Tenemos la política exterior de Trump y también la de su gobierno.

En los últimos cinco días, el presidente Donald Trump ha agradecido su “linda carta” a Kim Jong-un de Corea del Norte, rememorado su “estupenda reunión” con el presidente Vladimir Putin de Rusia y ofrecido reunirse con el presidente de Irán, Hasán Rohaní, sin condiciones previas.

Durante esos mismos cinco días, el Departamento del Tesoro impuso sanciones a un banco ruso acusado de ayudar a Corea del Norte en actividades relacionadas con armas. El secretario de estado Mike Pompeo dio una lista de condiciones previas rigurosas para cualquier acercamiento con Irán. Y los principales funcionarios de inteligencia y las fuerzas del orden del gobierno prometieron combatir la interferencia rusa en las elecciones intermedias, mientras que los republicanos del Senado impulsaron un proyecto de ley que impondría nuevas y duras sanciones a Moscú.

Está la política exterior de Trump y también está la política exterior del resto del gobierno de Trump, respaldada por el Partido Republicano. Esta semana, ambos estuvieron en desacuerdo. Ya sea Rusia, la OTAN, Irán o Corea del Norte, los colaboradores de Trump y su partido emitieron un mensaje radicalmente diferente al del presidente mismo.

“Existe una clara discordancia entre las palabras del presidente y las de su gobierno”, afirmó Vali R. Nasr, decano de la Escuela Johns Hopkins de Estudios Internacionales Avanzados, “algo que han observado los aliados y adversarios de todo el mundo”.

En ningún lugar fueron más discordantes estas diferencias que en la forma en que respondieron el gobierno de Trump y los republicanos a las últimas inquietudes de que el gobierno de Rusia está tramando interferir en las elecciones intermedias casi como lo hizo durante las elecciones presidenciales en 2016.

El jueves, la Casa Blanca nombró a un grupo de altos funcionarios para hablar de la amenaza y explicar las medidas defensivas del país. El presidente brilló por su ausencia.

“Nuestra democracia está en la mira”, señaló la secretaria de seguridad nacional Kirstjen Nielsen. “Va más allá de las elecciones”, dijo el director de inteligencia nacional, Dan Coats. “Esta es una amenaza que necesitamos tomar con extrema seriedad”, afirmó el director del FBI, Christopher Wray.

En el Capitolio, los republicanos se reunieron con los demócratas para proponer sanciones adicionales a Rusia que el senador Lindsey Graham, de Carolina del Sur, describió como “las más duras jamás impuestas”.

El proyecto de ley también va contra los empeños de Rusia para fracturar a la OTAN y requiere el voto de dos terceras partes del Senado para que Estados Unidos se retire de la alianza. Ese tono es una reprimenda directa a Trump, quien regularmente descalifica a la alianza como un conjunto de zánganos que no aportan nada a Estados Unidos.

Sin embargo, en un mitin en Pensilvania horas más tarde, Trump desestimó la investigación del fiscal especial sobre la interferencia de Rusia y la calificó como un “engaño” que impedía que su labor fomentara una relación constructiva con el presidente ruso. “Me llevo muy bien con Putin”, dijo sobre su reciente reunión en Helsinki. En cuanto a los miembros de la OTAN, señaló, que eran morosos y necesitaban una buena reprimenda acerca del pago de sus facturas.

“Era importante que el equipo de seguridad nacional hablara masiva y enérgicamente sobre la agresión de Rusia hacia nuestras elecciones”, dijo R. Nicholas Burns, exembajador de la OTAN bajo el mandato de Bill Clinton y George W. Bush. “Pero Putin no será disuadido en este aspecto, ni de Crimea, ni del ataque neurotóxico hasta que no oiga a Trump decirlo enérgica y convincentemente”.

“Hasta entonces”, señaló Burns, “considerará que Trump es débil”.

Los funcionarios del gobierno dijeron que Trump instruyó a su equipo de seguridad nacional a que en la sesión informativa del jueves subrayara la seriedad con que se toma la amenaza de la interferencia en las elecciones. Dijeron que su lenguaje suavizado —acerca de Rusia o de Corea del Norte— solo refleja su convicción de que debe fomentar una relación positiva con los líderes de esos países.

Cuando le preguntaron al asesor de seguridad nacional, John R. Bolton, por qué Trump rara vez, si es que lo hace, da la señal de alerta sobre la intromisión de Rusia en las elecciones, dijo a los reporteros: “El presidente ha dejado muy claro a cualquiera que tenga responsabilidad en esta área que le preocupa mucho y que espera que hagan su trabajo lo mejor posible”.

La discordancia entre Trump y su equipo se extiende a países como Irán, con el que ni él ni sus asistentes buscan una relación cordial. La declaración del presidente de que se reuniría con los líderes de Irán “cuando ellos quieran” —sin condiciones previas— vino justo mientras otros funcionarios, incluyendo a Pompeo, endurecían sus expresiones hacia ese país.

Pompeo rápidamente mencionó tres condiciones previas para el trato: que los iraníes “demostraran un compromiso de hacer cambios fundamentales en la forma de tratar a su pueblo y reducir su perverso comportamiento” y “pactar un acuerdo nuclear que en verdad evite la proliferación”.

Los funcionarios del gobierno han argumentado durante mucho tiempo que los líderes extranjeros deben concentrarse en las políticas, no en los tuits del presidente o en las declaraciones espontáneas. El viernes, por ejemplo, el Departamento del Tesoro puso en la lista negra a un banco ruso acusado de tramitar millones de dólares en transacciones para negocios de Corea del Norte, violando las sanciones de la ONU, una de tantas medidas contra ambos países.

Pero esos pasos graduales tienden a desvanecerse junto a las novedosas medidas de Trump. Incluso si sus asistentes mantienen consistentemente una línea dura para Rusia y Corea del Norte, el acercamiento solícito de Trump con Putin en Helsinki o en Singapur, donde se reunió con Kim, marcan la pauta.

Después de Singapur, Trump declaró que él y Kim habían resuelto la crisis nuclear de Corea del Norte, una valoración de la que no ha desistido incluso después de los informes de inteligencia que decían que ese país todavía estaba produciendo combustible nuclear y construyendo misiles balísticos.

El jueves, Trump agradeció a Kim haber regresado los restos de soldados estadounidenses muertos en la guerra de Corea. “No me sorprende que haya tomado esta bondadosa iniciativa”, dijo en Twitter. “También agradezco su linda carta ¡y espero verlo pronto!”

Esto ha puesto a Pompeo, el negociador principal del presidente con Corea del Norte, en una posición infernal. El viernes, dijo a los reporteros que las últimas acciones de Corea del Norte violaban los compromisos de la ONU y destacaban lo difícil que será retirar del país sus armas nucleares.

“Los norcoreanos han estado condicionados por la costumbre del presidente de ignorar las posturas de línea dura de los funcionarios”, afirmó Daniel R. Russel, ex secretario adjunto de Estado para los asuntos de Asia Oriental. “Como resultado, solo quieren tratar con Trump, quien hasta ahora ha demostrado ser un objetivo fácil”.

“Nunca es fácil tratar con Corea del Norte”, señaló, “pero esto hace que la tarea de Pompeo sea exponencialmente más difícil”.

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