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Antonio Zapata

ANTONIO ZAPATA

PRESIDENTE DE LA MESA DIRECTIVA

La oposición como política

Antonio Zapata Guerrero ingresó al Partido Acción Nacional (PAN) en 1973.

“Como uno de los muchos que salíamos a las calles a hacer pintas, tocar puertas y entregar volantes”, recuerda el actual presidente de la Mesa Directiva del Congreso local.

Zapata Guerrero tenía 21 años y recorría las calles de la colonia Industrial, en la Ciudad de México, invitando a los vecinos a votar por Acción Nacional.

Tenía 21 años y si bien el PAN tenía ya medio siglo de existencia, faltarían 16 años para que emanara el primer gobernador blanquiazul. Entonces, ni asomo de la hoy mítica reforma política de 1977, con la que comenzó la transición democrática del país y dos décadas más tarde se traduciría en una mayoría opositora en la Cámara de Diputados. En la memoria colectiva seguían vigentes el 2 de octubre y el halconazo.

“Se necesitaba valor para salir a las calles a pintar, a sabiendas de que venía una cuadrilla detrás que manchaba lo que habíamos pintado. Poníamos una calcomanía y la quitaban. Nos correteaban, nos apedreaban; incluso, con la fuerza pública”, dice.

“Era una situación difícil. Me hablas del 68, pero te puedo contar de la huelga de hambre que hizo entonces Luis H. Álvarez. O de ‘Maquío’ y su resistencia civil. Ya habíamos pasado los atropellos en Chihuahua a ‘Pancho’ Barrio, hasta que finalmente el régimen reconoció y aceptó la derrota en Baja California, con Ruffo (Appel)”, reflexiona Zapata Guerrero.

El presidente de la Mesa Directiva llegó a la política por la amistad que sostenía con el hijo de un candidato a diputado federal. Aunque con la rebeldía propia de la juventud, al panista en ciernes también le gustaba provocar.

“Cuando uno estudia, normalmente tiendes a ser rebelde. Éramos de izquierda, pero me tocó estudiar los principios de los partidos políticos, y cuando analicé los de Acción Nacional me cautivaron, me convencieron”.

En los estatutos panistas descubrió a un partido político más preocupado en la formación de ciudadanía que en participar y ganar comicios.

“Ahí dije: ‘a ver, un partido sale a ganar un proceso, pero primero tienes que hacer ciudadanía y trabajar con las personas’. No darle de comer, enseñar a pescar y, nosotros pensábamos, incluso enseñar a fabricar la caña. Eso me cautivó de Acción Nacional. Hasta que llegamos a la campaña de Maquío, que movió almas y corazones, que hizo un gran boquete, del tamaño del cuerpo de Maquío –ironiza–; hasta llegar a 1994, con Diego de Fernández, que generó la esperanza de triunfo”.

Fueron años para formar carácter y que hoy le permiten decir “fui parte”.
“Nos tocó vivir esa época y hoy disfrutamos de un proceso democrático. En esos términos, Querétaro es un estado sin igual. Gozamos de situaciones que no se gozan en Oaxaca o en Chiapas, por poner un ejemplo”.

Cúpula empresarial

El destino llevó al diputado panista a Juchitán, Oaxaca, para trabajar en los negocios familiares.

“Me fui con mi familia y empecé a participar en la política empresarial. Fui líder de la Cámara de Comercio, y en la delegación de la Canacintra. Mi padre había ejercido liderazgo social, de los auténticos ciudadanos, y me enseñó a trabajar para fundar unidades de la Cruz Roja, escuelas, comités de mejoras para introducir agua potable. Después, surge la necesidad de participar en política. En Juchitán las elecciones eran muy competidas, se definían por 500 votos, una ciudad verdaderamente politizada”, refiere.

En Juchitán participó en la organización de la campaña del primer candidato de Acción Nacional en el municipio.

“El candidato obtuvo 50 votos y conocíamos perfectamente a los 50 que habían votado”, dice.

La experiencia le generó orgullo, pero en un afán por ofrecer una mejor educación a sus hijos, se muda a Corregidora, Querétaro, ciudad a la que llegó en 1994, año del levantamiento indígena en Chiapas y del triunfo de Ernesto Zedillo.

En Corregidora se sumó al PAN como consejero estatal, y más tarde como integrante del comité municipal. Le tocó participar en la contienda de 1997, la cual recuerda como una carrera de caballos, quedamos a una nariz. En el siguiente proceso, buscaría la presidencia municipal de municipio, triunfo que coincidió con el de Vicente Fox, el primer presidente panista.

“Me siento orgulloso de ser parte de quienes contribuimos en Corregidora en Corregidora a ese cambio, a esa transformación. Tuve el privilegio de ser dos veces alcalde, pero un hombre solo no puede lograr las cosas. Hubo muchas personas, muchos vecinos que me ayudaron, dentro y fuera del Gobierno, a visualizar el Corregidora que hoy disfrutamos, y a soñar con el Corregidora que debe ser en los próximos 15 o 20 años”.

Viejo lobo de mar

“En 1976 no estuve tan activo en el proceso electoral, pero a partir de ahí he estado metido. Prácticamente no he dejado de participar. Soy inquieto y cuando perdemos me duele. En el 2009 me dolió profundamente perder Corregidora. Nunca debimos haber perdido el municipio; claro, hicimos todo para perder, y cuando cometes error tras error; ni hablar, se pierde y bien merecida la derrota, pero me dolió y es justo que empezara a trabajar nuevamente, pensando en ser candidato”, explica Zapata Guerrero.

Esa experiencia le permite identificar los cambios que ha sufrido el partido.

“Nuestro gran reto era no perder el partido cuando ganáramos el gobierno. Lo teníamos muy claro, Carlos Castillo Peraza nos decía que debía haber alternancia. Cuando te lo dicen en 1995, dices, ‘a ver, canijo, no friegues, si no hemos ganado mucho y dices que debe haber alternancia, no lo entiendo’, pero cuando pasa el tiempo te das cuenta de que el poder te corrompe, te echa a perder. El poder consecutivo genera soberbia y entonces entiendes que la alternancia permite que regreses y aterrices”.

“¿Cómo ha cambiado el PAN?, de ser un partido de oposición, éramos muy pocos, vino un gran crecimiento y muchos se incorporan, entendiendo que era su forma de llegar al poder. No les interesaba hacer ciudadanía ni los principios o valores, nuestra gran doctrina. Simplemente ‘yo quiero acceder al poder’. Un ejemplo claro lo tenemos en 2018, si no me das la candidatura, no importa si ve voy a otra fuerza política, con tal de acceder a lo que creo que merezco o que quiero”.

Sin dar nombres, el legislador queretano considera que se sumaron panistas que dejaron de luchar por el bien general para enfocarse en el bien personal.

“Eso me parece que es una transformación negativa. Muchos panistas están más interesados en el sueldo que en lo que podemos hacer y contribuir. Me parece que ese es el paso que debemos dar hacia atrás para reflexionar. ¿Que ganábamos cuando salíamos a trabajar y luchar por las personas? Ese es uno de los cambios que desgraciadamente estamos viviendo y que debemos entender que la lucha no es por el poder, sino por el hacer, por el bien común”.

–En ese sentido, ¿Cómo justificar una alianza con la izquierda? –le pregunto.

“Me parece que estamos luchando por cambiar el modelo de Gobierno. Debemos entender que hoy, en general y en el mundo, las grandes alianzas, las grandes coaliciones, son las que dan gobernabilidad. La pregunta en muchas ocasiones es si son el agua y el aceite. Eso es lo que dices tú, y soy contundente: hay temas en los que jamás nos pondremos de acuerdo con el PRD, y no tenemos por qué tenerlos en la agenda. ¿En que sí coincidimos?, en que queremos cambiar el modelo y la forma de hacer política. No podemos seguir haciéndola como tradicionalmente. Requerimos aliados, alianzas, y tenemos que compartir el poder para generar el bien mayor, el beneficio de las personas. ¿Cómo te pones de acuerdo?, busca lo que te une, por que lo que desune es fácil”, dice.

Zapata Guerrero ve en la alianza con MC y PRD una oportunidad para crear un antes y un después.

“Debemos entender que no es apropiarse y desquitarse, sino buscar lo que los ciudadanos queremos, acabar con la impunidad, con la corrupción; que la seguridad pública devuelva la paz y tranquilidad en los siguientes años. No hay varita mágica, los problemas de seguridad se crearon en los últimos 40 años y va a tardar años en recuperar las calles. Se puede, pero hay que entenderlo como nación y para eso necesitamos a las fuerzas políticas y no estar enredados en un Congreso federal sin fiscal anticorrupción ni procurador, porque no hay acuerdos. Lo que nos une es México, sentémonos a hablar sobre lo que México y los mexicanos requerimos”.

“No todos los buenos están en el PAN. Hay malos también. Hay buenos y malos en todas las fuerzas políticas”.