La noticia de una falla en la presa de Laos no les llegó, pero el agua sí

Kang Ngan no está segura de qué es una presa. No sabe cuántos años tiene, aunque cree que “más de 30” es una buena conjetura. Sin embargo, ha vivido lo suficiente para saber que algo está muy mal a lo largo del río Sekong.

Julia Wallace y Len Leng

El ritmo de la vida en Siem Pang, Camboya, está muy unido al afluente turbio y somnoliento del Mekong, que crece anualmente durante la temporada de monzón y después fluye poco a poco hacia sus riberas en octubre.

Pero la semana pasada, el agua subió tres meses antes. Miles de personas en este distrito remoto del noreste fueron desplazadas, entre ellas Kang Ngan y su comunidad, quienes son miembros de la minoría Kavet.

La inundación se debió a la falla de una presa en el territorio colindante de Laos, a unos 80 kilómetros al norte. El accidente devastó un gran tramo de la provincia de Attapeu y llamó la atención de los medios internacionales, pero pocos se dieron cuenta del momento en que el agua corrió río abajo hacia Camboya.

La inundación ha trastocado la vida de la gente que vive aquí, que ha recibido poca ayuda del gobierno camboyano o de las corporaciones multinacionales que financiaron el proyecto de Laos.

Nadie les ha explicado a Kang Ngan y a sus vecinos exactamente lo que sucedió, aunque algunos han escuchado rumores de que el agua llegó desde Attapeu. Ella interpreta la inundación como un desastre natural aterrador, la racha más reciente de mala suerte en una vida ya desafortunada en los márgenes de un país de por sí pobre.

“Antes era difícil y ahora lo es el doble, o el triple”, comentó.

El jardín de vegetales y el pequeño campo de arroz de su familia ahora están arruinados; se quedaron solo con el arroz que habían almacenado, y sin cosechas nuevas para el futuro próximo.

“Todo está inundado, arruinado”, dijo a media voz. “Casi no tengo nada que comer. No tengo nada”.

Sucesos como este podrían hacerse más comunes conforme el sureste de Asia adopta proyectos hidroeléctricos lucrativos que aprovechan los mismos recursos naturales de los que depende su gente para sobrevivir.

Siem Pang se ubica en lo que se conoce como la cuenca 3S, donde los ríos Sekong, Sesan y Srepok fluyen en un laberinto de fango y frondosa vegetación hacia el Mekong. La cuenca 3S es una de las vertientes más grandes y más importantes de Mekong, descrita por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como “una canasta de pan para más de tres millones de personas”.

Sin embargo, cada vez está más llena de presas. Más de 60 se han construido en los ríos de la cuenca en los últimos 25 años, lo cual ha alterado los flujos de agua y sedimentos, además de agotar la fauna piscícola. Cerca de 50 más se están planeando o están en construcción.

A 64 kilómetros al sur de Siem Pang, una presa financiada por chinos llamada Bajo Sesan 2, que comenzó a producir electricidad a finales del año pasado, ya ha desplazado a 5000 camboyanos y podría devastar poblaciones de peces que alimentan a decenas de miles más.

Ian Baird, profesor de Geografía en la Universidad de Wisconsin-Madison, quien ha investigado la zona, dijo que la cuenca 3S era altamente multiétnica, y que la mayoría de los aldeanos subsiste gracias al alimento de los ríos y bosques.

“Estos son lugares con gente relativamente pobre que depende en gran medida de los que históricamente han sido recursos naturales muy abundantes, pero que ahora se están viendo afectados”, comentó.

En Siem Pang, una tierra fronteriza más cercana a Laos y Vietnam que la capital camboyana, Phnom Penh, la gente a menudo habla khmer y lao, así como una tercera lengua minoritaria. Los alimentos y los productos agrícolas se importan de Vietnam, y los grupos étnicos tradicionalmente se han expandido a lo largo de las sierras y las junglas de los tres países.

Los ríos tampoco respetan las fronteras nacionales. El Mekong pasa por seis países antes de desembocar en el mar de China Meridional. Los ríos 3S serpentean con más delicadeza a través de Vietnam, Camboya y Laos. Sin embargo, aquí, la cooperación transfronteriza hace mucha falta.

La Comisión del Río Mekong, establecida en 1995, tenía como propósito asegurar que las presas no dañaran el frágil ecosistema del río ni dañaran a los aldeanos que viven río abajo, pero sus disposiciones no son vinculantes y su proceso de consulta ha sido criticado por ser ineficaz. Básicamente, no tiene autoridad respecto de las presas construidas en afluentes clave como el Sekong.

“Actualmente no hay un solo estándar ni conjunto de requisitos en la cuenca del Mekong para evaluar y compensar los impactos transfronterizos”, dijo Maureen Harris, directora del programa del sureste de Asia para el grupo de conservación, International Rivers.

Baird, el profesor de Geografía, dijo que tampoco había sistemas transfronterizos de comunicación de emergencia en vigor, aunque era obvio que el agua que salió de Laos rápidamente llegaría a Camboya.

“Es un punto débil y un problema muy grande”, señaló.

Xe-Pian Xe-Namnoy Power Co., la empresa conjunta detrás de la presa dañada, tiene un acuerdo con el gobierno de Lao que no se hizo público, pero parece que no incluye disposiciones para la compensación transfronteriza.

De acuerdo con International Rivers, no se hizo ninguna evaluación oficial del impacto ambiental transfronterizo de la presa.

Una de las dos firmas surcoreanas involucradas en la empresa conjunta, SK Engineering and Construction, rechazó hacer comentarios acerca de si aceptaría la responsabilidad por la inundación en Camboya.

Cuando ocurrió la inundación la semana pasada, Camboya estaba en medio de los preparativos para su elección nacional, en las que se aseguró la victoria para el primer ministro Hun Sen, el líder cada vez más autoritario del país. A pesar del caos, las autoridades de Siem Pang se aseguraron de que el domingo salieran a votar tantas personas como fuera posible.

El gobernador de Siem Pang, Phann Yuth, miembro del partido de Hun Sen, dijo el domingo que el gobierno había distribuido fideos y agua para consumo, y que había desplegado soldados para evacuar y transportar a los aldeanos en bote, pero no tenía fondos para hacer nada más.

Dijo que no tenía tiempo para una entrevista más larga porque estaba ocupado contando votos. Después, se fue directamente a una fiesta para celebrar la victoria de Hun Sen.

Esa misma tarde, un grupo de mujeres embarazadas desplazadas se estaba refugiando en el ayuntamiento, al parecer sin supervisión.

“Dijeron que estaban ocupados con la elección y que, si necesitábamos ayuda, podíamos llamarlos”, dijo Meuy Lah, de 60 años, que estaba con su hija embarazada y dijo que casi no tenían comida. “Pero no responden el teléfono”.

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