Fe y razón: Para dar voz a los migrantes

Hace cinco años, Francisco, recién elegido Papa, nos sorprendió con un viaje a la isla de Lampedusa, icono del drama de los que emigran hacia Europa. Esa visita marcó un aspecto central de su pontificado: la defensa de los migrantes. ¿Qué solución propone el Pontífice?

  1. A cinco años de Lampedusa. Fue el 8 de julio de 2013, a sólo tres meses del inicio de su Pontificado, cuando el Papa visitó la isla italiana de Lampedusa, puerto por donde llegan cada día centenares de balseros a Europa y, a la vez, sitio donde mueren ahogados muchos de ellos.
  2. Una respuesta a medias. En la homilía de esa Misa, el Pontífice recordó que en aquel viaje hace cinco años, él se hizo eco del “perenne llamado a la humana responsabilidad”, tomado de Génesis 4: “¿Dónde está tu hermano?, la voz de su sangre grita hasta mí”. Y lamentó que las respuestas a esta llamada –aun siendo generosas– “no han sido suficientes” y, en consecuencia, “hoy nos encontramos llorando a millares de muertos”.
  3. Una respuesta práctica. El Obispo de Roma repitió su propuesta práctica para ayudar a los migrantes. “Frente a los desafíos migratorios de hoy, la única respuesta sensata es la de la solidaridad y la misericordia”, dijo.
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Según el Papa se trata de “una política justa es la que se pone al servicio de la persona, de ‘todas’ las personas afectadas; que prevé soluciones adecuadas para garantizar la seguridad, el respeto de los derechos y de la dignidad de todos; que sabe mirar al bien del propio país teniendo en cuenta el de los demás países, en un mundo cada vez más interconectado”.

Epílogo. La voz del Papa, en este mundo globalizado, sigue siendo “la voz de los que no tienen voz” (frase acuñada por Juan Pablo II). La cercanía de Francisco a los migrantes es fundamental, porque los migrantes quedan en “tierra de nadie”.

Por ahora, la voz del Pontífice es un medio importante para que la opinión pública internacional no deje a los migrantes en el olvido y para que exigir que sean respetados los derechos de quienes quedan al desamparo, lejos de su tierra, lejos de los suyos.

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