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Enrique Correa

ENRIQUE CORREA SADA

PRESIDENTE MUNICIPAL INTERINO

Generación del Cambio

En 1997, Enrique Correa Sada tenía 14 años cuando asistió a un congreso en el que participaron Pedro Ferriz de Con, Vicente Fox, Carlos Carsolio y Fito Páez (sobreviviente de un accidente aéreo en la cordillera de los Andes), quienes compartieron testimonios de vida.
Al concluir, se registró como voluntario en el grupo Generación del Cambio, asociación que organizaba brigadas de reforestación y trabajo con menores y adultos mayores. Eso lo llevaría a la política.

“Creer que el trabajo social y la política son dos cosas diferentes provoca que el político pierda la brújula. El objetivo es el mismo, la acción social está enfocada en el bien común y el trabajo del político debe estar dirigido a eso mismo; que a veces no lo haga no significa que no sea el ideal”, dice.

El recién nombrado presidente municipal interino capitalino estudió Derecho, en la Universidad Autónoma de Querétaro, aunque nunca litigó.

Le atrajo más el tema social, tras su experiencia como voluntario en Generación del Cambio.

Así, el paso lógico lo dio en la política. Revisó los estatutos de los diferentes partidos y se inclinó por Acción Nacional.

“En el PRD no encontré un claro respeto a la vida ni la dignidad de la persona, y en el PRI, al ser de centro, no vi una posición clara. Del PAN me convencieron los principios de su doctrina, el bien común, la solidaridad y la dignidad de la persona humana. Vengo de una familia donde la religión pesa y en el PAN la doctrina social cristiana es la base. Encontré congruencia con lo aprendido en casa”, explica.
Se afilió como miembro adherente al cumplir la mayoría de edad y, dos años después, como miembro activo. Ahí le tocaría participar en su primer proceso democrático.
“Con compañeros de la carrera, quienes ya participaban en el PAN, conformamos un grupo de jóvenes para contender por Acción Juvenil, con ‘Pepe’ Báez”, recuerda.

Transición Democrática

En 2000, cuando Vicente Fox puso fin a 70 años de priismo, Enrique Correa Sada vivió su primera campaña política.

“Fue mi primera elección con voto y participé como representante general de casilla. En 2003, trabajé en el área de jóvenes, en la campaña de ‘Paco’ Garrido”.
De estos dos procesos aprendió que la posibilidad de transformar la sociedad es la mejor oportunidad que se puede tener en la vida, pero cuando se desperdicia, la gente no lo perdona.

“De la segunda campaña aprendí que la constancia siempre triunfa. ‘Paco’ fue un candidato muy constante, siempre trabajando sobre sus propias ideas. Eso nos sacó adelante y se ganó, con un margen pequeño, pero lo logramos”, dice.

Reconoce que le tocó subirse a la ola democrática, aunque en esos años todavía había cierta represión. Hacía apenas tres años de la transición política había llegado a la entidad.

“En la UAQ, por ejemplo, muchos profesores tienen una filiación partidista y en Querétaro tenía tres años la alternancia democrática, había una resistencia importante. No había alternancia nacional y no se veía sencillo el triunfo de Vicente Fox.

Cuando muere Colosio, tenía 14 años; yo pensaba que habían matado al presidente, entonces el candidato del PRI era el siguiente presidente. Ahora eso ya no sucede”.

Campaña

En 2006, Guadalupe Murguía lo invitó a formar parte de su equipo por la presidencia municipal de Querétaro.

Perdieron la contienda interna, en la que salió electo Manuel González Valle, quien gobernaría la capital hasta 2009.

“En 2009 empecé a trabajar para ser candidato del Distrito III y cuando Lupita decide volver a participar, me pide que me sume. Por eso dejé mi aspiración de buscar la candidatura, pero ya tenía la espinita y me llamaba ir a hacer el compromiso, a tocar puertas, a ver a los ciudadanos a los ojos. En la interna fuimos contra Francisco Domínguez y no ganamos”, recuerda el político panista.

Esos procesos electorales resultarían aleccionadores.

“Se aprende mucho más en la derrota, porque te lleva a un acto reflexivo más profundo, pero la victoria que se toma con mesura también enseña, porque sabes, o deberías saber, que no ganaste solo, que tuviste la aportación de muchísima gente y eso te permite valorarlo, apreciar lo valioso que es conformar un equipo en el que todos aporten”.
Correa Sada insiste en las lecciones de las campañas internas que no ganó.

“En los temas políticos y humanos, la lealtad se tiene que mostrar siempre. Cuando crees en alguien que tiene posibilidades, hay que apostarle, por más difícil que se vea el panorama. Eso permite ser testigo y dar testimonio de lo que crees. Si solo te mueves a tu conveniencia, reflejas la falta de convicciones”.
Tres años después, Correa Sada decide ir por cuenta propia, como candidato por el Distrito III local.
“Lo que arriesgaba entonces era lo que yo había construido. Me aviento y me tocó la fortuna de tener el apoyo de la gente en la interna y luego en la urna”, dice.
“Siempre me ha gustado ir al frente. A veces me cuesta trabajo ir atrás, porque me gusta ser autónomo en mis decisiones, pero en política debes saber jugar ambas posiciones. Esta combinación se gana con la madurez, con la tranquilidad de poder tomar decisiones sensatas, no solamente de pasión o de estómago. Dominarte en lo más profundo, porque si te gana el corazón, puedes puedes perder mucho. El autodominio es un gran reto en la política”, reconoce.

Al concluir su período como diputado local, consideró contender por una diputación federal, pero fue invitado a sumarse a otro proyecto.

“Me invitó Marcos Aguilar a formar parte de su planilla. Tenía trabajo en mi distrito con muchos líderes y con la gente. En el tema partidista, también hay que ser generosos, para que después esa generosidad se regrese. Uno viene a sumar. Hay momentos en los que dices ‘me toca’, pero si el objetivo de 2015 era sacar al PRI del Palacio de la Corregidora y del Centro Cívico, mi chamba era sumar a eso. Si eso significaba ceder un espacio que creía haber ganado, estaba en disposición, como sigo en disposición de dejar el espacio o de buscarlo cuando creo que es justo”, explica.

Correa Sada afirma que su convicción partidista no depende de un cargo o de percibir un salario.

“Soy panista porque creo en la doctrina, en los principios, en la historia de congruencia de lucha, desde Gómez Morín, Efraín González Luna, Luis H Álvarez, ‘Maquío’, Vicente Fox, en su momento, y hoy Ricardo Anaya”.

Ganar Todas

“Es mucho más fácil culpar a los demás de lo que sucede que hacerse responsable uno mismo. Creo que ha habido políticos que abusan del cargo y del poder, pero en Querétaro hemos tenido políticos que han hecho muy bien las cosas; en Querétaro se nota la diferencia, una política de diferente altura. Somos un estado que ha tenido transiciones democráticas sin mayores aspavientos, con una alta participación, y eso nos hace una política de altura”, reflexiona.

Como cualquier político, busca ganar los procesos en los que participa, pero Correa Sada afirma privilegiar la democracia en sí.

“Creo que, más que ganarlas todas, es más sano que la democracia sea eficaz. Si la gente decide, por la circunstancia que sea, seguir apoyando al PAN, me da muchísimo gusto. Pero si en el PAN nos equivocamos, no respondemos a las expectativas y votan por otra alternativa, para eso es el proceso democrático. La maravilla de la democracia es esa, el valor que tiene la decisión de las personas”.

En cuanto a esa opinión ciudadana, Correa Sada es consciente del costo político que asumió la actual Administración municipal capitalina.

“Conozco pocas personas tan trabajadoras como Marcos (Aguilar Vega), con una visión tan clara de lo que quiere. El problema de tener una visión tan clara es que acaba siendo tu visión o la de los demás. En la administración pública, los ciudadanos exigen una alta participación en la toma de decisiones, ya no basta con el voto. Antes te elegían y te cedía la decisión. Hoy ya no es suficiente; el ciudadano quiere elegir y estar inmiscuido, opinar, ser parte, escuchar, decidir lo que el funcionario va a ejecutar”, dice.

También reconoce que algunas de las decisiones, como la construcción de ciclovías, se enfrentaron a una sociedad poco preparada para tomar decisiones enfocadas al bien común.

“Lo que está haciendo esta Administración es hacer más justa la calle. ¿Por qué más justa?, porque hoy 90 por ciento de la vialidad es para los automotores y 10 por ciento para el peatón, el ciclista, para quien va en silla de ruedas, para el transporte público y para el resto. Quien más poder tiene es quien conduce un vehículo y quien generalmente viaja solo.

La política de pedir que cedan una parte del espacio para los ciclistas o los peatones, genera resistencia. Nadie está dispuesto a dar lo que cree que es suyo para el bien común.

Es algo que debemos transformar, y por eso le costó tanto trabajo a esta Administración este proceso, porque implica un cambio de cultura. La ciclovía no es cuestionada por serlo, es cuestionada porque le quita un espacio y un derecho que los automovilistas creen suyo, y por haber menos ciclistas de los que creen que debería haber; piensan que no debería existir. Es una visión egoísta y limitada, pero entiendo que fue construida a base de muchos años, de una experiencia de vida, un modelo de movilidad poco eficiente, que se vuelve un tema de estatus y aspiración el tener tu primer auto. Se ve como un escalón de superación, cuando deberíamos analizar si el logro no debería ser vivir en armonía y hacer lo que todos necesitamos para que todos podamos desplazarnos. Ese es el reto”.