¿Conoces tu constitución?

Una gran parte de los expertos en derecho e historia llegan a un punto de encuentro: la constitución de 1857 fue el mejor modelo que hemos tenido en la historia.

Flexible y concisa. Contaba con aproximadamente 7 mil 500 palabras. Posterior a ello y con el conflicto originado por la Revolución, México y un puñado de idealistas, como Venustiano Carranza, se empeñaron en plasmar los postulados de libertad, democracia y justicia, valores sociales tan vulnerados durante la presidencia del General Porfirio Díaz, en una Carta Magna.

Después de una serie de desacuerdos, entre ellos la rebeldía motivada por el hambre de poder, principalmente de parte de Francisco Villa, y el resentimiento por falta de compromiso con el pueblo, hablando de Emiliano Zapata, se convocó a un Congreso Constituyente en la ciudad de Querétaro, en donde el Teatro de la República marcó con su huella.

Es un hecho que nuestra constitución fue ejemplo en América Latina por la incursión de derechos sociales dentro de su articulado. ¿Los más importantes? Se fortaleció el régimen jurídico en temas como la educación, el trabajo, la propiedad, delimitar las funciones específicas de los tres poderes de la unión, la libertad municipal como base de la división política, aranceles y legislación bancaria, entre otros aspectos.

¿Hoy cuál es el panorama?

Ahora nuestra constitución asciende a 64 mil palabras.

Un maestro de Civismo no puede pedirle a sus alumnos que la compren, porque a las dos semanas hay una reforma. Todo diputado busca dejar su ‘legado’ en el Congreso.

Que se legisle lo necesario y pensando de manera racional, por ejemplo, ¿por qué en el apartado del Poder Judicial, se describe el funcionamiento de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y de la Fiscalía General de la República?

Nada que ver.

Ante la pronta renovación de legisladores, exijamos un marco jurídico para las necesidades de hoy, congruente y funcional.

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