‘E-waste’, la vida después de los dispositivos

Cada mexicano produce entre siete y nueve kilogramos de basura electrónica anualmente, de acuerdo con datos del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES).

Carlos Perusquía

 

Las computadoras, celulares y cualquier cosa con una conexión o batería se convertirán eventualmente en desechos electrónicos, contienen sustancias que plantean riesgos importantes para el medioambiente y la salud si se procesan incorrectamente; reportó el más reciente ‘Observador mundial de los residuos electrónicos’, elaborado por la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y la Asociación Internacional de Residuos Sólidos (ISWA, por sus siglas en inglés).

En 2016, se generaron 44.7 millones de toneladas métricas de residuos electrónicos a nivel mundial, de los cuales 20 por ciento se recicló a través de los canales adecuados, detalló el análisis.

Traducido a términos per cápita, esta cifra representó 6.1 kilogramos anuales por habitante;  en otra dimensión esto también equivalió a casi 4 mil 500 torres Eiffel. Las estimaciones prevén que el volumen de residuos electrónicos aumente hasta 52.2 millones de toneladas métricas para 2021, es decir, aproximadamente 6.8 kilogramos por persona.

“Aunque el 66 por ciento de la población mundial está amparada por una legislación en materia de residuos electrónicos, deben intensificarse los esfuerzos para imponer e implementar políticas de residuos electrónicos y animar a más países a que las desarrollen.”

 

El panorama

La ‘chatarra’ electrónica incluye aparatos de uso doméstico y equipos de oficina que contienen algún tipo de circuito o componente eléctrico que funciona a través de una fuente de poder; estos son considerados basura y no se pretende reutilizarlos, explica la organización Step.

El incremento de los residuos electrónicos se debe a la velocidad en que se expande la sociedad de la información; el crecimiento del número de usuarios y la rapidez del progreso tecnológico que impulsa la innovación, la eficiencia y el desarrollo socioeconómico.

De 34 millones de hogares mexicanos registrados, 45 por ciento poseyó al menos una computadora en 2017, de acuerdo con la última Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (Endutih), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Respecto a telefonía, tanto fija como móvil, 31 millones de casas mexicanas tenían este tipo de aparatos, lo que en su momento representó 91.9 por ciento del total de los hogares. En cuanto a conexión a internet, solo la mitad de las viviendas en México contaban con este servicio.

También se reporta que cada mexicano produce entre siete y nueve kilogramos de basura electrónica anualmente; si esta cifra se multiplica por los 120 millones de habitantes en el país, el resultado es entre 840 millones de toneladas y mil 80 millones de toneladas de ‘e-waste’ generadas anualmente en México, de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), retomados por el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Eso ocasiona que el país sea el tercer generador de este tipo de deshechos (per cápita) en América, solo después de Estados Unidos y Canadá, según Heberto Ferreira Medina, académico del IEES, cuyas palabras fueron retomadas en un comunicado.

“El aumento en el volumen de basura electrónica se ha incrementado desde 2010, año en que cada mexicano, según datos del Instituto Nacional de Ecología, desechaba en promedio entre tres y cinco kilogramos.”

Se estima que en 2015 se tiraron aproximadamente 900 mil toneladas de equipo electrónico; si esto se apilaba, se hubiera llenado una plancha del zócalo de la Ciudad de México anualmente. De continuar esa tendencia, cada dos años podría llenarse el Estadio Azteca, detalló Ferreira Medina.

“Es un problema que, diluido en el ámbito nacional, no se nota, pero son desechos que pueden llegar a contaminar los mantos freáticos y los hábitats; además, no hay cultura del reciclado.”

Al referirse al riesgo que representan esos desechos para la salud humana y ambiental, el universitario los calificó de “altamente contaminantes”.

Así, propuso hacer efectivo el concepto ‘disposición adecuada’, que consiste en “desensamblar los aparatos electrónicos de forma correcta; es decir, separar plástico, metales y componentes, además de reciclarlos para que vuelvan a las cadenas industriales. Es deseable que tanto el plástico como los metales se usen de nuevo. Ello representa una ventana de oportunidad que, por falta de incentivos, se desaprovecha”.

Al hablar de las opciones que tienen los consumidores para que sus equipos sean desechados de manera segura, recalcó que debe alentarse la cultura del reciclado. “La recomendación no es tirar a la basura, es mejor esperar los ‘reciclatrones’ o ‘reciclones’, una iniciativa de la autoridad federal y de empresas del área”.

 

Falta de conciencia

Varias de las firmas tecnológicas más grandes del mundo no cumplen sus compromisos de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y aún son reacias a comprometerse con la energía renovable, según la ‘Guía para una electrónica más ecológica’, publicada el año pasado por la delegación estadounidense de Greenpeace.

El reporte, que evaluó la labor de 17 compañías globales de electrónica en tres categorías, también acusó a muchas de las firmas de no utilizar más materiales reciclados en sus productos y de un lento progreso en la retirada gradual de los componentes tóxicos.

“Las empresas de tecnología afirman estar en la vanguardia de la innovación, pero sus cadenas de suministros están ancladas en la Era Industrial”, afirmó en un comunicado Gary Cook, activista de Greenpeace EUA.

El informe detalla el costo oculto detrás de lo que serían algunos de los productos más codiciados y mejor considerados del siglo XXI: dispositivos de computación portátiles como ‘smartphones’ y tabletas.

Desde 2011, Greenpeace instó a los fabricantes de electrónica a adoptar energías renovables, y algunos de ellos introdujeron fuentes de energía ecológicas en sus centros de datos.

El grupo elabora su informe en función de tres grandes objetivos para la industria: combatir los problemas medioambientales de la manufactura y cadenas de suministro, diseñar productos más duraderos para reducir los residuos electrónicos e instar a todo el sector a repensar todo su modelo de negocio, en el que los productos viejos se desechan sin reutilizar sus materiales.

Los procesos de manufactura de estas empresas no son tan respetuosos con el medioambiente como podría sugerir su imagen innovadora, señaló la organización ambientalista.

Las emisiones de efecto invernadero en la industria incrementaron al tiempo que el consumo de energía aumentaba con rapidez para alimentar las cadenas de suministro y la manufactura de estos productos, así como los centros de datos que gestionan medios sociales y otras aplicaciones basadas en la computación en nube.

Samsung Electronics recibió una calificación de D por su uso de energía renovable, que apenas supuso 1 por ciento en su proceso de manufactura, en comparación con Apple, que empleó energías renovables para 96 por ciento de sus operaciones.

Samsung, el fabricante de ‘smartphones’ y proveedor clave de componentes de muchas de las empresas incluidas en el reporte, aumentó 24 por ciento sus emisiones de gases de efecto invernadero en 2016, en comparación con dos años antes. Asimismo recibió malas notas por sus progresos en la reducción e información sobre productos químicos peligrosos en sus lugares de trabajo y en el diseño de productos duraderos.

Las compañías chinas Huawei, Xiaomi, Oppo y Vivo, que ganaron una cuota de mercado significativa en los últimos años, reprobaron en todas las categorías y mostraban falta de transparencia y de compromiso con la energía renovable, según el reporte.

Amazon fue la única firma estadounidense que recibió la nota más baja, una F, en su evaluación general de impacto ambiental, junto con las compañías chinas. Greenpeace dijo que Amazon era una de las empresas menos transparentes y no informó de las emisiones de efecto invernadero de sus propias instalaciones.

De las 17 empresas, las firmas Fairphone, con sede en Ámsterdam, y Apple fueron las mejor clasificadas en varios campos.

Greenpeace instó a las empresas a utilizar más energía renovable, en especial cambiando las fuentes de energía en sus cadenas de suministro.

 

En Querétaro

De las 183 toneladas anuales de residuos electrónicos que se producen en el municipio capitalino, se recicla 25 por ciento, más del doble de lo que se recicla a nivel nacional, detalló en su momento Marco Antonio del Prete Tercero, titular de la Secretaría de Desarrollo Sustentable (Sedesu), durante el marco del Reciclatón 2016.

El 40 por ciento se almacenaba en las viviendas queretanas, con el riesgo de que se fugaran materiales que generan contaminación.

El proyecto del Reciclatón en la entidad nació como una propuesta de la iniciativa privada, que en colaboración con la sociedad civil y los Gobiernos estatal y municipal, esperaba acopiar 30 toneladas diarias de residuos electrónicos.

De acuerdo con la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), existen diversos centros de acopios que reciben aparatos viejos: teléfonos móviles en desuso, computadoras inservibles, videocaseteras o televisiones, los cuales además de ocupar un espacio en casa pueden ser nocivos para la salud.

Ello, señala la Profeco, se debe a que contienen sustancias tóxicas y metales pesados como mercurio, cadmio, litio y plomo, los cuales requieren un manejo especial para juntarlos, transportarlo y aprovechar su valor o gestionar su disposición final de manera ambientalmente adecuada y controlada.

El organismo informa, en un artículo de su Revista del Consumidor, que entre las opciones para reciclar la basura electrónica de forma responsable están: Reciclatrón, Punto Verde, Programa Verde Anatel o Ecopoint.

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