Octavio Paz, el eterno retorno

Hace unos días pensaba en cuántos años habían pasado desde la muerte de Octavio Paz. El acontecimiento lo sentía cercano, dudé que hubiesen sido 20 o 22 años. Me pareció que la fuerza que representaba como figura todavía estaba presente, que de alguna manera se podía percibir esa certeza y alivio que los grandes pensadores brindan, luego pasé a un sentimiento de desamparo. 

 

Recordé algunos de los 584 versos que conforman ‘Piedra de sol’, considerado como uno de los poemas más sólidos de las letras hispanas y que habla de la fragilidad y del deseo humanos. Pero recordé también que es un poema vibrante, profundamente conmovedor y humano, que nos impulsa a sentir una enorme solidaridad con otros seres humanos y a reforzar nuestra creencia en el potencial del amor, en pocas palabras, un poema que nos impulsa hacia adelante y al darnos esa certeza nos libra del desamparo. 

 

Quinientos ochenta y cuatro son también los días que transcurren en la vuelta de Venus al sol. Es un poema circular, un eterno retorno, que acaba donde comienza, una alegoría de la vida.

 

Y ha sido una coincidencia curiosa haber rememorado la fecha del aniversarioluctuoso de Paz y justo después encontrar un anuncio en el que se informa de un homenaje que se realizará en en el Palacio de Bellas Artes para conmemorar los 20 años de su fallecimiento.

 

Sería mejor que el homenaje coincidiera con la fecha de su partida, y aludir de alguna manera a su eterno retorno, y no 52 días después. Algo de improvisado y de descuidado tiene este homenaje que ni siquiera se acerca a la verdadera fecha de su fallecimiento. 

 

¿Será que Paz se está convirtiendo en un cometa errático cuya presencia es cada vez menos brillante y frecuente? Quisiera pensar lo contrario, pensar también que su poesía, un acto que nos libra del desasosiego, merece mayores agradecimientos.

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