Al rescate de los Barrios Mágicos

La recuperación del espacio público impulsa la economía local y permite la permanencia de tradiciones


Axcel Luengas

 

Las ciudades se transforman todos los días. La gente va y viene. Más de 60 personas llegan a la entidad y otras deciden no residir más en Querétaro. Al hablar de la evolución de la ciudad, muchas veces es necesario tocar el tema de la gentrificación, problema –o solución– a la que se enfrentan todas las grandes ciudades en desarrollo, como el caso de la capital del estado.

En términos generales, la gentrificación hace referencia al proceso en que se aumenta el valor de un barrio o colonia. Algunos consideran este hecho como algo positivo, puesto que se revaloriza el costo de algunas zonas de la ciudad. La inversión crece; nuevos negocios, plazas y marcas aparecen, y los niveles de inseguridad disminuyen con el paso de los años.

Ergo, podríamos decir que gentrificar Querétaro es algo bueno si queremos mejorar las condiciones de algunas zonas que han sido catalogadas como inseguras o marginadas, para incrementar la calidad de vida de sus habitantes.

Por otro lado, hay ejemplos que catalogan la gentrificación como algo negativo, pues el alza en los precios de la renta, servicios o alimentos, propicia que las familias originarias de dichos barrios o colonias terminen por desplazarse al no ajustarse económicamente al nuevo ritmo de vida.

Más allá del fenómeno de la gentrificación, es importante comprender que los espacios públicos en la vida urbana son de suma importancia. Son sitios en que los habitantes de una comunidad específica convergen e intercambian miradas e ideas, se conocen y forman lazos de protección entre ellos.

De acuerdo con el Instituto de Energía y Medio Ambiente de Brasil, en Latinoamérica hasta 70 por ciento de los espacios públicos urbanos (que no son de asfalto para el tránsito de vehículos) se encuentra en malas condiciones.

Se sugiere la construcción de comunidades “vibrantes”; ellas son referidas con el término calles completas, que indica que deben ser espacios accesibles, seguros y centrados en las personas para facilitar la interacción urbana.

No obstante, recomienda la remodelación, pintura, iluminación y repavimentación de los espacios que ya están construidos, para fomentar que la población los redescubra y se apropie de ellos.

En la capital del estado, durante el último semestre de 2017 se invirtieron más de 33 millones de pesos para el rescate de ocho parques y jardines de la ciudad; entre ellos, el Parque Álamos, en donde se rehabilita un área de más de 4 mil metros cuadrados.

No obstante, ¿se hacen acciones más específicas? Podemos analizar el caso de tres simbólicos barrios de Querétaro: Santa Rosa Jáuregui, Bolaños y el ancestral barrio de San Francisquito.

 

Bolaños

Ubicada frente a El Campanario, es una de las más exclusivas colonias de la ciudad y hace poco se convirtió en una de las colonias más coloridas de la capital del estado.

En el último semestre del año pasado, el ahora presidente municipal con licencia, Marcos Aguilar Vega, promovió el proyecto de ‘Recuperación de espacios públicos’ dentro de esta colonia.

Se realizaron 35 reuniones con vecinos, a fin de explicarles el programa de reconstrucción integral del tejido social. En estas reuniones participaron sociólogos, psicólogos, autoridades y habitantes de Bolaños. A la iniciativa se sumaron los residentes de mil 200 casas, a decir de Aguilar Vega.

Para recuperar el espacio público se realizaron jornadas de limpieza, la poda de 120 árboles, retiro de maleza en 26 mil metros cuadrados de terreno y se sustituyeron 200 luminarias de alumbrado público; esta última acción se ha efectuado en la mayoría del territorio capitalino.

Se hizo una reunión con grafiteros de la zona, quienes acordaron respetar las fachadas de las mil 200 casas pintadas de colores, a cambio de 40 muros diseñados para su libre expresión. Hasta el momento la estrategia ha funcionado casi a la perfección y las calles de Bolaños se ven limpias en términos generales.

Además, se han instalado y rehabilitado espacios deportivos, como canchas y gimnasios al aire libre. Con estas acciones se pretende que en unos meses se logre la disminución del índice de delincuencia de la zona, que es vecina de la colonia El Campanario.

 

Santa Rosa Jáuregui

Durante muchos años, la delegación Santa Rosa Jáuregui se ha caracterizado por los contrastes. Por un lado, es una de las colonias mejor posicionadas de la capital (Juriquilla); por el otro, uno de los barrios con más alto índice de marginación y delincuencia en Querétaro.

Durante el primer trimestre de 2017 se anunció la inversión de 220 millones de pesos para desarrollar el proyecto de convertir a Santa Rosa Jáuregui en un Pueblo Mágico.

De esta cantidad, alrededor de 130 millones de pesos serían destinados para realizar obras de infraestructura y el capital restante, para diversas comunidades que componen la demarcación. Estos recursos serían dispuestos por el Fondo de Infraestructura Social, y solicitados por el Municipio de Querétaro al Gobierno del estado. Entre los planes se contempló la remodelación del templo y la presa Santa Catarina.

No obstante, en octubre del año pasado se anunció que Santa Rosa Jáuregui no alcanzaría el sueño de convertirse en un Pueblo Mágico, tal que el recurso se destinaría para rectificar el dren El Arenal, obra que estará concluida en próximas semanas.

Indudablemente, el Barrio Mágico de Santa Rosa Jáuregui, que no ha alcanzado la denominación de Pueblo Mágico, comienza a envolverse por la construcción de carreteras importantes, como Paseo de la República, y su remodelación a la altura de Juriquilla; al igual que el crecimiento de los residenciales en esta última colonia, la llegada de plazas comerciales como Antea, y más al centro del barrio de Santa Rosa Jáuregui. También se incluye la aparición de espacios públicos que atraen turismo local y nacional. Tal es el caso del Parque Bicentenario, que contó con una inversión inicial de 555 millones de pesos para habilitar 101 hectáreas.

En el sitio fueron instaladas réplicas en miniatura de zonas representativas de Querétaro, como Los Arcos, además de albercas, toboganes y juegos mecánicos, como una montaña rusa. Este espacio, que tan solo en el pasado período vacacional de Semana Santa recibió a más de 50 mil visitantes, ocupa más de 10 veces el espacio de la Alameda Hidalgo, ubicada en el Centro Histórico de Querétaro, sitio que alberga el Barrio Mágico de San Francisquito, el siguiente en la lista.

 

San Francisquito

Para muchos, San Francisquito es el barrio que vio nacer a Querétaro, y uno en que la dinámica poblacional se ha transformado con mayor rapidez. A decir de los vecinos, “antes el barrio era bonito, con sana convivencia y bailes. Hoy es difícil organizarse porque en las esquinas se juntan los borrachos, los drogadictos y la policía no les hace nada”.

Este es uno de los barrios más emblemáticos de la capital del estado, lleno de tradiciones que luchan por no morir. Ubicado al sur de la avenida Constituyentes, una de las de mayor crecimiento en los últimos años y en la que se han construido importantes desarrollos inmobiliarios y comerciales; al oriente con la avenida Circunvalación, donde la inversión en materia de oficinas y plazas comerciales crece exponencialmente; al poniente con la remodelada Alameda Hidalgo, y al norte con el gentrificado Barrio de la Cruz, que está lleno de nuevos hoteles, restaurantes, antros y establecimientos comerciales de diversos giros.

Sus calles están llenas de folclor queretano, desde carnicerías, verdulerías y talleres mecánicos, hasta pequeñas capillas donde los habitantes se reúnen para agradecer al santo o virgen de su devoción. San Francisquito vio nacer a la mayoría de concheros y danzantes que cada septiembre veneran a la Santa Cruz.

Luego de años de tradición, quedan muchos retos para este barrio. Si bien en meses pasados San Francisquito formó parte de la partida de 98 millones de pesos para el reencarpetado de colonias completas que impulsó el Municipio de Querétaro, los habitantes aún solicitan la implementación de espacios para talleres y clases de arte, música y deportes. Consideran que sería una buena forma de combatir la delincuencia que se hospeda en el lugar.

No obstante, es un barrio cuya cultura y tradición se ha visto amenazada por el desarrollo de la capital; algunos de sus habitantes manifestaron haber recibido propuestas de parte de diversos inversionistas y desarrolladores inmobiliarios, quienes insistían en comprar sus casas, sobre todo aquellas más cercanas a la avenida Zaragoza o Constituyentes, colindando con la recién inaugurada Plaza Latitud La Victoria,que se encuentra sobre lo que algún día fue la icónica embotelladora del mismo nombre. Sin embargo, los habitantes han lanzado una campaña desde hace un año que lleva por título ‘San Francisquito no se vende’.

De acuerdo con la investigadora Stefanía Biondi, San Francisquito es un sitio donde –a la fecha– se conserva una sinergia perfecta entre el patrimonio tangible e intangible de Querétaro; sin embargo, este se ve opacado por la carencia de obras importantes que respondan a las necesidades reales de la población del lugar, así como del sentir de conservación de su identidad, que hace que los habitantes pongan resistencia al fenómeno de gentrificación al que se han expuesto hace años.

La capital del estado, y en general Querétaro, se encuentra ante un gran reto que es acelerado por el crecimiento de la entidad en las últimas décadas: la recuperación de espacios públicos para convertir en ‘mágicos’ esos barrios que han sido ‘discriminados’, a fin de disminuir los niveles de marginación y delincuencia que residan en ellos; claro, sin llegar a la gentrificación de las zonas, que propicien un éxodo de los habitantes originales de Querétaro.

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