El segundo aviso: Castella y la teoría del movimiento

Observando la faena de antier de Sebastián Castella en “Las Ventas”, recordé un interesante artículo del maestro Carlos Septién García titulado “De Heráclito a Manolete”, el cuál trata sobre el concepto de que los toros acometen a lo que se mueve, resaltando la quietud y majestuosidad del que se queda quieto. Y es ahí, a decir del maestro Queretano, cuando el torero logra alcanzar la verdad de que en todo movimiento hay algo que se va y algo que se queda; algo que fluye y algo que permanece.

Lo que Castella le hizo a “Juglar” de Garcigrande fue una faena llena de pundonor, raza, coraje y sobretodo tratando de justificar su sitio de “figura” dentro de la tauromaquia mundial. En los inicios fue aparatosamente levantado por el astado cuando toreaba con el percal y sin importar la herida en el talón, lidió con la muleta de manera excepcional exponiendo muchísimo y toreando con una firmeza a un toro que conforme avanzaba la faena fue perdiendo fondo y acometividad. Esto último obligó al francés a pisar terrenos comprometidos con una quietud y estoicidad para poder arrancarle algunas tandas, las cuales fueron culminadas con un desplante arrojando la muleta al albero cuales hojas cayendo del árbol y quedando el diestro entre los imponentes pitones erguido e inmóvil como el tronco de un árbol. Tardes tan emotivas como ésta, independientemente de el corte de orejas que dicho sea de paso representaron su quinta salida en hombros en este ruedo “Venteño”, permiten apreciar este secreto moderno del toreo, utilizar el movimiento suave y acompasado de la muleta para que el toro sea el que pase y el torero simplemente permanezca.

A manera de reflexión, me surgió la duda sobre si alguna de las llamadas “figuras” extranjeras de la actualidad en algún momento desarrollarán este tipo de faenas en un coso mexicano. De entrada sabemos que las circunstancias son diversas y muy diferentes comenzando con los toros que les gusta lidiar. Pero por otro lado, nosotros como aficionados sabemos de qué son capaces y por lo tanto debemos exigirles ética, verdad y respeto, como lo mostraron esa tarde Ponce y Castella, y así evitar que vengan a nuestro país dispuestos a ratificar ese título de “figuras del toreo”.

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