2017, el año de la desigualdad

Cada dos días del año pasado nació un nuevo milmillonario, cuya riqueza extrema se erigió sobre el trabajo peligroso y mal remunerado: Oxfam

Octavio Cárdenas 

Carlos Slim es el hombre más rico de América Latina y el sexto a escala mundial. Entre 2016 y 2017, su fortuna aumentó 4 mil 500 millones de dólares, cantidad suficiente para pagar el salario mínimo anual de 3.5 millones de trabajadores mexicanos. Tal riqueza proviene del monopolio en servicios de comunicaciones del país, de acuerdo con el informe ‘Premiar el trabajo, no la riqueza’, de Oxfam Internacional.

Citando datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Oxfam destaca que este monopolio tiene un impacto negativo en los consumidores y en la economía nacional.

“La riqueza de Slim acumulada gracias al monopolio sigue aumentando, al haber diversificado sus inversiones en la economía mexicana”, dicta el documento de la organización inglesa, que revela que, a escala global, la riqueza extrema que concentra uno por ciento de la población se erige sobre el trabajo peligroso y mal remunerado de la mayoría.

En 2017 se produjo el mayor aumento de la historia en el número de personas cuyas fortunas superan los mil millones de dólares, con un nuevo milmillonario cada dos días.

Su fortuna aumentó 762 mil millones de dólares, suficiente para terminar con la pobreza extrema mundial siete veces.

“82 por ciento de la riqueza generada durante el último año fue a parar a manos del uno por ciento más rico, mientras que la riqueza del 50 por ciento más pobre no aumentó lo más mínimo”.

En este tenor, las mujeres ocupan mayoritariamente los empleos más precarios, mientras que prácticamente todos los superricos son varones.

Talento y desventaja

El reporte reconoce que impera la creencia de que los multimillonarios son ejemplo palpable del resultado del talento, el trabajo y la innovación, lo que beneficia a la población en su conjunto.

“Los actuales niveles de desigualdad extrema superan con mucho lo que podría justificarse por el talento, el esfuerzo y el riesgo de innovar. La mayor parte de la desigualdad extrema se debe a herencias, monopolios o relaciones de nepotismo y connivencia con los Gobiernos”, refuta Oxfam.

El reporte resalta que cerca de una tercera parte de la riqueza de los milmillonarios ha sido heredada. En los próximos 20 años, 500 de los hombres más ricos del mundo traspasarán más de 2.4 billones de dólares a sus descendientes, una cantidad superior al PIB de la India, un país con mil 300 millones de habitantes.

Mientras, los monopolios generan beneficios excesivos, a expensas del resto de la economía.

Para ejemplificar el problema con los monopolios, Oxfam utiliza el caso del mexicano Slim.

“El poder del monopolio se agrava por el clientelismo, por la capacidad de los intereses privados de manipular políticas públicas para reforzar los monopolios existentes y crear otros nuevos. Acuerdos de privatización, entrega de recursos naturales por valores irrisorios, corrupción en las compras públicas, exenciones y bonificaciones fiscales, así como vacíos legales en la regulación fiscal, son distintas maneras en que los intereses privados de las personas con influencias se enriquecen a expensas de lo público”.

Oxfam calcula que dos terceras partes de la riqueza de los milmillonarios es producto de herencias, monopolios o relaciones de nepotismo y connivencia.

“Los beneficios económicos están cada vez más concentrados entre quienes más tienen. Mientras, millones de trabajadores en el mundo siguen percibiendo salarios de pobreza, las retribuciones de los accionistas y de los directivos se han disparado”.

En Sudáfrica, por ejemplo, la mitad de los ingresos se concentra en 10 por ciento de la población (más acaudalada), mientras que el 50 más pobre, recibe 12 por ciento de toda la masa salarial.

Con poco más de un día de trabajo, un director general en Estados Unidos gana lo mismo que un trabajador durante todo un año.

Las fortunas de los superricos aumentan aún más gracias a la evasión y elusión fiscal.

“Tal y como se ha destapado con los escándalos de los Papeles de Panamá y los Papeles del Paraíso, gracias a una red mundial de paraísos fiscales, los superricos esconden al fisco al menos 7.6 billones de dólares”.

Una investigación de Gabriel Zucman reveló que el uno por ciento más acaudalado evade unos 200 mil millones de dólares.

Con esto, los países en desarrollo dejan de recaudar unos 170 mil millones en ingresos fiscales.

“Los milmillonarios que costruyeron su fortuna en mercados competitivos, lo hicieron a base de reducir salarios y condiciones laborales, obligando a los países a entrar en una carrera suicida a la baja salarial, derechos laborales y beneficios fiscales”.

En 2016, el grupo Inditex –al que pertenece la cadena Zara–, repartió dividendos por valor de cerca de mil 300 millones de euros al cuarto hombre más rico del mundo, Amancio Ortega. Stefan Persson, hijo del fundador de H&M y quien ocupa el puesto 43 en la lista ‘Forbes’ de las personas más ricas del mundo, recibió 658 millones de euros en concepto de dividendos el año pasado.

Mientras, Anju vive en Bangladesh y trabaja confeccionando ropa para la exportación. Gana poco más de 900 dólares al año.

Para poner fin a la desigualdad, Oxfam recomienda salarios y trabajos dignos.

“La economía del uno por ciento más rico se construye a expensas de trabajos mal pagados, a menudo ocupados por mujeres, que reciben salarios miserables sin que se respeten sus derechos”.

Son personas que, aun trabajando jornadas de 16 horas, viven en la pobreza y sin importar cuánto hagan, no saldrán de ella.

Con trabajo, pero pobres

Cada vez más, tener un trabajo no significa escapar de la pobreza, explica Oxfam.

La Organización Mundial del Trabajo (OIT) estima que, en países emergentes, una de cada tres personas vive con carencias.

43 por ciento de la población joven activa no tiene trabajo o, si tiene, vive en la pobreza.

Más de 500 millones de jóvenes sobreviven con menos de 2 dólares al día y se calcula que, en los países en desarrollo, 260 millones de jóvenes no tienen trabajo, educación ni formación.

Este es el caso de una de cada tres mujeres jóvenes.

Según investigaciones citadas por Oxfam, más de 150 millones de menores realizan trabajo infantil, casi uno de cada 10.

Si bien el valor de lo que producen los trabajadores aumentó significativamente, no representó mejoras salariales ni laborales.

La OIT analizó 133 países, entre 1995 y 2014, y encontró que en 91 naciones el aumento de la productividad no fue acompañado de un incremento salarial.

Sin derechos laborales

En los países en desarrollo, los empleos temporales y precarios son la norma, tendencia que está aumentando también en los países desarrollados.

Los trabajos temporales reciben salarios inferiores y tienen una menor cobertura de protección social.

Otras características de los empleos temporales son los bajos salarios, menos derechos y peor acceso a la protección social.

Generalmente estos trabajos los ocupan mujeres y jóvenes.

Para muchas personas, su trabajo es peligroso y perjudicial para su salud. Según la OIT, más de 2.7 millones de trabajadores mueren cada año por accidentes laborales o enfermedades relacionadas con su empleo, uno cada 11 segundos.

Las mujeres trabajadoras a menudo sufren lesiones, riesgos para su salud y acoso o violencia sexual.

Trabajadoras del sector hotelero entrevistadas por Oxfam en la República Dominicana, Canadá y Tailandia denunciaron situaciones de acoso sexual y abusos por parte de los clientes.

También indicaron tener problemas de salud, debido al uso rutinario de productos químicos de limpieza.

En Bangladesh, muchas mujeres jóvenes que trabajan en las fábricas textiles padecen infecciones urinarias crónicas, porque no se les permite ir al baño.

De manera similar, un estudio de Oxfam sobre las trabajadoras en las fábricas de procesamiento de carne de pollo en Estados Unidos denunciaba que las trabajadoras tienen que usar pañales, ya que no se les permite ir al servicio.

Los sindicatos, tradicionalmente, son el contrapeso al poder de la riqueza, pero el Fondo Monetario Internacional (FMI) señala que, desde 2000, disminuyó la tasa de afiliación. El FMI lo adjudica al aumento de la desigualdad.

Esto se agrava por el aumento de las subcontrataciones y los empleos temporales y a corto plazo, minando los derechos laborales.

De acuerdo con el Índice Global de los Derechos, de la Confederación Sindical Internacional (CSI), el número de países donde se dan casos de violencia física contra las personas trabajadoras aumentó 10 por ciento en tan solo un año.

Se registraron ataques contra sindicalistas en 59 países.

Más de tres cuartas partes de los países niegan a todos o a algunos de sus trabajadores el derecho a la huelga.

Por ejemplo, los empleados inmigrantes en Tailandia, que conforman 10 por ciento de la fuerza laboral del país, no tienen derecho a la huelga.

Los trabajos más precarios predominan en el sector informal de la economía, que por lo general no está regulado.

Las mujeres y los jóvenes son la mayoría de los trabajadores en el sector informal.

Esta situación favorece a algunos de los actores más poderosos de la economía mundial, de acuerdo con Oxfam.

Las grandes empresas pueden reducir enormemente sus costos a partir de subcontratar la producción a empresas más pequeñas que, a su vez, contratan de forma irregular, pagan salarios más bajos y ofrecen trabajos menos seguros, permitiendo a las grandes empresas evitar sus obligaciones en materia laboral y de protección social.

 

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