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Elige el mejor modelo educativo para tus hijos

Sábado, agosto 3, 2013
Elige el mejor modelo educativo para tus hijos

Al seleccionar escuela realiza un ejercicio de análisis para elegir el modelo educativo que deseas para tus hijos

Por diversas razones, decidimos cambiar a nuestros hijos de escuela. Por ello, nos dimos a la tarea de encontrar una nueva. Las premisas para la búsqueda: mixtas, bilingües y laicas.

Luego de revisar y analizar decenas de instituciones para nuestros hijos cercanas a casa -vivimos en el sur- encontramos tres tipos de escuelas: unas centradas en la excelencia, otras orientadas a la felicidad, y las que buscan que los niños sean funcionales. Estas categorías, aclaro, surgen de un análisis de percepciones propias luego de revisar los materiales, asistir a las charlas y hablar con egresados.

Las que tienen como centro la excelencia prometen altos niveles académicos, preparar a nuestros hijos para ser altamente competitivos y, sobre todo, que serán triunfadores, exitosos en el mundo laboral y con una visión internacional. Buscan impactar a los padres a través de llegar a su sentido práctico. Muchas escuelas famosas y caras están aquí.

El problema, desde mi punto de vista, es que pueden ser maquinarias que fabrican frustrados sociales. A los 20 o 30 alumnos que tiene cada grupo le ofrecen lo mismo, pero la excelencia sólo la alcanza uno, es decir, el que obtenga el promedio más alto o sea elegido el presidente o líder del grupo o el que logré el diploma de honor o gane la competencia. El resto se frustra. Absurdo es que un niño con promedio de 9.2, que habla bien inglés a los 11 años, se sienta derrotado. ¿Se imaginan la autoestima que pueden tener los cientos de alumnos que hay en esas instituciones?

Aquellas que tienen como prioridad la felicidad, prometen a los padres que los hijos serán personas integradas, desarrolladas, activas. Claro que también prometen buenos resultados académicos, pero privilegian el cuidado de los sentimientos de los niños. Es un discurso dirigido a las emociones de los padres.

¿Cuál puede ser el problema? la definición de ‘niño feliz’ que usan muchas escuelas se confunde con ‘niño contento’. Si pretendes formar a un niño partiendo del principio de que se divierta siempre, haga lo que le apetece, al final también puedes estar creando un frustrado. No siempre podemos estar contentos, no siempre las cosas salen bien, no siempre logramos lo que queremos. Hay tristeza, muerte, injusticia. ¿Cómo lo van a enfrentar?

El tercer tipo de escuela no se mete en problemas. Sólo promete una buena educación para que los niños funcionen socialmente. Aquí están diversas escuelas tradicionales.

El problema que tienen, en muchas ocasiones, es la falta de métodos pedagógicos que hagan óptimo el tiempo en la escuela. Centradas en técnicas rebasadas, utilizan la memorización, la disciplina rígida y la poca participación. Producen alumnos estables, pero muchos de ellos acríticos y apáticos. La mayoría cumple, pero no propone, no transforma.

A la mitad de nuestra búsqueda decidimos incluir a las escuelas de corte confesional, católicas en particular, y decidimos darle oportunidad también a las escuelas diferenciadas, es decir, no mixtas, que sólo aceptan niños o niñas. Nos llevamos algunas sorpresas.

Muchos de los centros católicos han transitado en los últimos años del modelo funcional-tradicional al de excelencia o de felicidad. La mayoría se están convirtiendo en escuelas mixtas y bilingües, centradas en el éxito.

En resumen, en la mayoría de las escuelas católicas y en las diferenciadas también encontramos los mismos planteamientos anteriores, aunque con algunos matices, pues incluyen en el discurso la formación de valores cristianos.

Pero no todas las escuelas siguen estos tres modelos. Encontramos una escuela que por su discurso nos llamó la atención. La directora no habló a los padres ni de éxito ni de felicidad. Se centró en explicarnos que la escuela intentaba formar personas auténticas, libres, independientes, críticas y autocríticas, con responsabilidad social y visión propia.

El centro de su discurso fue el trabajar para lograr plenitud de vida, la cual incluye diversos aspectos como enfrentar los logros y los fracasos, la diversión y la tristeza.

No encontré otra escuela así, aunque debe haberlas. No es un discurso de moda en la oferta educativa del sur de la ciudad, aunque sí tiene su base en teorías pedagógicas probadas y, por supuesto, es una ética específica que muchos pregonan pero pocos aplican.

Investigamos más y la escuela no restringe el acceso por cuestiones de creencias o situaciones familiares. Aunque les hacen exámenes y pruebas para detectar problemas de aprendizaje, eso no implica rechazo, sino el planteamiento de las terapias necesarias para corregirlos a tiempo.

Finalmente, no quiero decir que esta escuela sea perfecta o que sea para todos. Sólo que su discurso sí nos hizo sentido a mi esposo y a mí.

La reflexión con la que nos quedamos: ¿Queremos que nuestras hijas sean exitosas y felices? Sí, pero no en el sentido que marcan muchas escuelas. Ni al precio emocional y económico que exigen.

No quiero llevar todos los días a mis hijos a una fábrica de posibles frustrados sociales. Quiero que sean auténticas, libres y autocríticas. Sencillas y coherentes. Responsables consigo y con su entorno. Independientes y con visión propia. Fuertes y justas. Que construyan una plenitud de vida en el marco de relaciones incluyentes, donde haya respeto y armonía.

¿Es tarea de la escuela? No exclusivamente, es nuestra tarea como padres, pero si la escuela nos ayuda porque cree en lo mismo, vamos por buen camino.

Muchos de los centros católicos han transitado en los últimos años del modelo funcional-tradicional al de excelencia o de felicidad. La mayoría se están convirtiendo en escuelas mixtas y bilingües, centradas en el éxito.

La reflexión con la que nos quedamos: ¿Queremos que nuestras hijas sean exitosas y felices? Sí, pero no en el sentido que marcan muchas escuelas. Ni al precio emocional y económico que exigen.

Con información de Agencia Reforma

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