revista perfiles queretaro
Eric Salas

ERIC SALAS

DIPUTADO LOCAL

Nueva definición para la palabra ‘diputado’

Al cumplir la mayoría de edad, Eric Salas González decidió seguir el consejo de su hermano y se acercó a la política.

“No me gustaba, no la entendía. Mi hermano me llevó al PAN, porque se asemejaba a nuestros valores familiares. Era un minipartido. El único fuerte era el Revolucionario Institucional”, recuerda el hoy diputado local.

En la década de 1980, las oficinas del Partido Acción Nacional eran un par de cuartos prestados en una casa de avenida Universidad.

Luego de apersonarse en las oficinas del blanquiazul, Salas pidió propaganda para repartir.

“Quise entregarlos en el transporte público, pero me cerraban las puertas”.

A los 18, le apasionó que le dijeran que no. Su hermano, en cambio, se desanimó y a la postre dejó la política.

“No es como ahora, que hay muchísima libertad; estaba más acotado. No había tanta participación de la oposición. Incluso, un gobernador declaró que en Querétaro no había oposición. Eso me motivó todavía más”.

Opciones

“Me casé a los 16 años. Por eso me salí de la escuela, porque ya tenía una responsabilidad.
Primero quise centrar las bases de un pequeño patrimonio. Luego pude terminar la preparatoria y estudiar la carrera de Derecho”, dice el diputado local.

Como a muchos jóvenes en su situación, la frase que más escuchó en ese momento fue “echaron a perder su vida”.

“No sabíamos lo que hacíamos, pero hoy te puedo decir que no echamos a perder nada. Me siento muy tranquilo y contento por las decisiones que tomé”, reflexiona Salas González.

“No sé si hay oportunidades. Tuve la oportunidad de trabajar y me inculcaron tratar siempre de ser el mejor. Era muy responsable y los jefes me veían aptitudes, lo que permitió que subiera de puesto y salario. Eso me dio estabilidad. Sin pensarlo, descubrí que existían oportunidades y cuando me llegaron las aproveché”, dice.

Cuando se sintió contento en su vida laboral, buscó su desarrollo personal. Eso lo tradujo como servicio, por ello aceptó el consejo de su hermano de acercarse al Partido Acción Nacional.

Repartió propaganda y participó como representante de casilla en las elecciones de 1988.
Ahí descubrió que en política debes ser muy juicioso, lo que se volvería su formación política.

“El PAN te daba una formación sobre cómo defender el voto, pero el día de la elección, el lugar donde debía estar la casilla estaba cerrado. Entonces nos fuimos a otra. A eso de las 10 u 11, nos dicen que ya abrió, y cuando llegamos ya tenía votos, aunque estábamos a tres o cuatro cuadras. Durante la jornada cuidé que no votaran sin credencial o si no estaban en el padrón, y a eso de las 4 de la tarde el representante del PRI me invita a la tienda; era plan con maña. Cuando regresamos, ya había cerrado la casilla. Me chamaquearon y perdimos, aunque por 30 o 40 votos, lo que para mí fue un éxito”.

Esa experiencia terminó por convencerlo sobre ejercer sus derechos político electorales.

Figura Histórica

Más allá de ser testigo de un fraude electoral que llevaría a Carlos Salinas de Gortari a la presidencia del país, Salas González tuvo la oportunidad de vivir un proceso electoral que resultó icónico, a partir del cual aumentó la participación ciudadana y derivó en la transición democrática de finales del siglo XX.

“Me encantó la elección del 88. Me tocó la visita de ‘Maquío’. Un día antes había venido Salinas. El camión de Salinas se llamaba Agualeguas y el de ‘Maquío’, Aguafiestas, porque lo iba siguiendo. Aquí se dio toda la apertura a Salinas y a ‘Maquío’ le cerraron los espacios. El Tec de Monterrey, aunque él había sido fundador en Monterrey, le cerró los espacios. ‘Maquío’ se plantó ahí, se quedó sentado y después de seis u ocho horas le abrieron para que pudiera reunirse con los estudiantes; claro, ya quedaban muy pocos, pero se fueron abriendo los espacios. En el Jardín Zenea le quitaron la energía eléctrica, entonces se subió al barandal a cantar el Himno Nacional. Eso me impresionó mucho, me daba más energía para seguir participando”.

Tras ese proceso, se involucró más en las actividades del partido. Empezó como mensajero y llegó a ocupar secretarías y presidencias de comités delegacionales en municipios de la sierra, así como en Tequisquiapan, El Marqués, Tolimán y Cadereyta.

“Fui el primer panista que registró candidatos en la sierra. Saqué planilla en Jalpan y metimos dos regidores. En Landa me faltó tiempo y no pude registrar. En Arroyo Seco presentamos una planilla de puras mujeres jóvenes, de 18 a 22 años, y metimos una regidora, y otras dos en Pinal de Amoles”, presume, aunque reconoce que lo logró tocando puertas, pues en la sierra queretana no conocía a nadie ni nadie lo conocía a él.
Incluso, en algunas comunidades serranas lo recibieron con machetes, al grito de “aquí no hay oposición”.

“Te mandaban golpear con la policía judicial. A mí me respetaban porque me veían chavito, pero en un evento de Mariano Palacios, que se llevó un ataúd, escuché a los judiciales decirle a José Moreno, quien iba a ser diputado, que se llevaran a la gente o les iban a pegar. Así eran esos tiempos, de batallar día a día, pero la congruencia en la visión que teníamos como sociedad nos abrió los espacios”, recuerda el legislador panista.

Siguiente Paso

A pesar de organizar elecciones y lograr victorias en las urnas, jamás cruzó por su mente la idea de ser candidato, hasta que entendió el verdadero significado de ser representante popular.

“Una vez vi gente pedirles ayuda a los tres diputados que teníamos, y no les ayudaron. Le dije al presidente del partido que quería ser diputado y se rio. Entonces, los procesos eran democráticos y votaba la militancia. Vi que podía ayudar más como funcionario público que como miembro de una estructura, porque viví esas carencias”.

Salas González reconoce que el partido cambió mucho en los últimos 30 años. Uno de los cambios más significativos está relacionado justo con la elección de candidatos.

“Los que querían se podían inscribir para diputados, solo tenían que cumplir con los requisitos y convencer a la militancia, pero las convenciones se volvieron obsoletas. Lo que pasó fue que si los militantes no veían un beneficio no votaban, dejaron de hacerlo por convencimiento o por el de mayor capacidad. Eso fue modificando las reglas hasta llegar a la designación, que ahora muchos dicen que no ayuda. Hay que poner requisitos adicionales para regresar a las convenciones, como la antigüedad del candidato o su conocimiento del partido, algo que permita una calificación adicional. La militancia dijo ‘aquí es cuando puedo beneficiarme’; no toda, pero sí suficiente para pensar en otra forma de elección”.

A decir del diputado, este cambio comenzó en 1997, cuando ganaron sus primeros procesos electorales locales.

“Ganamos el Gobierno, pero tuvo que llegar gente de todos lados. Ni estábamos preparados ni teníamos los miembros suficientes. Llegó muchísima gente que decía ser del PAN, aunque en 15 años nunca los habíamos visto, pero no había otra forma para crecer, había que aceptarlos. Son los famosos neopanistas, que empiezan a mezclarse con los tradicionales”.

Eso provocaría una transición democrática en el estado, de la cual Acción Nacional tuvo que aprender. Ahora, el reto es convencer a la ciudadanía del valor y relevancia de los legisladores como representantes populares.
“Está desprestigiada la palabra ‘diputado’, porque muchos abonan a esa opinión, pero te puedo decir que es padrísimo representar a los ciudadanos y modificar leyes en su beneficio. No todos somos malos, de manera individual hay muchos buenos que sí aportan al beneficio de la sociedad”.