restaurante La Bocha en León, Guanajuato, ciudad en donde ya tiene un restaurante Bruno.

También planea abrir dos nuevos proyectos en una nueva plaza comercial, aunque prefiere reservarse los detalles.

Así, al finalizar este año podría tener nueve locales con entre tres y cinco marcas diferentes.

Contrario a lo que podría pensar, no le demandan todo su tiempo.

“Mucha gente pensaría que me toman mucho más tiempo de lo que realmente me ha quitado. Para que como empresario puedas seguir creciendo, cada negocio debes tenerlo con responsables y delegar, para seguir viendo el negocio de consultoría, de las casas habitación y nuevos proyectos”, insiste.

Entre esos nuevos proyectos podría estar la internacionalización de su negocio, quizá en Texas o Florida, en Estados Unidos.

“A lo mejor en un par de años podríamos exportar un proyecto”, adelanta el empresario, aunque es reservado en cuanto a la fecha. “Será en el momento indicado”.

“A veces hay que quedarse todo el día, pero todavía tengo tiempo de dormir y hacer otras cosas. Veo lejana la saturación. El equipo está muy motivado, los que ya tienen su trabajo lo están haciendo bien y también otros que ya levantaron la mano para crecer. Hay que aprovechar esa inercia. Nuestra gente tiene la camiseta muy bien puesta, no solo con su puesto de trabajo y su restaurante, sino con todo el equipo”, expresa.

“No estamos corriendo, aunque son seis restaurantes en tres años. Este año, por lo menos, serán dos o tres más. Quizá estamos subiendo un poquito la velocidad”, dice.

Brieño sabe que está haciendo bien las cosas; los números de estos seis restaurantes lo demuestran.

“Si tengo un ‘expertise’, un equipo funcionando e identifico oportunidades en ubicaciones y conceptos, ¿por qué no hacerlo, por qué detenerme? Sería un error. La gente, el mercado y el equipo están esperando más desarrollos. No tenemos un lugar cayendo, tratando de hacer reingeniería para saber qué pasó. Los que tienen tiempo maduran y los nuevos empiezan fuerte. No le encuentro la forma de frenar esa inercia; al contrario, es momento de un acelerón”, reconoce.

Amor queretano

Visto en perspectiva, Brieño califica como una buena decisión venir a Querétaro.

“Mucha gente llega por la moda y todo lo que se dice del estado. Nosotros no. Hace 11 años no sonaba tanto eso. Nuestro caso fue circunstancial. Pensamos en otras ciudades que hoy están incendiadas por el tema de la inseguridad. Te digo, es circunstancial”, señala el empresario.

Considera que todos tienen oportunidades; solo hay que saberlas tomar.

“A veces te da miedo; otras, las rechazas porque así lo evaluaste. Otros las toman, corrigen en el camino y les va bien. Vinimos a Querétaro y vimos pasar oportunidades, por eso decidimos la construcción de casas habitación y restaurantes; eso fue lo que vi. Quizá estos proyectos serían inviables en otras ciudades, pero Querétaro ha crecido; hay más mercado. No es poner un restaurante y quitarle mercado a la competencia. Querétaro ha necesitado más restaurantes, más casas y más hospitales, para atender ese crecimiento”.