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Leones Brigadistas, un apoyo en la adversidad
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El objetivo de la Anáhuac Querétaro es que en ocho semanas alrededor de mil jóvenes apoyen en las zonas más afectadas por el sismo del 19 de septiembre

Devastación. Esa palabra parece ser la más adecuada para definir lo que llegó a México con el sismo del pasado martes 19 de septiembre. Otra vez un 19-S y la historia se repitió. El dolor, la pena, el caos, la incertidumbre y el miedo llenaron los corazones de la población como hace 32 años. Incluso el caso de un ‘un niño fantasma’ que acaparó los reflectores se repitió, como una verdadera calca del terremoto del 85.

Como en aquella ocasión, el sufrimiento y la devastación estuvieron acompañados de la solidaridad y la unión de la ciudadanía, que le regresó la esperanza a quienes creyeron haber perdido todo. Distintos sectores de la sociedad se han unido para ayudar en lo que puedan y la comunidad universitaria no fue la excepción.

Universidades alrededor de todo el país, tanto públicas como privadas, han abierto centros de acopio y sus estudiantes se han sumado en labores para recolectar, empaquetar y distribuir víveres. Algunas instituciones han ido más allá y, como la red de Universidades Anáhuac, han mandado estudiantes brigadistas a las zonas damnificadas, donde, además de la destrucción, encontraron historias que los marcaron de por vida.




Gustavo Guzmán Pérez es estudiante de quinto semestre de la Licenciatura de Derecho de la Universidad Anáhuac Campus Querétaro. El pasado fin de semana viajó junto con otros 179 jóvenes a comunidades en Morelos y Puebla para repartir despensas y víveres, así como limpiar los escombros de las zonas más afectadas.

“Vi cosas que no se parecen en nada a lo que sale en la tele. Fue más de lo que yo esperaba ver o sentir”, comentó el estudiante que todavía ayuda en el centro de acopio de la institución. “El desastre ya lo imaginaba, pero más que eso fue el desastre emocional que había ocasionado dentro de las familias. Siento que eso fue lo que me marcó porque la gente estaba devastada”.






Gustavo relató que, al llegar ahí, uno se quedó sin ánimos para decirles palabras de aliento a los damnificados. ¿Qué decirle a alguien que lo ha perdido todo? Por ello, destacó que lo más importante para él como brigadista fue conectarse con las personas, con su sufrimiento, y demostrarles con acciones, más que con palabras, que todo va a mejorar eventualmente.

Relató que la experiencia que más lo dejó marcado fue el tener que derrumbar una panadería, en donde quedaron alrededor de 30 o 40 kilos de masa que el dueño estaba trabajando durante el momento del temblor y que, cuando fueron retirados los restos, ya estaba echada a perder, fermentada y llena de polvo. Gustavo se identificó porque sus padres tienen una panadería y conoce el arte de trabajar el pan.


“Sentí muy feo tener que tirarla mientras el señor me veía con una mirada triste, que no podía transmitir nada de felicidad”, compartió con un ligero temblor en la voz. “Nunca se me va a olvidar esa mirada porque no sabemos lo que valía esa masa para él comparado con lo que vale para uno, que podría recuperarlo en poco tiempo. Es su casa, su herramienta de trabajo… todo”.

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En este panorama, la empatía fue la mejor herramienta de Gustavo, quien pudo relatarle al señor un poco de su historia personal, de sus padres que también iniciaron desde lo más bajo y que ahora él tiene la oportunidad de estudiar en una de las mejores universidades del estado. “Yo sé hacer una que otra variedad de pan; traté de transmitirle que valoro el trabajo que hace y sí le sirvió un poco. Me siento agradecido por ello”.

Junto con Gustavo, otros 179 estudiantes viajaron a Morelos y Puebla, como parte del proyecto que tiene la red de universidades Anáhuac de no solo mandar víveres, sino ir hasta las zonas afectadas. La Anáhuac de Mérida y la de Cancún viajaron a Chiapas; la de Ciudad de México se concentró en la capital, en Puebla y Oaxaca, donde la ayuda también fue local. Por parte de Querétaro, los esfuerzos se destinaron a comunidades poblanas y morelenses.


“El ayudar a los necesitados es parte de nuestro ADN, de nuestra misión, y vamos a hacer lo que sea para cumplirlo. Con este temblor se cayeron muchas cosas y se perdieron vidas, pero estamos recuperando esta sensibilidad a querer organizarnos y hacer cosas por los demás”, declaró el rector de la Universidad Anáhuac Campus Querétaro, Luis Alverde Montemayor, quien recordó que esta institución históricamente se ha caracterizado por ser socialmente responsable.



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En 1985, la Anáhuac Norte fue una gran fuerza de apoyo y cerca de 6 mil jóvenes de la institución capitalina recibieron víveres y medicamentos, los distribuyeron entre los damnificados y también colaboraron en remover escombros en las zonas más afectadas. Además, contribuyeron en la construcción de centros integrales de desarrollo comunitario, viviendas y escuelas en el municipio de Lerma, Estado de México.

La del pasado fin de semana fue la primera brigada de ayuda que atendió entre 30 y 40 comunidades, algunas de ellas son pueblos de 2 mil habitantes; y otras, ranchos de apenas 300 personas en condiciones paupérrimas. El rector resaltó que la idea es repetir esta experiencia por ocho fines de semana consecutivos, con grupos diferentes de aproximadamente 100 brigadistas. De hacerlo, se lograría la colaboración de casi mil estudiantes de la Anáhuac Querétaro.

“Nuestra misión es formar de manera integral a los chavos y con esta ayuda estamos aportando a este momento, un momento de reconstrucción de México no solamente en lo material. Tenemos que ayudar y acompañar a esta gente que de repente es la que menos tiene, más lastimada sale y nadie los pela (sic). Nuestro mensaje es que sí se puede y que lo vamos a hacer” y resaltó que la ayuda no queda aquí y en un futuro verán con qué otros programas ayudar.

Un centro de acopio confiable



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El rector de la Anáhuac Querétaro no dudó en asegurar que por ahora son el centro de acopio más importante de la entidad y que junto con la Cruz Roja serán quienes más interactuarán en esta situación. Aclaró que han recibido capacitación en la cuestión de clasificación y empaquetamiento de los víveres, y compartió que apenas en la primera semana de recolecta colaboraron cerca de 700 jóvenes.

La desconfianza ha sido una constante por parte de la población en este momento de crisis, ya que la incertidumbre de si sus donaciones llegarán o no a los damnificados ha provocado que grupos de personas se junten y se trasladen por su cuenta. En este aspecto, Alverde Montemayor reconoció que no puede garantizar que las universidades sean la mejor opción como centros de acopio, pero sí aseguró que todo lo recolectado se entrega en mano a los más necesitados.



Anáhuac Construye y Houston por México

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Uno de los programas sociales que desde hace tiempo tiene la institución naranja es el de Anáhuac Construye, mediante el cual estudiantes trabajan en la construcción de casas para personas de escasos recursos. No obstante, a raíz del sismo, la energía y esfuerzo de los estudiantes se canaliza para la reconstrucción de aquellas regiones y sobre todo para reactivar la economía local, afirmó el rector.

Ante la imposibilidad de construir casas nuevas para todos los afectados, el objetivo es llevar recurso económico y en ferreterías y tiendas de las comunidades comprar los materiales necesarios (cemento, grava, varillas, etc.) para ayudar a las personas en la reparación de sus viviendas. El recurso, detalló, llegaría gracias al apoyo de agrupaciones como Houston por México, ya que por sí sola la universidad no podría cubrir el gasto.

Explicó que Houston por México es una fundación de mexicano-estadounidenses que tienen la preocupación por ayudar a los damnificados y que para distribuir los víveres mandarán 20 tráileres, de los cuales el primero llegó el pasado miércoles a la Anáhuac Querétaro. La siguiente etapa sería apoyar con recurso económico para la reconstrucción y rehabilitación de viviendas. La meta original era recaudar 500 mil dólares entre distintas agrupaciones, pero ahora el objetivo es “alcanzar el millón de dólares para convertirlo en ayuda”.

Créditos


Patricia Spíndola

Texto

Carlos Quio

Desarrollo web

J. Ricardo Morales

Desarrollador Web

Daniel Merlo

Edición de vídeo

Arturo Ochoa

Fotografía

Eduardo Trejo

Diseño Gráfico