El segundo aviso: El toreo y la actualidad

En estos días en los que se pretende humanizar a los animales y deshumanizar a los seres humanos, vamos a plantear algunos aspectos relacionados con la fi esta de los toros y algunos otros puntos que, aunados al ya citado, tratan de acabar, a como dé lugar, con este espectáculo. Iniciamos poniendo en contexto el significado de la llamada fiesta brava para los realmente aficionados.

La tauromaquia proviene de una antigua y milenaria relación entre el toro y el hombre, la cual ha tenido vínculos religiosos, culturales, como medio de supervivencia y como simbología de virilidad, fuerza y hombría.

A través de los años, evolucionó hasta convertirse en ritual, en el que el hombre y la bestia se envuelven en una danza de vida y muerte; el hombre aporta su valor e inteligencia, y el toro, su bravura y su fuerza, ambos dispuestos a perder la vida en el albero de ser necesario, y así darle verdad y trascendencia a esta fiesta.

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Esto definitivamente no es comprendido por muchas personas, quienes lo consideran un espectáculo cruel y ventajoso, y no apto para menores de edad. Esta situación tocó fondo en Xico, Veracruz, cuando por órdenes de las autoridades fueron detenidos en pleno festejo los empresarios de la plaza, bajo el cargo de “Corrupción de menores”.

Esta situación es absurda y con tintes políticos, lo que ya se ha dado en otras ciudades, sin que exista respuesta por parte de los afectados. Otro detalle importante se dio en la Feria de Pamplona, en la que a la autoridad se le ocurrió proponer que solamente se “corrieran los encierros” y se omitieran las corridas de toros vespertinas.

En este caso sí hubo respuesta de los ganaderos, lo cual hizo que la autoridad se retractara y, como si no hubiera pasado nada, procediera a presidir los citados festejos.

Estos y algunos otros detalles, aunados a la insistente necesidad de humanizar a los animales por parte de una famosa empresa cinematográfica, pone en riesgo la fiesta de los toros y por ende la existencia del toro de lidia. Por ello, es necesario, entre otras cosas, que la fiesta se promueva y se difunda, que los que realmente comen de ella levanten la mano y que los que nos hacemos llamar ‘aficionados’ lo seamos realmente, para con ello exigir una fi esta llena de verdad y con ello buscar que trascienda.

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