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ELSA MÉNDEZ

Dar para crecer

Existen diferentes formas de ayudar. Se puede dar una moneda o una despensa. O bien, oportunidades que cambien la vida de las personas. Elsa Méndez Álvarez lo sabe. De hecho, ella es una de las beneficiadas de la fundación que preside.

Por una situación familiar, Méndez Álvarez comenzó a trabajar a los 15 años. Eso le permitió concluir el tercer año de secundaria y cursar la preparatoria, pero no alcanzó para la universidad.

A través de un convenio que signó la Fundación Barrios con una universidad, recientemente cursó una licenciatura ejecutiva y se recibió en Contabilidad.

Fue parte de un grupo de empleados de Transportes Ejecutivos que recibieron ese beneficio.

“A los 15 tuve que comenzar a trabajar por una situación familiar. Trabajaba y estudiaba. No fue algo negativo. Vi como algo positivo el poder apoyar. Eso me fortaleció y me hizo ver las cosas totalmente diferentes”, explica Méndez Álvarez.

Tener responsabilidades desde temprana edad fue una gran escuela para ella, forjadora de carácter.

Paso a paso

A los 21 años Méndez Álvarez tuvo a su primer hijo y junto a su esposo inició un negocio de transportes.

“Empezamos en 2005 atendiendo una ruta de transporte público. Era llegar desde que salía el primer camión, y salía hasta el último que regresaba. La base estaba en la Reforma Agraria; teníamos una ruta que daba servicio ahí. Tuvimos que aprender todo. Yo llevaba la parte administrativa y era un trabajo de todos los días, de lunes a domingo”, recuerda.

Un año después se abrió una oportunidad que definiría su futuro, ofrecer el servicio de transporte de personal a una compañía trasnacional.

“Empezamos a crecer, de la mano con la empresa a la que le dábamos el servicio”, dice.

Entonces les tocaba realizar varias funciones. Si no llegaba el operador, por ejemplo, era su propio esposo quien tomaba el volante.

“Hoy tenemos una empresa sólida de 450 empleados. Es una empresa enfocada en ir adelante, buscar qué más hacer, no solo ofrecer el servicio de transporte, buscar destacar e innovar en algunas áreas. Por ejemplo, fuimos la primera empresa que instaló equipos de GPS, para que el cliente pudiera hacer el rastreo del transporte”, señala la presidenta de la Fundación Barrios.

Otras de esas innovaciones fue apostar por el personal, tanto por su capacitación laboral como su educación formal.

“Muchas empresas creen que el tema de capacitación y educación es un gasto, no le apuestan. Cuando una persona viene a trabajar con nosotros, le informamos que además de desempeñar su trabajo tiene que dedicar tiempo a estudiar y prepararse”.

Así, firmaron convenios con el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) para que su plantilla laboral pudiera concluir sus estudios de educación básica.

“Saber manejar no es suficiente, y hemos visto la diferencia con la gente. Incluso operadores de 60 que aprender a leer o que le presume a sus nietos que va a estudiar para un examen”.

La iniciativa se tradujo en una mejor imagen corporativa, que con el tiempo se convertiría en su carta de presentación.

“Cuando empezamos todos esos cambios, los clientes empezaron a sentir mayor confianza de trabajar con nosotros. Seguimos teniendo clientes con los que empezamos a trabajar hace 12 años”, refiere Méndez Álvarez.

La consecuencia natural fue seguir apostando por la educación, apoyando a quienes terminaban la secundaria a presentar su examen de ingreso al Ceneval y, posteriormente, el convenio universitario con el que la propia Méndez Álvarez se graduó.

Nueva vida

“Yo creo que sí te cambia la vida. Se vuelve un extra para ti. La empresa solo quiere contar con gente que se ponga la camiseta, que esté en un lugar que le guste. Por eso es importante conservar al personal y darles oportunidades nuevas”, reflexiona.

“Al ser una empresa familiar, te vas involucrando con las personas, las vas conociendo. Cuando era una empresa muy pequeña, el contacto era directo. Es ahí cuando conoces lo que ellos quieren y esperan. También está el hecho de que las transnacionales con la que trabajamos te llevan a estar a su nivel. No solo quieren el servicio de transporte, te auditan para que apliques este tipo de programas y tengas personal capacitado”, explica Méndez Álvarez.

Adicionalmente, es un modelo rentable.

“Una persona capacitada para hacer su trabajo y que está a gusto, comete menos errores. Eso cuesta menos y tienes mejores resultados. El operador que está a gusto, que sabe que está en una empresa que lo respalda, va a desempeñar bien su trabajo, va a atender bien al cliente, y no tiene quejas. De ahí parte nuestro negocio. Nuestra empresa la mueven los operadores, lo que hacen cada día en su turno. Dependemos de la calidad con la que da su servicio, como los recibe, como está presentado”.

Publicidad gratis

Esta empresa de transporte no tiene un departamento de mercadotecnia ni relaciones públicas. Crece por la recomendación que hacen sus propios clientes.

“La imagen cuenta mucho, los camiones limpios, modernos y cuidados son la publicidad, así como ofrecer un servicio de calidad y que la gente sepa que el camión va a pasar cada 10 minutos”, dice Méndez Álvarez.

El esfuerzo ha sido reconocido con diferentes distintivos, como el de empresa incluyente y socialmente responsable, lo que llamó la atención de asociaciones que pidieron apoyo en el tema de transporte.

“Apoyamos en temas de transporte, pero no falta quién necesita algo más. De ahí surge la idea de la fundación. Tenemos la idea, como familia, de no solo apoyar con temas de transporte. Con eso empezó, pero una vez que nos conoció la gente encontramos más necesidades, como la salud”, recuerda.

La Fundación Barrios ofrece jornadas de salud, llevando médicos generales y otros especialistas, como dentistas, nutriólogos, optometristas y terapeutas, a comunidades sin acceso a servicios médicos.

En cada jornada atienden sin costo alguno entre 150 y 300 personas. La consulta incluye el medicamento.

“Para que confíen en la Fundación no podemos pedir para ayudar. Tenemos la oportunidad de que nuestra empresa puede dar el apoyo, y no esperamos a ver si nos llega el material o si alguien coopera. El apoyo es directo”, señala.

También trabajan en proyectos culturales, como la pinta de murales que organizaron entre estudiantes de telesecundarias de El Marqués.

“Fueron dos meses y medio, desde seleccionar el tema del mural. Les cambias a los chavos la idea del arte urbano, no es solo hacer rayones. Empieza como gratifi, pero lo convierten en algo artístico que refleje un tema de las telesecundarias. Son jóvenes y hay que despertarles el gusto por algo más artístico, los traemos a museos, tenerlos ocupados en cosas positivas”, señala.

“Muchas veces la gente piensa que la fundación te va a arreglar tus problemas. Lo que tratamos es de ayudar a una comunidad o a un grupo, no a la persona. Mucha gente llega con su receta. Se da el medicamento, pero también preguntamos qué tiene para canalizarlo”, dice.

“Realizamos 450 mastografías y seis personas tuvieron un resultado positivo. Las acompañamos al examen, al laboratorio, y a quienes necesitaron más apoyo, como segundo examen o llevarlas con especialista, se lo dimos”, dice Méndez Álvarez con total seguridad, por lo que la pregunta es obvia, ¿por qué una persona que tuvo que trabajar para concluir la secundaria regala su dinero?

“A todos en algún momento nos hubiera gustado que alguien se hubiera interesado en darnos una oportunidad. Eso, lejos de crearme un sentimiento negativo, provocó lo contrario. Empecé a trabajar y me encantó tener mi dinero y apoyar a la familia. Pero al hacerlo no quiero que vean las cosas fáciles. Siempre he dicho que se debe tener compromiso. Si tenemos la oportunidad de tener una empresa y la posibilidad de apoyar, hay que verlo como un compromiso. Si todas las empresas pensaran de esta forma, sería muy diferente la vida”, responde.

“Veo una diferencia muy grande, por ejemplo, en la escuela que puedo pagar a mis hijos y a la que van otros jóvenes; creo que no está bien vivir en dos mundos”, enfatiza.